¿Por qué la izquierda latinoamericana se encuentra en bancarrota?


la izquierda latinoamericana en bancarrota

La izquierda latinoamericana no está intentado buscar las razones por las cuales ha cedido el poder o la credibilidad en un número cada vez mayor de países de la región sencillamente porque las tiene desde mucho antes que llegara la coyuntura adversa.

Según reza el “Manual indeleble del militante”, si la izquierda ha perdido el poder o la credibilidad es debido a la salvaje guerra mediática, a los intereses del capital financiero global, a la conspiración de la derecha retrógrada y neoliberal, a la hostilidad del gobierno de Estados Unidos e incluso también últimamente a un cambio de paradigma o a que carecen de “tanques pensantes” que brinden recetas para enfrentar con éxito las adversidades.

La izquierda se ha sugestionado de tal manera con su propia narrativa que se muestra incapacitada para realizar un ejercicio mínimo de autocrítica.

Sería ingenuo desconocer que las causales con potencia en el relato de la izquierda no constituyen parte del marco general en el que esa fuerza política  actúa, pero la falacia consiste en considerarlas como las razones relevantes del viraje actual. Basta recordar que en 2006 cuando Lula concluía su primer mandato en Brasil, esas causales existían a lo largo y ancho de todo el continente y muy a pesar de ellas, el viento empujaba con fuerza  la popa de la causa izquierdista.

Las causas de mayor peso que explican el retroceso actual apuntan en otra dirección y en mí opinión constituyen una combinación de los siguientes factores:

1.- La izquierda gobernante de 1999 a la fecha, en general, ha tendido a ser hegemónica, a perpetuarse en el poder ejecutivo y controlar desde ese nicho los poderes legislativo, judicial y electoral.

2.- La izquierda gobernante de 1999 a la fecha, en general, ha carecido de una gestión transparente, la corrupción ha constituido una herramienta clave de su estilo de gobierno.

3.- La izquierda gobernante de 1999 a la fecha, ha sido cercana y complaciente con el régimen cubano y ello no sólo significa darle la espalda a millones de isleños que viven sin derechos políticos y civiles de ninguna clase (en general eso no les importa) sino que ha contribuido a  mostrar una doble moral y a lanzar un mensaje ambiguo sobre el verdadero compromiso que tiene esa fuerza con la democracia. Una vez que llegan los tiempos más duros, los votantes fácilmente encuentran razones para desconfiar de las convicciones democráticas de quienes practican esa conducta.

4.- La izquierda gobernante apoyándose en los altos precios de las materias primas lanzó programas de redistribución de la riqueza creada que favorecieron a sectores tradicionalmente marginados, pero a su vez careció de imaginación para diseñar mecanismos que contribuyeran  a la conservación de esas conquistas sin comprometer la dinámica macroeconómica  una vez que los altos ingresos se esfumaron.

A la izquierda que ha perdido la credibilidad y el poder no le interesa las verdaderas razones de fondo, pero  las nuevas generaciones que llegan y que tendrán más temprano que tarde su oportunidad de dirigir los destinos de sus países necesitan cerrar bien determinados temas para no reiterar prácticas y discursos hechos en nombre de la historia, cuando la historia misma decidió correr muy de prisa y en sentido completamente opuesto de quienes la invocan sólo por conveniencia.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, 10 de Octubre de 2018

 

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Cómo y por qué caen los populismos


los líderes

 

Hoy asistimos al seminario de estudios comparados sobre el populismo en América Latina y Europa. La intervención sobre  Latinoamérica se centró en las características comunes de los populismos comandados por Evo Morales, Rafael Correa y Hugo Chávez y la diferencia con el que representa Trump.

Me llamó la atención que el enfoque comparativo entre los populismos locales fue totalmente descriptivo del conjunto de semejanzas y diferencias en diferentes parámetros. El mismo método fue empleado a la hora de cotejarlo con el trumpismo. Mi impresión es que justo el abuso que en ciertos medios académicos se hace de esa forma básica de análisis consistente en sólo identificar similitudes y diferencias conduce a que luego no tengamos siquiera un esbozo de teoría sobre el fenómeno. Y una teoría es justo lo que se necesita para explicar e incluso predecir el origen, las fases y las fuentes de la caída del populismo. Creo que por esa razón, el ponente no pudo contestar correctamente una pregunta surgida del auditorio, referente a cómo caen los populismos. Su respuesta fue que por golpes de estado, pero que como los golpes no eran apoyados por la comunidad internacional,  no sabe cómo caerían los actuales populismos.

Un empleo del método realmente comparado consistente en la comprobación de hipótesis y explicaciones hubiera permitido al ponente  enfrentar de forma más idónea ese tipo de pregunta. El golpe de estado, aunque recurrente es sólo una de las múltiples formas en que pueden ser desplazados los populismos y se encuentran lejos de constituir la razón de ser de su desplazamiento, tema que no fue seriamente abordado.

Le admito que soy un advenedizo en este asunto, pero la situación no impide que perciba que el populismo latinoamericano,  si bien emerge como respuesta a una crisis aguda del sistema de representación donde las viejas elites y partidos tradicionales han perdido toda credibilidad, él mismo es ante todo impulsado por la necesidad y el reclamo de que tenga lugar una redistribución menos leonina de la riqueza que crea la propia sociedad.

El populismo por tanto además de un líder carismático, una visión especial del concepto pueblo, una construcción y destrucción simbólica del enemigo y una ruptura en cuanto a las formas de hacer política entraña, en primer lugar,  una redistribución más equitativa del producto interno bruto que salpique en una medida mucho mayor a los sectores sociales tradicionalmente marginados y también a las nuevas elites políticas que dicen representarlo.

Siendo su razón de ser una mejor redistribución del producto interno bruto su fragilidad comienza a crecer en la medida en que ese ejercicio se vuelve irracional, lo cual acontece una vez que comienza a tomar distancia de las reales posibilidades de producción o de generación de riquezas del país en el contexto económico y geopolítico en que se desenvuelve. Mientras crece la demanda de recursos a redistribuir para satisfacer las necesidades de los sectores sociales que respaldan el proyecto y el desaforado apetito que muestran las nuevas élites por ejecutar su acumulación originaria de capital, crece a su vez también la incapacidad de hacer depender la redistribución de lo que realmente se produce. Y en ello termina incidiendo el encadenamiento perverso de ciertos factores: bajos precios de las exportaciones, despilfarro y corrupción creciente, baja productividad, resistencia de los productores, presiones geopolíticas que elevan los gastos militares y diplomáticos, etc. La angustia populista entonces consiste en que mientras cada vez son mayores las necesidades de redistribuición del producto interno cada vez son menores sus posibilidades de sostener ese ejercicio en términos de racionalidad económica. Una vez que el populismo queda atrapado en ese círculo vicioso comienza a volverse frágil y entonces es más propenso a ser sustituido sea por un golpe militar o incluso palaciego (Ecuador), por un resultado electoral adverso o con la huida de sus líderes hacia “adelante”, esto es, hacia una forma directa de régimen autoritario (Venezuela). Si algunos populismos derivan en autoritarismo es porque por medio de la represión  intentan ocultar que ya tienen poco o casi nada que redistribuir, salvo el miedo y la indigencia.

El populismo llega al poder compulsado por  necesidades legítimas de redistribución, del mismo modo que al régimen que lo reemplaza lo catapultan  necesidades racionales de ajuste de la que resultaran beneficiadas otras élites. Si esta hipótesis es cierta, entonces el mejor antídoto contra el populismo en su versión latinoamericana es atender a tiempo las demandas de redistribución. En aquellas sociedades latinoamericanas donde se da más o menos una redistribución que cuando menos enmascara la naturaleza escandalosamente desigual de la apropiación de la riqueza creada por la sociedad, hay mucho menos espacio para que el populismo se convierta en una alternativa de gobierno real.

Otras formas supuestas y trilladas de ocaso del populismo son la muerte inesperada del líder populista y la intervención militar extranjera directa que interrumpe el proceso. Pero para que realmente puedan ser tomadas en serio como causales habría que analizar el estado de la dinámica redistribución-producción al momento que tienen lugar esos eventos, debido a que el carácter extraordinario tanto de la desaparición física del líder como de la injerencia militar foránea tienden a que pase más o menos desapercibido el verdadero rol que juega ese aspecto. Quiero decir, un populismo que no haya entrado en la fase crítica de la relación redistribución-producción sino que se encuentre en su mejor momento, difícilmente se encuentra amenazado de ser reemplazado por la muerte inesperada de su líder ni tampoco se presta a ser invadido  desde el exterior porque  los costos de la aventura militar serían demasiado altos para el agresor.

En México la dinámica del populismo de López Obrador, una pregunta que se negó a contestar el ponente, no permanecerá ajena a los equilibrios o desequilibrios que su gestión establezca entre la satisfacción de los legítimos reclamos de mayor redistribución y la necesidad de que guarden relación con la capacidad de generación de riquezas de la sociedad mexicana.

Por último, un fenómeno distinto parece ser el populismo europeo debido a que paradójicamente se trata de un movimiento no a favor de la redistribución sino en contra de que a la misma tengan un acceso cada vez mayor, en número y cantidad,  personas provenientes de otros países, especialmente migrantes. Justo como la fuente del proceso integrador proviene de las máximas instituciones europeas, el populismo en el viejo continente es también un movimiento des unificador y nacionalista.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, 28 de septiembre de 2018

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Certezas de la Incertidumbre: “Alejandro Gil Fernández”


Marino-Murilloalejandro

 

Cuando hace unos pocos años Marino Murillo fue designado Ministro de Economía de Cuba, me pregunté si debía publicar los recuerdos que guardo de él  de la época cuando fuimos compañeros de estudios en la Universidad Estatal de Moscú.

La idea de aquel relato era intentar entender cuáles rasgos que yo conocí del estudiante de Economía Política, Marino Murillo, habían contribuido a que años después llegara a ocupar tan alto cargo en el gobierno cubano.

Desistí de la idea imaginando que la mayoría pensaría que el relato no era más que un intento de colgarme de la fama del flamante nuevo ministro. Por otra parte, la verdad es que yo había perdido contacto con Marino desde que retornamos de Moscú y no había sido testigo de su desenvolvimiento en la etapa crucial de su meteórico ascenso hacia los niveles superiores de la burocracia cubana.

Pero esta mañana, cuando me enteré que Alejandro Gil, mi jefe inmediato en Intermar, S.A.,  había sido designado también Ministro de Economía, me di cuenta que ya no tenía excusa para dejar de publicar mis impresiones sobre una persona que conocí durante algunos años desde bastante cerca, teniendo por fondo este relato la misma perspectiva que me había planteado en el escrito que jamás llegué a producir.

Alejandro Gil era Gerente de Cargas de Intermar, S.A., cuando le conocí. En esa época yo era especialista del área comercial de la Agencia, desde donde esperaba pacientemente que fuera aprobada mi solicitud de hacer un Doctorado en España, mediante beca concedida   por  un instituto de colaboración también de ese país.

La aprobación nunca llegó y en el área comercial las posibilidades de ascenso eran escasas. Así que un día en que la jefatura de una división perteneciente a la gerencia de Cargas quedó disponible,  comenté a su Gerente mi interés en desempeñar esa responsabilidad. Alejandro, que probablemente sea una de las personas más inteligentes que yo he conocido, respondió a mi solicitud con un comentario: “yo pensaba que a ti no te interesaba trabajar en Intermar”. Yo era un especialista casi novato en la Agencia que pasaba totalmente desapercibido, pero  el poderoso Gerente de Cargas, que entonces debía contar con unas 300 personas bajo su mando y una cantidad muchas veces superior de agudos problemas por resolver,  al parecer había hecho una lectura precisa del lenguaje corporal de alguien que se desenvolvía en otra área. En mi respuesta no intenté ocultar lo que él había visto: “decidí que mi lugar está aquí en Intermar y quiero ascender”-le dije.

Alejandro no me dio el cargo, en cambio, me designó inspector principal y meses después, cuando mi superior inmediato se ausentó o lo promovieron, me situó como  interino y luego formalmente como Jefe de una División. A partir de allí fue que realmente tuve una interacción creciente con él.

De todos los jefes que tuve laboralmente, Alejandro (así le decíamos) fue con mucho el más inteligente y el de mejor trato personal. Hasta ese momento nunca había tenido un superior más joven  que yo. Alejandro  lo era en cuatro o cinco años más,  pero a su vez era capaz de resolver cualquier problema por complicado que fuera de forma creativa, lúcida y con una sonrisa en su rostro.  ¡Y vaya que se presentaban problemas en la Gerencia de Cargas! Nos entendimos a la perfección. Yo admiraba la profundidad de su razonamiento y la claridad de su discurso, carente de retórica y altamente profesional. Todos los días hacia honor a su reputación de jefe inteligente y afable que se extendía a lo largo y ancho de una agencia que prestaba servicios en todo el país. Todos le queríamos.

Recuerdo que siempre tuve plenamente fe en él y no ocultaba lo atractivo que era trabajar al lado de alguien al que se podía acudir para resolver el asunto más espinoso y que tenía un compromiso total con la agencia. Fueron mis mejores años en Intermar.

Pero claro está era humano. Tenía límites. En esa época en la División soñaban con hacerse con los servicios de Suchel, que estaba en manos de la competencia. Así que coordiné una reunión con los directivos de Suchel e invité a Alejandro para que condujera la negociación. Pero no se pudo. ¡Ni con él nos hicimos en aquel momento de Suchel!

Poco a poco ciertas conversaciones y anécdotas me fueron dando una imagen más precisa. Una única vez me comentó que su temor a trabajar duro y con tanto compromiso era que  no estaba seguro si valdría la pena. Creo que se refería a la posibilidad de que un día Cuba, como habían hecho tiempo antes los países de Europa del Este, tomara una senda capitalista o simplemente el gobierno colapsara. Tengo que decir que en aquel entonces y desde hacía varios años, yo no tenía fe alguna en que el proyecto de sociedad cubano pudiera salir a flote. Pero, jamás hice referencia a ese tema en la agencia ni en ninguna parte. Simplemente no se podía. Era riesgoso e innecesario. En Intermar además, hasta donde yo sabía, jamás se hablaba de política sino de contenedores, trámites de aduanas y  situaciones de la vida cotidiana. En ese sentido, para mí que venía de ser profesional de las Ciencias Sociales representaba un alivio, aunque, también llegó a ser desesperante.

Alejandro se molestaba cuando comprobaba que el trabajo se hacía sin profesionalidad. Un día dijo que no quería “bobitos” en la Gerencia. Provocativamente le dije que Fidel había admitido que en el socialismo cubano había un lugar similar para los menos eficientes o talentosos. La respuesta que me dio fue que estaba bien, pero que no tenían que estar dentro de su gerencia.

Para mí fue un descubrimiento ver la relación que  establecía con su superior, en aquella época, Ricardo Payret, quien  jamás ocultó su absoluta confianza por Alejandro que se quedaba al frente de la Agencia en los viajes que regularmente daba el Gerente General al exterior. Y tenía toda la razón. Alejandro no sólo profesaba una absoluta lealtad a su superior, sino que establecía con él como una especie de relación familiar. El jefe era como alguna vez lo fue nuestro propio padre, no se le cuestionaba y se respetaba a ciegas sus decisiones aunque supiéramos de sus imperfecciones o defectos.

Payret carecía del prestigio técnico que tenía Alejandro, y todo el mundo sabía que una de sus principales “virtudes” era, como me confesó el secretario general del partido alguna vez, ser “amigo de los amigos”. Entre el mérito y la amistad, Payret era más inclinado a favorecer lo segundo. Con diversos gerentes de área era claro que esa había sido la clave de su ascenso. Pero nada de eso influía en la lealtad de Alejandro. Cuando Payret presumía que podía confiarle ciegamente la Agencia y su puesto de Gerente ciertamente estaba en lo cierto.

Con el tiempo, Alejandro y yo llegamos a compartir ciertas intimidades. Una vez  me comentó sus argumentos sobre decisiones trascendentales que debía tomar con urgencia. No recuerdo  si eran personales o con relación a la agencia, pero al final me sorprendió señalando que debía aguardar por la decisión de Payret. Creo que le pregunté que por qué razón teniendo todo el panorama tan claro y correspondiéndole la decisión debía esperar por la visión de Payret. Se quedó callado, pero lo que importa en esta anécdota es que manifiesta  la naturaleza de su subordinación al mando superior, al menos, la que le conocí en aquellos tiempos. Era total y completa, sin disidencias. Algunas veces hasta hacía comentarios que lo  dejaban entrever: “no le voy a andar poniendo los tarros al jefe”, solía decir.

Y no es que la lealtad no forme parte de mis principios. Yo mismo le fui siempre leal, quiero incluso sin disidencia, si esta es erróneamente  entendida como falta de lealtad, lo cual no creo que sea ni remotamente cierto. Pero para mí era fácil pues Alejandro siempre fue un ejemplo de talento, de compromiso y de superior capaz de relacionarse desde una perspectiva humana con los subordinados. En cambio, con Payret, la cosa debía ser más difícil. No así, para Alejandro.

Ahora que me decidí a publicar estos recuerdos puedo decir que lo que ayudó a Marino Murillo a ascender por las estructuras de la burocracia del régimen, al margen de otras habilidades, fue seguramente su don innato para relacionarse y ser aceptado por los demás, más allá de que en la Universidad  formaba parte del  reducido grupo que nosotros rechazábamos por extremistas, a su vez,  lo que creo  permitió a Alejandro realizar ese mismo recorrido, más allá  de su indudable inteligencia y buen trato personal, es el  modo tan especial de subordinarse ante la jerarquía, sin permitirse que ese vínculo se afectara en lo más mínimo por tratarse o no de una autoridad cuestionada.

Dejé de ver a Alejandro cuando el Holding del Ministerio de Finanzas y Precios le encomendó crear una empresa de reaseguro. En un principio sería algo muy pequeño, a lo sumo un gerente general y tres personas.  Aún así me dijo que tenía disponible el área administrativa, pero yo deseaba de él una propuesta para un perfil técnico algo de lo que en realidad  yo mismo carecía debido a que mi preparación era en ciencias sociales. No acepté.

Quiero concluir esta rememoración. El chófer de Alejandro en aquel entonces era una persona tan sencilla como él. Lamentablemente no recuerdo su nombre, pero no sé por qué la imagen que guardo es que cuando estacionaba el auto a un costado de la agencia y mientras le pasaba un paño a los cristales, solía escucharse desde su reproductora a viva voz la alegría que destila la música de Celia Cruz. 

¡Mucha suerte, Alejandro!

Posdata: Se me escapaba la conclusión siguiente que emite una señal sobre el derrotero probable de la economía cubana en los próximos años. Existe una diferencia fundamental entre la formación de Marino Murillo y la de Alejandro Gil, ex ministro y ministro de economía y planificación de Cuba, respectivamente. La del primero, siendo su base retórica, corresponde más a la del comisiario político que le impone restricciones y marcos voluntarista o burocráticos al desarrollo económico. En cambio, la del segundo tiende a  corresponder con la visión del empresario que comprende la compleja dinámica de la producción y el mercado y sabe sacarle el debido provecho.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, 22 de julio de 2018

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

 

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Certezas de la Incertidumbre: “El Acertijo del Desafío Autoritario en el Nuevo Desorden Mundial”


Ortega y Murillo

Siguiendo cómo se desarrollan los acontecimientos en Nicaragua desde donde llegan noticias de que  el régimen logró apagar por la fuerza las protestas en su mismo epicentro, observo el siguiente patrón:

Los regímenes autoritarios de la región han logrado sofocar la rebelión sin necesidad de la intervención del ejército, precisamente porque ese ha sido su propósito primigenio, que las fuerzas armadas no participen directamente en la sofocación de esos brotes de resistencia.

Las fuerzas armadas cuyo origen se encuentra asociado con la expectativa de un cambio social más o menos profundo, como lo representó en su momento la revolución sandinista dirigida contra el dictador Anastasio Somoza, es proclive a sentir mayores escrúpulos si enfrenta la disyuntiva de tener que salir a reprimir en las calles a la población que decidió lanzarse a protestar contra la deriva autoritaria de un régimen. Podría muy bien negarse a cumplir esa misión en caso de que le fuera encomendada o de verse obligados a  realizarla no estaría  exenta de correr el riesgo de  fomentar una división entre sus mandos y tropas. Todo eso a pesar de que  los principales jefes castrenses están fuertemente vigilados por la policía política capaz de detectar con agilidad pláticas, reuniones y aproximaciones entre los oficiales superiores que puedan conducir a que un sector del ejército se  insubordine contra las directrices del liderazgo político del régimen.

Para evitar ese escenario, el patrón que muestran los regímenes de manifiesta deriva autoritaria ha sido la creación de grupos paramilitares, personas de origen cuestionable pero leales al status quo fuertemente armados, que no responden legalmente por sus excesos y que disponiendo de una licencia de corso para reprimir siembran el terror entre la población encareciendo decididamente  la perspectiva de arriesgarse a movilizarse activamente.

La estrategia  es acompañada al mismo tiempo de acciones encaminadas a dividir a los opositores moderados. Ante ese escenario la oposición no ha encontrado en el corto y mediano plazo una respuesta que le permita siquiera aproximarse a un escenario interno de correlación de fuerzas más o menos favorable a sus propósitos. Sin embargo, la conjunción de los siguientes factores  podría contribuir en esa dirección:

  • Con independencia de que el ejército se mantenga al margen no debe existir dudas en responsabilizarlo por una situación que si quisiera podría evitar y en la que adopta una postura de lavarse las manos. Los militares son culpables de la situación, justamente porque no hacen nada por impedirla. Esa debe ser la lectura y el mensaje que se repita incesamente calle por calle y casa por casa.
  • La oposición tiene que mantenerse unida en cualquier escenario por complejo que sea lo que ha resultado tanto o más difícil como que el propio ejército interceda a favor de los que protestan.
  • La oposición en algún momento debe hacer una fuerte autocrítica de sus propios excesos cuando en el pasado reciente constituyó fuerza gubernamental a nivel nacional y terminó traicionando las expectativas. No hay que olvidar que el retorno de Daniel Ortega al poder fue fruto del acuerdo con el expresidente liberal de derecha y profundamente corrupto Arnoldo Alemán (Véase en el archivo de este blog los artículos del 3 y 4 de noviembre de 2011 “Arnoldo Alemán y Daniel Ortega”, “Daniel Ortega y Arnoldo Alemán”
  • La oposición debe Insistir en el aislamiento internacional del régimen.

 

No obstante, ciertas condiciones geopolíticas actuales no favorecen el aislamiento internacional. El liderazgo político estadounidense que encabeza el mandatario Donald Trump, seguramente cuenta legítimamente con un rechazo igual o superior al de cualquier dictador local, lo que convierte en endeble cualquier propósito de aislamiento en el que el presidente de Estados Unidos juegue un papel protagónico.

El poder de China y Rusia dentro del ajedrez global, ambos estados autoritarios, va en crecimiento. El primero como consecuencia de su potencial económico, el segundo como resultado de sus acciones de desestabilización de las democracias occidentales empleando el ciberespacio y de las dificultades manifestadas por el mismo Trump para lidiar con la personalidad de Vladimir Putin. Crece también el poderío geopolítico de ambos, en la medida que se incrementan  las tensiones dentro de la alianza noratlántica por los desencuentros regulares que el mandatario de Estados Unidos tiene con sus aliados.  

Por otra parte el ascenso al poder en Europa del este, Turquía y Asia de líderes nacionalistas con inclinación autoritaria crea la sensación de que vivimos un renacer o relegitimación de esa forma de llevar las riendas de la sociedad.

No son noticias buenas. El desafío autoritario mutó y ha vuelto a constituirse en un acertijo.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, 20 de julio de 2018

 

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Certezas de la Incertidumbre: “¿Qué pasa cuando los presidentes pierden las consultas populares que convocan?”


Por Daniel Guadalupe Hernández Rivera (Coordinador),  Guadalupe Lizbeth Zuñiga Sánchez, María Fernanda García Briones, José Carlos Gutiérrez López y  Manuel Vanegas García

 

Guadalupe Lizbeth Zuñiga SánchezMaría Fernanda García BrionesManuel Vanegas GarcíaJosé Carlos Gutierrez LópezDaniel Guadalupe Hernández Rivera

 

La consulta popular está en el centro del discurso de recomposición de la élite política que vive México. La consulta popular, puede constituir una herramienta de profundización democrática gracias a que posibilita escuchar directamente la voz y la voluntad del soberano (ciudadanos) en lugar de que la clase política siempre  tome las decisiones trascendentales invocando sólo su nombre.

Generalmente, en América Latina, suelen ser los presidentes los que ponen en movimiento el mecanismo de la consulta popular, buscando demostrar que sus propósitos tienen suficiente  respaldo por parte de la sociedad y, por consiguiente, son legítimas.

Pero, ¿qué pasa con las consultas populares que son convocadas por los presidentes cuando sus resultados no son favorables a las expectativas y propósitos del Ejecutivo? En esos casos, ¿la voluntad popular  se suele también respetar o simplemente se termina por ignorar?

Nuestra hipótesis de partida en la investigación comparada que realizamos fue que cuando los resultados de las consultas populares (referéndums, plebiscito o propiamente consultas), convocadas por el poder ejecutivo en los sistemas presidenciales latinoamericanos, contradicen las expectativas del convocante (mandatario de turno) a la larga su naturaleza vinculante es desconocida y la voluntad popular ignorada por medio de mecanismos legislativos que legalizan las visiones del ejecutivo.

Para comprobar o descartar la hipótesis de trabajo se seleccionaron de manera aleatoria nueve países latinoamericanos identificándose todas las consultas populares convocadas por los presidentes desde el año 2000 a la fecha.

Los países seleccionados fueron: Costa Rica, Argentina, Colombia, Bolivia, Paraguay, Venezuela, Ecuador, Brasil y Panamá.

Del año 2000 a la fecha en esos países se celebraron un total de 18 consultas populares convocadas por los ejecutivos la mayoría con temáticas no coincidentes.

De esas 18 consultas, un total de 13 fueron favorables al ejecutivo, es decir, en el 72% de los casos las consultas confirmaron los propósitos y expectativas de los mandatarios convocantes.

El resultado de cinco consultas, en cambio, fue desfavorable al propósito de los mandatarios de turno.

Esas consultas con resultados desfavorables a los presidentes de turno tuvieron lugar en:

  1. Colombia, 25 de Octubre de 2003 con el presidente, Álvaro Uribe.
  2. Colombia, 2 de Octubre de 2016 con el presidente,  Juan Manuel Santos.
  3. Venezuela, 2 de diciembre de 2007 con el presidente Hugo Chávez.
  4. Bolivia, 21 de febrero de 2016, con el presidente Evo Morales.
  5. Brasil, 24 de Octubre de 2005, con el presidente Lula da Silva.

 

A continuación exponemos brevemente los motivos de cada una de esas consultas y la suerte que corrió la voluntad popular una vez que no respaldó los propósitos de sus mandatarios de turno.

Colombia 2003:

  • El referendo fue propuesto por el Presidente en turno Álvaro Uribe. El referendo proponía 15 Reformas Constitucionales. Para ser aprobadas, el 25% del padrón electoral debe votar a favor de cada una para que su resultado sea válido.
  • Sólo 1 reforma lo consiguió
  • Tras el duro golpe en 2003, para el siguiente año el Congreso terminó aprobando la mayoría de las otras reformas.

 

Colombia 2016:

El plebiscito para el Acuerdo de Paz en Colombia se realizó con la finalidad de consultar si los ciudadanos colombianos apoyan o no la terminación del conflicto entre las FARC y el Gobierno, con lo que se buscaba la paz.

A pesar de ganar el NO, el Presidente Juan Manuel Santos decidió no respetar el resultado. El 12 de noviembre de 2016 el Presidente Santos y el líder de las FARC Rodrigo Londoño, firmaron un nuevo acuerdo. El nuevo acuerdo adjunto nuevas reglas y áreas de restricción de libertad para los condenados de las FARC.

Venezuela 2007:

  • La propuesta de reforma del Presidente Hugo Chávez comprendía distintos aspectos de la organización política del país, pero el centro de interés estaba en la propuesta de reelección indefinida del titular del poder ejecutivo
  • A pesar del resultado, Hugo Chávez no aceptó el resultado señalando que había sido su error asumir que Venezuela tenía la madurez política para apoyar su visión del socialismo.

 

Brasil 2005:

 

  • La ciudadanía opto por la no prohibición al comercio de armas con alrededor del 64% de votos en contra, la consulta popular fue promovida por el presidente Luiz Ignácio Lula da Silva quien se pronunciaba a favor de la iniciativa respaldado en el Estatuto del Desarme publicado un año antes
  • Sin embargo, no fue hasta el 2015 durante la administración de Dilma Rousseff cuando en el Congreso Brasileño, por iniciativa legislativa, se convoca a la Comisión Especial para encargarse de la derogación del Estatuto del Desarme (Ley 10.826/03) y permitir la venta legal de armas a mayores de 21 años.

Bolivia 2016:

  • Pierde el referendo para una nueva reelección.
  • El actual presidente de Bolivia, por los resultados del referéndum del 21 de febrero de 2016, no podía habilitar su candidatura a las elecciones de 2019, pero un fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP), el 28 de noviembre de 2017, reconoció la reelección indefinidacomo un derecho humano, habilitándolo como aspirante a la Presidencia.

 

Conclusiones de la investigación:

 Los mandatarios latinoamericanos suelen ganar las consultas populares que convocan, pero cuando ello no sucede no muestran voluntad alguna  en respetar la voluntad popular y en esa conducta no incide su procedencia de derecha o izquierda. Desde ambos extremos del continuum ideológico el comportamiento coincide, la voluntad popular se ignora. Así por ejemplo, en la relación de gobernantes de turno que dieron la espalda a la voluntad popular figuran por igual, Uribe y Santos (derecha), Chávez y Evo (izquierda). Entonces el eje que condiciona esos comportamientos antidemocráticos no es izquierda-derecha, sino clase política-ciudadanos, una dicotomía de la que los primeros son siempre actores plenamente conscientes y que los segundos, en cambio, tienden más a sublimar.  

Para ignorar la voluntad popular expresada en una consulta los mandatarios no se valen de un solo mecanismo, como hacía alusión la hipótesis de partida, que por cierto fue confirmada casi en su totalidad, sino que tienen a su alcance un grupo de herramientas institucionales y echan mano de aquella que en la situación concreta le facilite cumplir con mejores visos de legitimidad la extorsión de la voluntad popular. Así Uribe y Santos se apoyaron en el Congreso, Chávez en los poderes presidenciales y Evo Morales en la benevolencia de  magistrados de la Suprema Corte (Poder Judicial) que en su momento fueron nombrados por el propio poder ejecutivo y el partido gubernamental (MAS) que desde hace años tiene hegemonía en el Congreso boliviano.

Los resultados de la investigación evidencian que la lucha por el derecho a la consulta popular es importante en la medida que los ciudadanos concienticen que ella va de la mano también del reclamo del respeto irrestricto a los resultados que de ella emanen y del conocimiento de que los mandatarios de turno convocantes son los primeros en darle la espalda cuando la voluntad popular no va en la dirección de sus expectativas y propósitos.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, 17 de julio de 2018

 

Guadalupe Lizbeth Zuñiga Sánchez

Estudiante de la Licenciatura de Estudios Políticos y Gobierno.

Participante en el coloquio de “Ética Pública” organizado por la Universidad de Guadalajara y del Congreso de Ciencia Política organizado por la AMECIP. Co-autora del ensayo filosófico “El indígena como ser” para  el certamen de “Igualdad y no discriminación”, organizado por la catedra UNESCO.

 

María Fernanda García Briones

Estudiante de la Licenciatura Estudios Políticos y Gobierno.

Prestadora de servicio como asesora legislativa en el Congreso de Jalisco. Colaboradora en el proyecto de investigación CEREBRO sobre coordinación de campañas políticas. Asistente de tesis doctoral sobre “La ontología del derecho”.

 

José Carlos Gutiérrez López

Estudiante de la Licenciatura Estudios Políticos y Gobierno.

Representante de casilla durante el proceso electoral en México 2015- 2018.

 

Manuel Vanegas García

Estudiante de la Licenciatura Estudios Políticos y Gobierno.

Miembro del comité organizador de los juegos panamericano y para panamericanos 2011. Prestador de servicio social en Editorial CUCSH. Integrante del proyecto de investigación CEREBRO dirigida por editorial CUCSH.

 

Daniel Guadalupe Hernández Rivera

Estudiante de la Licenciatura Estudios Políticos y Gobierno.

Asistente de investigación en el Observatorio Electoral de la Universidad de Guadalajara. Co – autor del ensayo filosófico “El indígena como ser” para  el certamen de “Igualdad y no discriminación”, organizado por la cátedra UNESCO.

 

 

 

 

 

 

 

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Certezas de la Incertidumbre: ” 3 de 3″


3 de 3

 

Tres hipótesis presidieron el pronóstico del resultado electoral de los comicios de 2018 en México realizado el pasado 4 de marzo en  “¿Quién va a ganar la elección presidencial en México? La evaporación del voto útil y la solidificación del voto castigo”.

¿Cómo nos fue con ellas?

Primera hipótesis: La popularidad del mandatario Enrique Peña Nieto hacía improbable una victoria del partido de gobierno.

Segunda hipótesis: El partido de gobierno (PRI) no sólo no ganaría la elección sino que quedaría relegado de las primeras dos posiciones de los comicios.

Tercera hipótesis: Cuando el partido de gobierno se encuentra descartado el votante elige como alternativa a la fuerza política con resultados de gestión en el pasado (a nivel nacional) y de no existir tal, entonces se vuelca a respaldar a  aquella fuerza que no fuera responsable ni corresponsable de la situación que vive el país.

Comprobaciones:

1.- Al igual que en el caso de la elección presidencial de 2017 en Chile, el pronóstico electoral sustentado en nuestra variable líder, popularidad presidencial, fue acertado.

2.-Simultáneamente se cumple que el partido gubernamental (PRI), pese a su apariencia de poder electoral casi omnímodo tras la sombra, debido a su estructura nacional, recursos logísticos y mediáticos, influencia sobre la autoridad electoral, mañas, plumas a sueldo, aparente disposición de imponerse incluso hasta por las “malas” e incluso reciente éxito electoral en un estado clave (Edo. México), en realidad estaba descartado de la lucha por la victoria en los comicios presidenciales, es decir, esta vez ni ganaría ni llegaría en segundo lugar, como consecuencia de su desastroso desempeño reflejado en la popularidad del gobierno. El raquítico 15% de votos obtenido por el candidato José Antonio Meadde confirma que las reales posibilidades del partido gubernamental fueron siempre nulas.

3.-Por último, parece confirmarse a su vez que, cuando el partido gubernamental está descartado de la posibilidad de ser fuerza política protagonista en unos comicios dados, los votantes  centran su atención en la alternativa que presente credenciales de buen gobierno, como acaba de ocurrir en los comicios presidenciales de Colombia con el triunfo del Uribismo y  su candidato Duque.  Pero en caso  de no existir una alternativa con esas características, especialmente si la decisión se toma desde el dominio de las pérdidas, entonces la  fuerza política que resulta favorecida por las preferencias será aquella que no haya tenido responsabilidad directa o indirecta con los malos desempeños gubernamentales anteriores. Así ocurrió en Perú 2016, con la elección de Kucinsky, en Guatemala 2017, con la victoria de Jimmy Morales y en México 2018.

 

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, 16 de julio de 2018

 

 

 

 

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Certezas de la Incertidumbre: “Carta abierta a AMLO”.


AMLO

Estimado Presidente electo de México:

No medité mucho en escribir estas breves líneas, porque intuyo que jamás le llegarán, tampoco estoy seguro que la experiencia de  analizar procesos políticos sea una credencial suficientemente válida. Pero quizás algunas cosas, muy pequeñas, de las que estoy por sugerir, puedan terminar por ser de utilidad.

La situación del país es grave, pero comprométase con pocos objetivos e intente, por favor, cumplirlos. Bastaría con que fueran seguridad, corrupción y pobreza. No haga como Lula que se comprometió sólo con eliminar el hambre y la corrupción rampante terminó por barrerlo. Tampoco como Chávez, que intentó cambiarlo todo y para eso se necesita más de una vida.

No muestre obsesión con su tasa de aprobación, pero no le quite nunca el ojo de encima.

Usted ganó con aliados, gobierne con ellos.

Pase lo que pasé no trate de extender su permanencia en el poder. Eso sí, prepare su sucesor desde le primer día.

No introduzca mecanismos que faciliten su eventual salida extemporánea del poder. Considérese lo que realmente es, una administración de transición. Ese tipo de mecanismos deben introducirse gradualmente hacia el final de su mandato. No se ponga la soga al cuello.

No polarice y evite las provocaciones que le llegarán simultáneamente desde sus aliados de izquierda y desde sus adversarios de derecha.

Tome todas las precauciones imaginables para que lo mejor de su legado no sea fácilmente desmantelado una vez que abandone la presidencia.

Mantenga como hasta ahora una sana distancia con los mandatarios foráneos que se entronizaron en el poder. Querrán darse un baño de legitimidad con usted.

Ha sido un placer, le deseo un inmejorable mandato, México lo necesita.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, 3 de julio de 2018

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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