Huchicol: ¿Otra guerra fallida?


pemex

La guerra contra el huachicol es necesaria y hasta justa, pero corre el riesgo de ser como la guerra contra el narco, con la que mucha gente estaba de acuerdo pero que para el ciudadano medio no cambió nada, al contrario, empeoró la calidad de su vida.

Para que ello no ocurra tendrían que darse una combinación de las siguientes condiciones: 1) la afectación de desabasto al ciudadano tiene que tener un plazo y cumplirse; 2) debe haber responsables juzgados y encarcelados; 3) tiene que dar lugar al ahorro de recursos federales y transparentarse el uso de esos recursos “ahorrados” sea en una baja de las gasolinas, en programas sociales o en inversiones de seguridad de ductos que necesita pemex; 4) y lo más importante, tiene que valer la pena, lo que significa que en unos meses o un par de años la situación del robo de combustibles  en el país no puede ser de ninguna manera la misma o peor. Otra guerra fallida lastimaría de forma casi irremediable la maltratada autoestima mexicana. ¡Las guerras se desatan para ganarse!

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, 12 de enero de 2019

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México: Del conflicto entre poderes a la “justa medianía”.


Ministros de la SCJN y AMLO

Según los estudiosos de la división de poderes, los más fuertes son el Ejecutivo que controla la espada (el ejército y la policía) y el legislativo que controla la bolsa (el presupuesto). El judicial es de los tres, el poder más débil. Por eso los constituyentes suelen protegerlo mediante mandatos largos o incluso vitalicios (Estados Unidos) y remuneraciones no sujetas a la voluntad de los legisladores de turno. La Constitución de 1917 siguió esas pautas y así lo prevé, pero a su vez también reconoce que ningún funcionario puede devengar un salario mayor al del presidente de la República.

La reducción del salario presidencial, acorde a la realidad de una nación con 60 millones de pobres, impulsó al poder judicial a comportarse de un modo que no suele hacerlo en ninguna latitud y enfrentar al poder ejecutivo y al legislativo. ¡Imagínense, los jueces siempre excesivamente atentos de no confrontar contra un poder concentrado, ahora desafían justamente a esa poderosa coalición! Tarde o temprano concluirá por imponerse la mancuerna formada por el ejecutivo y la mayoría legislativa que incluso tiene a su favor a la propia constitución. Pero ese no es ni remotamente el problema más importante. Lo verdaderamente trascendente es si la solución del conflicto conservará un poder judicial independiente o veremos emerger un poder judicial sumiso al estilo de repúblicas latinoamericanas que no viene al caso mencionar aquí. Si fuera lo segundo, el tren descarrilaría incluso antes de partir, por lo que conviene actuar con estatura de miras y solucionar el problema en su “justa medianía”.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

13 de diciembre de 2018

 

 

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Estados Unidos ¿Democracia? Contexto, motivaciones y consecuencias del Colegio Electoral.


Por Vanessa Haro*

Vanessa Haro

 

Durante mucho tiempo las personas se han cuestionado si el sistema electoral de Estados Unidos puede ser considerado realmente como una democracia o simplemente si el candidato que resulta electo será siempre legítimo, ya que al final de cuentas puede ganar una persona por la que no hayan votado la mayoría de los electores, como en el caso de George Bush en el 2000 cuando resulto electo a pesar de tener hasta 540 000 votos menos que Al Gore, o en el más reciente caso del actual presidente Donald Trump, quien obtuvo la presidencia a pesar de haber tenido aproximadamente 2,8 millones de votos menos que su rival, Hillary Clinton.

Los cuestionamientos acerca de la legitimidad del presidente electo o de si realmente se le puede considerar democracia a este sistema basado en el Colegio Electoral, se ven reflejados en el descontento de una gran parte de la población estadounidense, esto es observable en una encuesta que se llevó acabo por TNS UK durante el 2016, en la cual más del 60% de los estadounidenses encuestados se mostró a favor de cambiar el sistema electoral de Estados Unidos, añadiendo a esto que consideran que no se está respetando la voluntad del pueblo, describiéndolo como obsoleto y antidemocrático.

Sin embargo, para poder catalogarlo como antidemocrático o ilegitimo, primero tenemos que comprender qué se entiende actualmente por democracia, considerando además que hoy en día los regímenes democráticos presentan diversas estructuras y modalidades. Esto nos lleva a que no exista una sola definición de lo que se supone es la democracia, lo cual puede ser considerado como un factor importante en el hecho de que haya tantos regímenes cuestionablemente antidemocráticos y que también a lo largo de la historia se hayan producido tantos regímenes considerados híbridos. A pesar de esto, según Gianfranco Pasquino (2011) en su libro Nuevo Curso de Ciencias Políticas una de las definiciones que resulta valida es la de Joseph Alois Schumpeter en la cual menciona que “el método democrático es esa conformación constitucional para llegar a decisiones políticas, en el cual algunas personas adquieren el poder de decidir mediante la lucha competitiva por el voto popular.” (p.319)

A partir de esta definición puede resultar complejo y confuso el hecho de que los candidatos en Estados Unidos sí compiten por el voto popular, pero suelen centrarse en los estados que les pueden proporcionar más miembros en el Colegio Electoral como Florida u Ohio y que además a pesar de que compiten por el voto de la ciudadanía y hacen campaña en varios estados, este no es el que define quien obtiene la presidencia. Y entonces si existe esa contienda que menciona Schumpeter en su definición, pero la influencia que tiene el voto popular puede no ser determinante.

Es aquí donde además vale la pena añadir que según Pasquino en el mismo texto, el voto democrático debe de tener 6 características principales, las cuales son que tiene que ser universal, libre, igual, secreto, significativo y directo. Es está ultima característica la que nos hace ruido al hablar sobre el sistema electoral de Estados Unidos para la elección del ejecutivo, porque es un sistema de voto indirecto, en el cual contrario a lo que menciona Pasquino, si hay una intermediación a la elección de un candidato, la cual se lleva a cabo por el Colegio Electoral, a pesar de que las otras características si se cumplen.

Además de esto, en el caso de Estados Unidos se han construido diversas barreras de carácter legal al establecer diversos requisitos para que los electores puedan registrarse y entonces votar o en el hecho de que se vota en días y horarios laborales, reduciendo la participación electoral a la mitad de los electores estadounidenses. Es así como podemos observar que no solo el voto popular puede no tomarse en cuenta, sino que además se ve obstaculizado por diversos aspectos estructurales.

Y aunque el principio unificador en este tipo de sistemas que es que la voluntad de la mayoría de los electores se imponga sobre la minoría y que solo esto importe al asignar el poder, parezca violentarse, la realidad es que al final de cuentas triunfa la mayoría de los miembros del Colegio Electoral que votaron por un candidato, sobre la minoría que voto por otro.

A esto podemos añadir que los padres fundadores de Estados Unidos tenían una razón para elegir el Colegio Electoral sobre el voto popular directo y que seguramente para ellos era otro el principio legitimador. El cual según Alexander Hamilton (1788) en el texto El Federalista, puede considerarse como que el cargo de la presidencia difícilmente caería en manos de un hombre que no tenga las cualificaciones o la capacidad que requiere el puesto, suponiendo que los miembros del Colegio Electoral votarían de manera informada y racional.

Esto puede justificarse en el hecho de que algunas veces los ciudadanos votan de manera desinformada o lo hacen por lo que Pasquino conoce como un voto sincero, en el cual básicamente se elige al candidato de su preferencia, sin considerar otros aspectos más allá de si es de su agrado, es decir, sin analizar quien tiene más capacidades para el puesto. Pero para poder comprender mejor la razón de los padres fundadores para establecer este sistema, tenemos que conocer cuál era el contexto de Estados Unidos en ese momento.

Estamos hablando de que los padres fundadores tenían que definir cómo elegir al presidente de una nación que estaba compuesta únicamente por 13 estados, de los cuales algunos eran pequeños y otros grandes y que a su vez luchaban y reclamaban sus propios derechos y poderes. Además de esto, el país solo contaba con aproximadamente 4 millones de habitantes, los cuales estaban apenas conectadas por vías de transporte o medios de comunicación y que a la vez se encontraban bajo la influencia de pensadores británicos que creían que los partidos políticos eran maliciosos y que las personas no deberían de realizar campañas para conseguir un cargo público.

Y entonces con este contexto según lo que menciona William Kimberling (1992) en su texto The Electoral College, analizaron las opciones que tenían, las cuales eran que la elección del presidente se llevará a cabo por el Congreso, por las legislaturas o por el voto popular directo. Sobre el Congreso llegaron a la conclusión de que podrían sucitarse fuertes discusiones y esto dejaría ciertos resentimientos en el mismo, además podría invitar a negociaciones políticas indecorosas, a la corrupción e incluso a la intervención de potencias extranejeras. Por otro lado, descartaron que fueran las legislaturas porque esto podría desequilibrar los poderes, al brindarle más funciones y control al legislativo, además de que también se podría caer en la corrupción.

Finalmente analizaron la posibilidad de que el presidente fuera electo a través del voto popular directo, sin embargo, esto se rechazó ya que temían que los electores votaran sin suficiente información de los candidatos que no fueran de su Estado y entonces la gente votaría únicamente por el candidato de su región, lo cual podría causar que ningún presiente tuviera la mayoría suficiente para gobernar en todo el país o que la elección del presidente siempre la ganarían los miembros de los estados más grandes o poblados.

Y entonces en un contexto como ese, en el que los medios de comunicación, la población y las vías de transportarse eran pocas, era lógico establecer un sistema en el que las personas supuestamente informadas y calificadas, eligieran a alguien que al final de cuentas tiene tanto poder e influencia y que verdaderamente debería de ser alguien calificado para el puesto. Sin embargo, el contexto actual es muy diferente, los medios de comunicación sobran y entonces existe la posibilidad de que la ciudadanía se informe y vote de manera racional, claro está que en muchos casos esto sigue sin ocurrir, pero personalmente creo que esto no justifica el que no se le de la oportunidad al pueblo de elegir a sus representantes.

Finalmente, el principio de la democracia es que la persona que obtenga el poder sea aquella que logra la mayoría del voto popular, lo cual nos permite hablar de la soberanía del pueblo y entonces se vuelve confuso porque dentro del Colegio Electoral si hay una mayoría que decide, pero al final de cuentas esa mayoría puede resultar ser la minoría real si se toma en cuenta a la población estadounidense.

Y entonces según las definiciones de Schumpeter y Pasquino, podríamos decir que el Sistema Electoral de Estados Unidos es una especie disfraz de democracia, que puede dejar mucho que desear en cuanto al respeto a la participación política del pueblo, pero que podría sustentarse en que eligen las personas que supuestamente votarán de manera crítica o racional. Personalmente creo que este sistema podría considerarse un método de control en el cual se le hace creer a los ciudadanos que su voto y lo que quieren importa, se les invita a participar y finalmente los resultados de dicha participación no son más que una especie de sugerencia que los miembros del Colegio Electoral pueden ignorar o atender.

Y aunque si existía un principio legitimador cuando se creó, no podemos pretender que es una democracia en el sentido electoral cuando al final de cuentas la persona que pierde la elección puede ser la que es apoyada por la mayoría de la población. A pesar de esto se puede rescatar que en Estados Unidos se cumplen otras características de la democracia considerando que está va más allá del voto, como la libertad de prensa y de expresión, por lo cual podemos concluir que existe una democracia, que en el sentido electoral es fallida.

* Es alumna del primer semestre de la carrera de Derecho en Iteso y se trata de un análisis presentado en la asignatura Introducción a la Ciencia Política.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

Hamilton, A., Madison, J., & Jay, J. (1788). “El Federalista”, Estados Unidos: Akal.

Pasquino, G. (2011), “Elecciones y Sistemas Electorales”, en Nuevo Curso de Ciencia Política (pp. 131-150). México: FCE.

Pasquino, G. (2011). “Los Regímenes Democráticos”, en Nuevo Curso de Ciencia Política (pp.317-334). México: FCE.

(Noviembre 16, 2016). “Encuesta: 60% de estadounidenses quieren cambiar sistema electoral”, en HispanTv. Recuperado en noviembre 20, 2018, de https://www.hispantv.com/noticias/ee-uu-/313888/cambio-sistema-electoral-colegio-electoral-encuesta

(Diciembre 19, 2016). “El colegio electoral, una institución cuestionada, se prepara para sellar la victoria de Donald Trump”, en El País. Recuperado en 22 noviembre, 2018, de https://elpais.com/internacional/2016/12/18/estados_unidos/1482088299_659938.html

(Enero 26, 2017). “Por qué Hillary Clinton perdió las elecciones en EE.UUU pese a conseguir 2,8 millones de votos más que Donald Trump”, en BBC NEWS. Recuperado en noviembre 20, 2018, de https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-37933771

“Qué es el Colegio Electoral”, en National Archieves. Recuperado en noviembre 22, 2018, de https://www.archives.gov/espanol/colegio-electoral

 

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Wikipolítica y la discusión del partido


 Por Carlos Riggen Castillo*

Introducción

Las elecciones del primero de julio representaron el más duro golpe en la historia de la organización “Wikipolítica Jalisco”. Para el proceso electoral 2017-2018 los miembros de ella decidieron presentar 13 candidaturas, entre ellas 1 fórmula al senado, 3 diputaciones federales y 9 diputaciones locales (Villaseñor, 2017). A pesar de un crecimiento exponencial en simpatías, alegrías y votos durante los últimos tres años no lograron traducir esto en victorias electorales en ninguno de los esfuerzos. El perfil más visible y contendiente al senado de la república, Pedro Kumamoto, logró obtener 761 mil votos, pero fue desplazado por los candidatos de la coalición “Por México al Frente” y “Juntos Haremos Historia”. Kumamoto logró superar a todos los partidos en el mano a mano, pero las coaliciones sepultaron las esperanzas de Pedro de convertirse senador.

Al competir como candidatos independientes, la organización “Wikipolítica Jalisco” no obtuvo espacios plurinominales y se quedó sin representación institucional. De haber competido como partido político, hubieran obtenido, por lo menos, 3 escaños plurinominales en el congreso local, además de múltiples beneficios durante las campañas; competir como independientes fue un reto difícil de superar en una contienda marcada por la desigualdad y la guerra sucia. Estos retos vividos durante el pasado proceso electoral ponen en cuestión la posibilidad de que la Wiki (como se le conoce coloquialmente) se transforme de asociación civil a partido político, una figura que les permitiría competir en el siguiente proceso electoral en condiciones mucho más favorables.

 

Los orígenes de Wikipolítica

Fundada como organización política apartidista en 2013, Wikipolítica Jalisco ha tenido un crecimiento exponencial estos últimos 5 años. Inicialmente tenían el nombre de “Wikipartido” y estaba conformado por algunos estudiantes y académicos de la Ciudad de México que comenzaron a imaginar cuál sería el ideal de un partido político abierto que pudiera transformar el país. Los pocos recursos y redes con las que contaban la organización en sus comienzos complicaron la consolidación del partido, y mientras esto sucedía, se impulsó en el poder legislativo legislativo por otras fuerzas políticas la reforma política de 2012 que abría nuevas vías de participación ciudadana, como las candidaturas independientes. Después de mucho diálogo interno, el Wikipartido decidió que lo que buscaba era la incidencia política que podía tener un partido, mas no el financiamiento que obtenían o replicar sus prácticas, por lo que decidieron buscar alternativas a un partido y entonces comenzaron a transitar hacia Wikipolítica (Wikipolítica Jalisco, 2018).

En 2014, ya consolidada como A.C. decidieron impulsar una candidatura independiente, con el objetivo de demostrar que un candidato a diputado local no debía gastar los millones que se gastan normalmente, que la política puede ser austera y cercana a las personas. Contra todo pronóstico, la campaña de Pedro Kumamoto alcanzó el triunfo con más de 57 mil votos (El Informador, 2015) y se convirtió en el primer diputado independiente en la historia de Jalisco, marcando un hito en la historia política del estado.

 

La Wiki como partido

Tras el triunfo de Kumamoto en la elección intermedia de 2015, muchas personas comenzaron a especular sobre la posibilidad de que la organización podría consolidarse como partido. Finalmente, esto no sucedió y durante dos años Pedro fue diputado local e impulsó varias iniciativas que fueron reconocidas a nivel nacional, la más famosa #SinVotoNoHayDinero (Badillo, 2017), una reforma que buscaba cambiar la forma en que se otorgaban los recursos a los partidos políticos. Esta ley le dio a Kumamoto exposición en medios nacionales y locales, posicionando su figura por todo el país, la Wiki sumó muchas personas y comenzó a reconocerse como una fuerza política seria dentro de Jalisco.

Es interesante analizar a Wikipolítica como una organización política a través de las teorías clásicas de la política; si recurrimos a la definición contemporánea y sintética de los partidos, propuesta por Giovanni Sartori, nos damos cuenta de que Wikipolítica claramente encaja en la descripción; la definición es la siguiente: “un partido es cualquier grupo político identificado con un membrete oficial que se presenta a las elecciones, y es capaz de colocar, a través de elecciones, candidatos a cargos públicos” (Pasquino, 2011). Descomponiendo esta definición y relacionándola con la organización es claro que la Wiki sí es un partido. El membrete oficial es el arbolito que identifica a los candidatos de la Wiki, presentan candidatos que buscan obtener algún cargo de elección popular y ha logrado posicionarlos en algunas ocasiones. Las definiciones clásicas le otorgan a Wikipolítica el estado de partido, desde la teoría política, sí es un partido, mas no en la realidad.

A pesar de que encaje con ciertas definiciones, la organización no se define como partido aún, en primer lugar, porque no han buscado obtener el reconocimiento legal que sólo puede otorgar el Instituto Nacional Electoral (INE) (INE, 2018); y en segunda instancia porque hacia adentro la ellos no han decidido buscar esa vía ya que hasta la fecha no comulgan con las formas de los partidos políticos.

Un partido político le hubiera permitido a la Wiki competir en las pasadas elecciones en una situación mucho más justa, sin todos los obstáculos legales que presentan las candidaturas independientes, permitiéndoles acceder a recursos públicos, sin necesidad de invertir una gran cantidad de fuerza y energía en recaudar fondos, que de todos modos fue insuficiente ya que se quedaron a una octava parte de lo que los partidos hicieron. Un partido también le hubiera permitido a la Wiki generar institución, formalizar el trabajo que de todos modos ya hacen y construir una estructura con la capacidad de competir estatalmente. Por último, un partido también le hubiera permitido a la Wiki no quedarse con las manos vacías el pasado primero de julio, obteniendo por lo menos algunas diputaciones plurinominales.

Más allá de las definiciones legales o teóricas, el partido para Wikipolítica representa una herramienta para recuperar las instituciones, una máquina social diseñada para navegar en las mareas electorales y que le permita a la organización recuperar la paz, la política y el futuro. Si la Wiki ha sido clara en algo en estos últimos años es que está en contra de los partidos corporativistas (entendido como la captación de movimientos sociales para sus propios fines), autoritarios y que son parte del estatismo duro mexicano que ha marcado el horizonte político de la nación desde el “triunfo” de la Revolución Mexicana (háblese de partidos como el PAN, PRI, PVEM, etc).

 

El objetivo de la organización

La Wiki no disputa el poder por el simple hecho de hacerlo, ganar escaños y puestos políticos, la Wiki es una organización que cuida mucho las formas; el fondo y lo que buscan es interesante, pero no se han enfrascado tanto en definirse ideológicamente dentro del espectro tradicional; lo que sí siempre han cuidado son las formas ya que estas son importantes en el ejercicio político y por lo tanto la Wiki es un movimiento que se ha consolidado en las buenas prácticas, como la rendición de cuentas, transparencia, apertura y en general la construcción en colectivo de agendas aprovechando la participación política y activación de voluntarios alrededor del el estado (Pasquino, 2011).

La primera pregunta alrededor de si la Wiki se debe de convertir o no en partido va en torno a si el partido es una herramienta necesaria para alcanzar este objetivo y siempre cuidar las formas, ¿es el partido el medio adecuado para alcanzar estos fines? Recordemos que las condiciones legales para los partidos políticos hoy fueron planteadas desde y para el priismo, atado a sus exigencias y sus formas, y si con algo no comulga la Wiki es con las formas de hacer política del priismo. Hemos analizado algunas ventajas de que la Wiki se convierta en partido, pero entendiendo el objetivo como algo mucho más importante que el financiamiento o la estructura Wikipolítica no se debería de convertir en un partido, por lo menos hasta que las formas para ser un partido cambien.

A partir de este problema identificado inicialmente se comienzan a desprender de 2 problemas principales de consolidar un partido relacionados con el objetivo de la organización:

  1. El sistema electoral (Pasquino, 2011) existente en Jalisco demanda una amplia oferta de candidaturas por temporada electoral, ¿cómo puede una organización que cuenta apenas con 120 asambleístas activos presentar candidaturas en los 125 municipios, 20 distritos y las listas plurinominales en 2021 que cumplan con los estándares Wikis?
  2. La Wiki tiende a moverse en dos canchas (el Estado y la sociedad civil) y esta apertura ha permitido que la organización crezca y sea más integra; ¿como una organización como la Wiki podría convertirse en partido sin renunciar a colaborar de la forma en que lo ha hecho con la segunda cancha y tampoco sin engañar y capitalizar con la cercanía de la sociedad civil?

 

Conclusión

Esta joven organización se encuentra cansada y atrofiada después de un duro golpe en julio de este mismo año. Esto le ha permitido a los miembros cuestionarse sobre estos temas aspirando a resolver los conflictos internos y proyectarse a la larga. Estos problemas son complejos y no se resuelven fácilmente, o por lo menos no se resuelven fácilmente de una forma Wiki. Ellos no esperan ser una organización política más del montón que solamente lucra con la política, sino que genuinamente quieren transformar la política local y nacional. Ante todo, la decisión que tomen los miembros de Wikipolítica deberá estar orientada por sus objetivos y principios por lo que si llegan a decidir convertirse en partido resolviendo estas interrogantes de una forma Wiki podemos esperar grandes cosas y una restauración de lo que representan los partidos políticos en México.

 

*Es alumno del primer semestre de la carrera de Derecho. Se trata del análisis que presentó para su evaluación final en la asignatura de Introducción a la Ciencia Política.

Twitter: @carlosriggen

 

Bibliografía

Aguilar, F. (26 de julio de 2018). El problema del partido. Obtenido de Medium: https://medium.com/@aguilarfar/wikipol%C3%ADtica-el-problema-del-partido-52ad0903909c

Badillo, D. (9 de septiembre de 2017). El Economista. Obtenido de El Economista: https://www.eleconomista.com.mx/politica/En-Mexico-sin-voto-no-hay-dinero-Pedro-Kumamoto-20170909-0010.html

El Informador. (8 de junio de 2015). Kumamoto gana diputación local. El Informador.

INE. (20 de noviembre de 2018). Instituto Nacional Electoral. Obtenido de Instituto Nacional Electoral: https://www.ine.mx/actores-politicos/partidos-politicos-locales/

Pasquino, G. (2011). Nuevo curso de ciencia política. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.

Villaseñor, T. (29 de diciembre de 2017). El Informador. Obtenido de El Informador: https://www.informador.mx/jalisco/Plataforma-Vamos-a-Reemplazarles-arranca-recoleccion-de-firmas-20171229-0074.html

Wikipolítica Jalisco. (26 de noviembre de 2018). Wikipolítica Jalisco. Obtenido de Secretaría Técnica: http://wikijal.mx/historia.html

 

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¿Por qué la izquierda latinoamericana se encuentra en bancarrota?


la izquierda latinoamericana en bancarrota

La izquierda latinoamericana no está intentado buscar las razones por las cuales ha cedido el poder o la credibilidad en un número cada vez mayor de países de la región sencillamente porque las tiene desde mucho antes que llegara la coyuntura adversa.

Según reza el “Manual indeleble del militante”, si la izquierda ha perdido el poder o la credibilidad es debido a la salvaje guerra mediática, a los intereses del capital financiero global, a la conspiración de la derecha retrógrada y neoliberal, a la hostilidad del gobierno de Estados Unidos e incluso también últimamente a un cambio de paradigma o a que carecen de “tanques pensantes” que brinden recetas para enfrentar con éxito las adversidades.

La izquierda se ha sugestionado de tal manera con su propia narrativa que se muestra incapacitada para realizar un ejercicio mínimo de autocrítica.

Sería ingenuo desconocer que las causales con potencia en el relato de la izquierda no constituyen parte del marco general en el que esa fuerza política  actúa, pero la falacia consiste en considerarlas como las razones relevantes del viraje actual. Basta recordar que en 2006 cuando Lula concluía su primer mandato en Brasil, esas causales existían a lo largo y ancho de todo el continente y muy a pesar de ellas, el viento empujaba con fuerza  la popa de la causa izquierdista.

Las causas de mayor peso que explican el retroceso actual apuntan en otra dirección y en mí opinión constituyen una combinación de los siguientes factores:

1.- La izquierda gobernante de 1999 a la fecha, en general, ha tendido a ser hegemónica, a perpetuarse en el poder ejecutivo y controlar desde ese nicho los poderes legislativo, judicial y electoral.

2.- La izquierda gobernante de 1999 a la fecha, en general, ha carecido de una gestión transparente, la corrupción ha constituido una herramienta clave de su estilo de gobierno.

3.- La izquierda gobernante de 1999 a la fecha, ha sido cercana y complaciente con el régimen cubano y ello no sólo significa darle la espalda a millones de isleños que viven sin derechos políticos y civiles de ninguna clase (en general eso no les importa) sino que ha contribuido a  mostrar una doble moral y a lanzar un mensaje ambiguo sobre el verdadero compromiso que tiene esa fuerza con la democracia. Una vez que llegan los tiempos más duros, los votantes fácilmente encuentran razones para desconfiar de las convicciones democráticas de quienes practican esa conducta.

4.- La izquierda gobernante apoyándose en los altos precios de las materias primas lanzó programas de redistribución de la riqueza creada que favorecieron a sectores tradicionalmente marginados, pero a su vez careció de imaginación para diseñar mecanismos que contribuyeran  a la conservación de esas conquistas sin comprometer la dinámica macroeconómica  una vez que los altos ingresos se esfumaron.

A la izquierda que ha perdido la credibilidad y el poder no le interesa las verdaderas razones de fondo, pero  las nuevas generaciones que llegan y que tendrán más temprano que tarde su oportunidad de dirigir los destinos de sus países necesitan cerrar bien determinados temas para no reiterar prácticas y discursos hechos en nombre de la historia, cuando la historia misma decidió correr muy de prisa y en sentido completamente opuesto de quienes la invocan sólo por conveniencia.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, 10 de Octubre de 2018

 

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Cómo y por qué caen los populismos


los líderes

 

Hoy asistimos al seminario de estudios comparados sobre el populismo en América Latina y Europa. La intervención sobre  Latinoamérica se centró en las características comunes de los populismos comandados por Evo Morales, Rafael Correa y Hugo Chávez y la diferencia con el que representa Trump.

Me llamó la atención que el enfoque comparativo entre los populismos locales fue totalmente descriptivo del conjunto de semejanzas y diferencias en diferentes parámetros. El mismo método fue empleado a la hora de cotejarlo con el trumpismo. Mi impresión es que justo el abuso que en ciertos medios académicos se hace de esa forma básica de análisis consistente en sólo identificar similitudes y diferencias conduce a que luego no tengamos siquiera un esbozo de teoría sobre el fenómeno. Y una teoría es justo lo que se necesita para explicar e incluso predecir el origen, las fases y las fuentes de la caída del populismo. Creo que por esa razón, el ponente no pudo contestar correctamente una pregunta surgida del auditorio, referente a cómo caen los populismos. Su respuesta fue que por golpes de estado, pero que como los golpes no eran apoyados por la comunidad internacional,  no sabe cómo caerían los actuales populismos.

Un empleo del método realmente comparado consistente en la comprobación de hipótesis y explicaciones hubiera permitido al ponente  enfrentar de forma más idónea ese tipo de pregunta. El golpe de estado, aunque recurrente es sólo una de las múltiples formas en que pueden ser desplazados los populismos y se encuentran lejos de constituir la razón de ser de su desplazamiento, tema que no fue seriamente abordado.

Le admito que soy un advenedizo en este asunto, pero la situación no impide que perciba que el populismo latinoamericano,  si bien emerge como respuesta a una crisis aguda del sistema de representación donde las viejas elites y partidos tradicionales han perdido toda credibilidad, él mismo es ante todo impulsado por la necesidad y el reclamo de que tenga lugar una redistribución menos leonina de la riqueza que crea la propia sociedad.

El populismo por tanto además de un líder carismático, una visión especial del concepto pueblo, una construcción y destrucción simbólica del enemigo y una ruptura en cuanto a las formas de hacer política entraña, en primer lugar,  una redistribución más equitativa del producto interno bruto que salpique en una medida mucho mayor a los sectores sociales tradicionalmente marginados y también a las nuevas elites políticas que dicen representarlo.

Siendo su razón de ser una mejor redistribución del producto interno bruto su fragilidad comienza a crecer en la medida en que ese ejercicio se vuelve irracional, lo cual acontece una vez que comienza a tomar distancia de las reales posibilidades de producción o de generación de riquezas del país en el contexto económico y geopolítico en que se desenvuelve. Mientras crece la demanda de recursos a redistribuir para satisfacer las necesidades de los sectores sociales que respaldan el proyecto y el desaforado apetito que muestran las nuevas élites por ejecutar su acumulación originaria de capital, crece a su vez también la incapacidad de hacer depender la redistribución de lo que realmente se produce. Y en ello termina incidiendo el encadenamiento perverso de ciertos factores: bajos precios de las exportaciones, despilfarro y corrupción creciente, baja productividad, resistencia de los productores, presiones geopolíticas que elevan los gastos militares y diplomáticos, etc. La angustia populista entonces consiste en que mientras cada vez son mayores las necesidades de redistribuición del producto interno cada vez son menores sus posibilidades de sostener ese ejercicio en términos de racionalidad económica. Una vez que el populismo queda atrapado en ese círculo vicioso comienza a volverse frágil y entonces es más propenso a ser sustituido sea por un golpe militar o incluso palaciego (Ecuador), por un resultado electoral adverso o con la huida de sus líderes hacia “adelante”, esto es, hacia una forma directa de régimen autoritario (Venezuela). Si algunos populismos derivan en autoritarismo es porque por medio de la represión  intentan ocultar que ya tienen poco o casi nada que redistribuir, salvo el miedo y la indigencia.

El populismo llega al poder compulsado por  necesidades legítimas de redistribución, del mismo modo que al régimen que lo reemplaza lo catapultan  necesidades racionales de ajuste de la que resultaran beneficiadas otras élites. Si esta hipótesis es cierta, entonces el mejor antídoto contra el populismo en su versión latinoamericana es atender a tiempo las demandas de redistribución. En aquellas sociedades latinoamericanas donde se da más o menos una redistribución que cuando menos enmascara la naturaleza escandalosamente desigual de la apropiación de la riqueza creada por la sociedad, hay mucho menos espacio para que el populismo se convierta en una alternativa de gobierno real.

Otras formas supuestas y trilladas de ocaso del populismo son la muerte inesperada del líder populista y la intervención militar extranjera directa que interrumpe el proceso. Pero para que realmente puedan ser tomadas en serio como causales habría que analizar el estado de la dinámica redistribución-producción al momento que tienen lugar esos eventos, debido a que el carácter extraordinario tanto de la desaparición física del líder como de la injerencia militar foránea tienden a que pase más o menos desapercibido el verdadero rol que juega ese aspecto. Quiero decir, un populismo que no haya entrado en la fase crítica de la relación redistribución-producción sino que se encuentre en su mejor momento, difícilmente se encuentra amenazado de ser reemplazado por la muerte inesperada de su líder ni tampoco se presta a ser invadido  desde el exterior porque  los costos de la aventura militar serían demasiado altos para el agresor.

En México la dinámica del populismo de López Obrador, una pregunta que se negó a contestar el ponente, no permanecerá ajena a los equilibrios o desequilibrios que su gestión establezca entre la satisfacción de los legítimos reclamos de mayor redistribución y la necesidad de que guarden relación con la capacidad de generación de riquezas de la sociedad mexicana.

Por último, un fenómeno distinto parece ser el populismo europeo debido a que paradójicamente se trata de un movimiento no a favor de la redistribución sino en contra de que a la misma tengan un acceso cada vez mayor, en número y cantidad,  personas provenientes de otros países, especialmente migrantes. Justo como la fuente del proceso integrador proviene de las máximas instituciones europeas, el populismo en el viejo continente es también un movimiento des unificador y nacionalista.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, 28 de septiembre de 2018

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Certezas de la Incertidumbre: “Alejandro Gil Fernández”


Marino-Murilloalejandro

 

Cuando hace unos pocos años Marino Murillo fue designado Ministro de Economía de Cuba, me pregunté si debía publicar los recuerdos que guardo de él  de la época cuando fuimos compañeros de estudios en la Universidad Estatal de Moscú.

La idea de aquel relato era intentar entender cuáles rasgos que yo conocí del estudiante de Economía Política, Marino Murillo, habían contribuido a que años después llegara a ocupar tan alto cargo en el gobierno cubano.

Desistí de la idea imaginando que la mayoría pensaría que el relato no era más que un intento de colgarme de la fama del flamante nuevo ministro. Por otra parte, la verdad es que yo había perdido contacto con Marino desde que retornamos de Moscú y no había sido testigo de su desenvolvimiento en la etapa crucial de su meteórico ascenso hacia los niveles superiores de la burocracia cubana.

Pero esta mañana, cuando me enteré que Alejandro Gil, mi jefe inmediato en Intermar, S.A.,  había sido designado también Ministro de Economía, me di cuenta que ya no tenía excusa para dejar de publicar mis impresiones sobre una persona que conocí durante algunos años desde bastante cerca, teniendo por fondo este relato la misma perspectiva que me había planteado en el escrito que jamás llegué a producir.

Alejandro Gil era Gerente de Cargas de Intermar, S.A., cuando le conocí. En esa época yo era especialista del área comercial de la Agencia, desde donde esperaba pacientemente que fuera aprobada mi solicitud de hacer un Doctorado en España, mediante beca concedida   por  un instituto de colaboración también de ese país.

La aprobación nunca llegó y en el área comercial las posibilidades de ascenso eran escasas. Así que un día en que la jefatura de una división perteneciente a la gerencia de Cargas quedó disponible,  comenté a su Gerente mi interés en desempeñar esa responsabilidad. Alejandro, que probablemente sea una de las personas más inteligentes que yo he conocido, respondió a mi solicitud con un comentario: “yo pensaba que a ti no te interesaba trabajar en Intermar”. Yo era un especialista casi novato en la Agencia que pasaba totalmente desapercibido, pero  el poderoso Gerente de Cargas, que entonces debía contar con unas 300 personas bajo su mando y una cantidad muchas veces superior de agudos problemas por resolver,  al parecer había hecho una lectura precisa del lenguaje corporal de alguien que se desenvolvía en otra área. En mi respuesta no intenté ocultar lo que él había visto: “decidí que mi lugar está aquí en Intermar y quiero ascender”-le dije.

Alejandro no me dio el cargo, en cambio, me designó inspector principal y meses después, cuando mi superior inmediato se ausentó o lo promovieron, me situó como  interino y luego formalmente como Jefe de una División. A partir de allí fue que realmente tuve una interacción creciente con él.

De todos los jefes que tuve laboralmente, Alejandro (así le decíamos) fue con mucho el más inteligente y el de mejor trato personal. Hasta ese momento nunca había tenido un superior más joven  que yo. Alejandro  lo era en cuatro o cinco años más,  pero a su vez era capaz de resolver cualquier problema por complicado que fuera de forma creativa, lúcida y con una sonrisa en su rostro.  ¡Y vaya que se presentaban problemas en la Gerencia de Cargas! Nos entendimos a la perfección. Yo admiraba la profundidad de su razonamiento y la claridad de su discurso, carente de retórica y altamente profesional. Todos los días hacia honor a su reputación de jefe inteligente y afable que se extendía a lo largo y ancho de una agencia que prestaba servicios en todo el país. Todos le queríamos.

Recuerdo que siempre tuve plenamente fe en él y no ocultaba lo atractivo que era trabajar al lado de alguien al que se podía acudir para resolver el asunto más espinoso y que tenía un compromiso total con la agencia. Fueron mis mejores años en Intermar.

Pero claro está era humano. Tenía límites. En esa época en la División soñaban con hacerse con los servicios de Suchel, que estaba en manos de la competencia. Así que coordiné una reunión con los directivos de Suchel e invité a Alejandro para que condujera la negociación. Pero no se pudo. ¡Ni con él nos hicimos en aquel momento de Suchel!

Poco a poco ciertas conversaciones y anécdotas me fueron dando una imagen más precisa. Una única vez me comentó que su temor a trabajar duro y con tanto compromiso era que  no estaba seguro si valdría la pena. Creo que se refería a la posibilidad de que un día Cuba, como habían hecho tiempo antes los países de Europa del Este, tomara una senda capitalista o simplemente el gobierno colapsara. Tengo que decir que en aquel entonces y desde hacía varios años, yo no tenía fe alguna en que el proyecto de sociedad cubano pudiera salir a flote. Pero, jamás hice referencia a ese tema en la agencia ni en ninguna parte. Simplemente no se podía. Era riesgoso e innecesario. En Intermar además, hasta donde yo sabía, jamás se hablaba de política sino de contenedores, trámites de aduanas y  situaciones de la vida cotidiana. En ese sentido, para mí que venía de ser profesional de las Ciencias Sociales representaba un alivio, aunque, también llegó a ser desesperante.

Alejandro se molestaba cuando comprobaba que el trabajo se hacía sin profesionalidad. Un día dijo que no quería “bobitos” en la Gerencia. Provocativamente le dije que Fidel había admitido que en el socialismo cubano había un lugar similar para los menos eficientes o talentosos. La respuesta que me dio fue que estaba bien, pero que no tenían que estar dentro de su gerencia.

Para mí fue un descubrimiento ver la relación que  establecía con su superior, en aquella época, Ricardo Payret, quien  jamás ocultó su absoluta confianza por Alejandro que se quedaba al frente de la Agencia en los viajes que regularmente daba el Gerente General al exterior. Y tenía toda la razón. Alejandro no sólo profesaba una absoluta lealtad a su superior, sino que establecía con él como una especie de relación familiar. El jefe era como alguna vez lo fue nuestro propio padre, no se le cuestionaba y se respetaba a ciegas sus decisiones aunque supiéramos de sus imperfecciones o defectos.

Payret carecía del prestigio técnico que tenía Alejandro, y todo el mundo sabía que una de sus principales “virtudes” era, como me confesó el secretario general del partido alguna vez, ser “amigo de los amigos”. Entre el mérito y la amistad, Payret era más inclinado a favorecer lo segundo. Con diversos gerentes de área era claro que esa había sido la clave de su ascenso. Pero nada de eso influía en la lealtad de Alejandro. Cuando Payret presumía que podía confiarle ciegamente la Agencia y su puesto de Gerente ciertamente estaba en lo cierto.

Con el tiempo, Alejandro y yo llegamos a compartir ciertas intimidades. Una vez  me comentó sus argumentos sobre decisiones trascendentales que debía tomar con urgencia. No recuerdo  si eran personales o con relación a la agencia, pero al final me sorprendió señalando que debía aguardar por la decisión de Payret. Creo que le pregunté que por qué razón teniendo todo el panorama tan claro y correspondiéndole la decisión debía esperar por la visión de Payret. Se quedó callado, pero lo que importa en esta anécdota es que manifiesta  la naturaleza de su subordinación al mando superior, al menos, la que le conocí en aquellos tiempos. Era total y completa, sin disidencias. Algunas veces hasta hacía comentarios que lo  dejaban entrever: “no le voy a andar poniendo los tarros al jefe”, solía decir.

Y no es que la lealtad no forme parte de mis principios. Yo mismo le fui siempre leal, quiero incluso sin disidencia, si esta es erróneamente  entendida como falta de lealtad, lo cual no creo que sea ni remotamente cierto. Pero para mí era fácil pues Alejandro siempre fue un ejemplo de talento, de compromiso y de superior capaz de relacionarse desde una perspectiva humana con los subordinados. En cambio, con Payret, la cosa debía ser más difícil. No así, para Alejandro.

Ahora que me decidí a publicar estos recuerdos puedo decir que lo que ayudó a Marino Murillo a ascender por las estructuras de la burocracia del régimen, al margen de otras habilidades, fue seguramente su don innato para relacionarse y ser aceptado por los demás, más allá de que en la Universidad  formaba parte del  reducido grupo que nosotros rechazábamos por extremistas, a su vez,  lo que creo  permitió a Alejandro realizar ese mismo recorrido, más allá  de su indudable inteligencia y buen trato personal, es el  modo tan especial de subordinarse ante la jerarquía, sin permitirse que ese vínculo se afectara en lo más mínimo por tratarse o no de una autoridad cuestionada.

Dejé de ver a Alejandro cuando el Holding del Ministerio de Finanzas y Precios le encomendó crear una empresa de reaseguro. En un principio sería algo muy pequeño, a lo sumo un gerente general y tres personas.  Aún así me dijo que tenía disponible el área administrativa, pero yo deseaba de él una propuesta para un perfil técnico algo de lo que en realidad  yo mismo carecía debido a que mi preparación era en ciencias sociales. No acepté.

Quiero concluir esta rememoración. El chófer de Alejandro en aquel entonces era una persona tan sencilla como él. Lamentablemente no recuerdo su nombre, pero no sé por qué la imagen que guardo es que cuando estacionaba el auto a un costado de la agencia y mientras le pasaba un paño a los cristales, solía escucharse desde su reproductora a viva voz la alegría que destila la música de Celia Cruz. 

¡Mucha suerte, Alejandro!

Posdata: Se me escapaba la conclusión siguiente que emite una señal sobre el derrotero probable de la economía cubana en los próximos años. Existe una diferencia fundamental entre la formación de Marino Murillo y la de Alejandro Gil, ex ministro y ministro de economía y planificación de Cuba, respectivamente. La del primero, siendo su base retórica, corresponde más a la del comisiario político que le impone restricciones y marcos voluntarista o burocráticos al desarrollo económico. En cambio, la del segundo tiende a  corresponder con la visión del empresario que comprende la compleja dinámica de la producción y el mercado y sabe sacarle el debido provecho.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, 22 de julio de 2018

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

 

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