“El Libertador tiene quien le escriba”


No son pocas las ocasiones en que los líderes latinoamericanos se reúnen a tratar temas regionales y cuando las agendas de la OEA, la Cumbre de las Américas, la Cumbre Iberoamericana, el Grupo de Río y UNASUR coinciden, el resultado es un costoso maratón protocolar con escasos acuerdos trascendentes.

Lo curioso es que constituyendo una comunidad geográfica, histórica y cultural, ninguna de esas organizaciones garantiza que latinoamericanos y caribeños tengan la oportunidad de reunirse al más alto nivel para dar tratamiento a sus expectativas y diferencias.

Los diferentes conclaves los encuentra subdivididos regionalmente o ante la presencia de actores extracontinentales que jugando un papel protagónico complican la interlocución entre nosotros mismos.

Hay al menos dos formas de asumir la idea de la nueva organización: Los que la ven como un intento de excluir o confrontar a Norteamérica, y los que la sienten como una instancia imprescindible de concertación verdaderamente regional hasta ahora inédita. Los primeros son los enemigos solapados de la integración. Existen desde hace doscientos años y no comulgan con la idea de que los latinoamericanos podamos tener un proyecto propio sin perjuicio o tutela de terceros.

Aún sin ellos el camino de la nueva integración es complicado. Nuestras semejanzas son en la diferencia. Tenemos pluralidad de visiones sobre la democracia, de formas de relacionarnos con los actores extracontinentales y hasta enconos bilaterales. La integración abre un espacio íntimo de interlocución plural, de forma que no promueva distanciamiento y ralentización.

El gran desafío inicial será la formulación de los estatutos. Tendrán que dar cabida a las diferencias y a los acuerdos vinculantes, desestimulando las pretensiones de convertir la organización en instrumento de estrechos horizontes ideológicos o en una corporación protocolar.

El lugar elegido para darle vida no es el idóneo. No reina allí la suficiente madurez y sabiduría que exigen los desafíos del liderazgo continental. Se corre el riesgo de que la organización nazca polarizada por las enfermedades infantiles del extremismo y la nordomanía.

En 1815  Bolívar veía con escepticismo la posibilidad de crear una imprescindible unión regional. Se alzaban insuperables obstáculos. “La América está encontrada entre sí”, escribió. Tenía razón, pero aún así se lanzó a luchar por ella. Ese es el gesto que hay que recatar de la reunión de Cancún. ¡El Libertador tiene quien le escriba!

Febrero 23, 2010

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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