Wikileaks: La Nueva Era (breve versión de Guerra sin frentes)


Julián Assange fue arrestado en Londres. El motivo es no usar condón.  El secretario de defensa de EE.UU declaró sentirse complacido. Un indicio de quién va ganando esta guerra.

El discurso en la ceremonia de entrega del Premio Nobel 2009  debió servir de aviso.  El “nuevo comienzo” no era exactamente el esperado. El Monarca blandió la retórica de alcanzar la paz demoliendo al adversario.  Una cosa es hablar antes de ceñirse la corona.  Un país con intereses de toda índole  en cada región del planeta siempre está listo  a arriar la bandera de palomas y olivos y empuñar el hacha. Mientras se esforzaba en sellar el  “Conflicto del Desierto”,   la “Guerra Vieja” se agudizaba y en el horizonte se vislumbran dos nuevas contiendas.

Entonces llegaron las filtraciones. Se abrió un  escenario insospechado.  Las viseras  al desnudo provocan aversión y ridículo. El imperio arremetió contra el filtrador.

Lo desconcertante son las potencialidades del “hostil”.  Intentaron desactivar su “bunker” y respondió creando setenta sitios espejos y abriendo  frentes en doscientos portales.  No posee divisiones, pero  el teatro de operaciones  facilita multiplicar sus fuerzas hasta lo inimaginable.    

Los mejores cerebros del imperio son incapaces de bloquear las maniobras.  De nada sirven  la flota y ojivas nucleares de Su Majestad. Pura chatarra.  ¡Esta  perdiendo la guerra!

Lo peor son los diagnósticos. No hay forma  de blindar  los almacenes de  información confidencial. El estado mayor no puede confirmar que Einstein II y III, los programas contra la presencia de intrusos, tuvieran una sofistificación tecnológica inalcanzable por futuro hostiles.

La duda más profunda no es de naturaleza tecnológica. ¿Cómo podría garantizarse que desde adentro de la gigantesca organización un nuevo disidente no encausara la información sensible hacia el exterior?  

En la imposibilidad práctica de proteger un volumen de información descomunal radica las perspectivas de la victoria “hostil”. Detener y silenciar al “cabecilla” es un juego de niños  como  demostró Scotland Yard.  Sellar por completo el flujo de futuras filtraciones, una utopía. Las reglas del juego están por cambiar. Es cuestión de tiempo.

Involuntariamente el reinado de su Majestad coincide con un advenimiento. El propio Rey lo intuye.  En su sede en el “viejo mundo”, los líderes de Trasparencia Internacional piensan exactamente lo mismo.

Mtro. Orestes E. Díaz Rodríguez, UDG

8 de diciembre

www.orestesenrique.wordpress.com

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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