Colombia: “A Dios le pido”


Una vez que en Londres se ha definido qué partido encabezará el nuevo gobierno, la atención político-electoral la captará Colombia donde  versiones no ajustadas del sistema presidencialista estarían gestando a uno de sus “demonios”.

Se ha argumentado la inconveniencia de realizar comicios  no simultáneos. Pero algunos países de la región continúan optando por un ciclo electoral con potenciales secuelas.

Colombia estaría muy próxima de ser el nuevo capítulo de una saga. El pasado 14 de marzo las elecciones legislativas arrojaron un fortalecimiento del Uribismo en las cámaras de diputados y senadores. Los que insisten en desentenderse de ciertas dinámicas perniciosas, confiaban en que el siguiente paso sería que las elecciones presidenciales respaldaran la clara señal que emitieron las legislativas, elevando a Presidente al candidato oficialista José Manuel Santos.

A 20 días de los comicios encabeza las encuestas con una tendencia alcista Antanas Mockus, candidato del Partido Verde, organización que en la contienda legislativa  alcanzó a ganar 3 escaños en diputados y 5 en senadores. Si la segunda vuelta de las presidenciales fuera hoy, Mockus ganaría con ventaja de siete puntos.

¿Qué repercusión tendría una victoria de Mockus?

El escenario sería el de un Presidente electo con amplio respaldo popular pero que contaría con escasos apoyos partidarios en el Congreso. Una promesa de conflictos y parálisis en las la relación ejecutivo-legislativo.

El arribo de Antanas a Casa Nariño desplazaría el índice de complejidad institucional (ICI)  de Colombia de 51 puntos (alto) a 64 (muy alto) casi el más elevado de un país de la región. Su gobierno estaría gestionando tras las líneas enemigas, a un paso de ser aspirado por el agujero negro de la ingobernabilidad.

Los poderes constitucionales del Presidente de Colombia son comparativamente más amplios que los del resto de sus colegas latinoamericanos. Pero sin los debidos apoyos partidarios es más factible que contribuyan a exacerbar la confrontación con el Congreso. Antecedentes regionales tienden a resaltar que cuando los presidentes asumen en soledad o con apoyos partidarios exiguos son más factibles los conflictos entre poderes, que luego de penoso pugilato suelen concluir con la renuncia o destitución del ejecutivo o la disolución del Congreso (Brasil 1992, Perú 1992, Bolivia 2005).

Con un ciclo electoral compacto el efecto de arrastre habría tendido a producir un único e indiscutido ganador para el ejecutivo y el legislativo, una condición básica para la gobernabilidad. Al menos esa es la materia prima de la estabilidad democrática más allá del continente americano. Tanto el sistema parlamentario como el semi-presidencial parten de la premisa de que para gobernar eficazmente es necesario un claro respaldo mayoritario en las cámaras, cualquier otra variable entraña un desgaste innecesario para el régimen y la sociedad.

La franja entre elecciones ha propiciado que en el imaginario de importantes sectores de votantes gane fuerza la idea temeraria de que  resultaría idóneo para Colombia  una repartición de los poderes fundamentales entre el Uribismo y Antanas Mockus que los obligue a un dialogo permanente. Un cálculo peligrosamente quimérico. En la práctica, los uribistas estarían más preocupados por conservar los espacios de poder acumulados tras 8 años exitosos de gestión que en compartirlos con un advenedizo cuyas visiones sobre las  prioridades de Colombia no comparten.

Entretanto el giro de los acontecimientos es seguido con lupa desde Caracas y Quito. Calculan que con Mockus podría alcanzar a distenderse una relación bilateral tensa. Se frota las manos también el Presidente dominicano Leonel Fernández, encomendado por la región para limar las asperezas en la relación colombo-venezolana. Fernández sabe que es más factible cosechar manzanos en las cálidas arenas de Punta Cana que lograr una  tregua entre  Chávez y  Santos.

Mientras, en el Departamento de Estado, a estas horas están completando a toda marcha el perfil de Antanas Mockus, el filósofo y matemático de origen lituano que una vez se bajó los pantalones ante sus alumnos, el profesor que ha sido a su vez alcalde exitoso de Bogotá, el hombre que gusta de regalar flores a sus adversarios y cuyas reacciones impredecibles dejan un sentimiento de distensión entre sus votantes.

No sorprendería que si consiguen tabular semejantes rasgos decidan que lo más sensato es dejar todo a la voluntad del Señor.

Maestro Orestes E. Díaz Rguez

UDG

Mayo 7, 2010

http://www.informador.com.mx/internacional/2010/203423/6/a-dios-le-pido.htm

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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