Cristina y Dilma


Cristina Fernández no asistió a la toma de posesión de su colega brasileña Dilma Rousseff. No podía saber entonces que la ausencia originaría más recompensas que pérdidas.  Llegarían en el momento  apropiado. Una semana antes Wikileaks filtró un cable desconsolador. Los ex presidentes chilenos Michelle Bachelet y Eduardo Frei no ahorraban “elogios” al referirse a Argentina como país sin credibilidad, donde se destruía por el día lo que la naturaleza creaba por las noches. No hubo tiempo para reponerse, el Departamento de Estado anunció que en su primer periplo latinoamericano, Barack Obama no se inclinaría por degustar el vacío y la empanada argentina, sino el curranto y la fechuada.  

En eso la flamante Presidenta de Brasil  anunció su primer viaje al exterior. “Obama no nos quiere pero Dilma sí” reflejó de inmediato en su titular un diario bonaerense. Una percepción apresurada cuya virtud fue revelar el alcance del suceso. Había suspenso en círculos allegados a Cristina. Nada se sabía acerca de la “química” que pudiera haber entre las dos mandatarias. Fernández es sensual, glamurosa y emocional. Rousseff tiende  a ser dura discreta y centrada.

El encuentro fue un éxito. Hay cosas en común más importantes, son representantes de países vecinos, socios comerciales y ante todo, mujeres obligadas a desenvolverse en un medio dominado por códigos masculinos. Brasil además necesita un socio para multiplicar su peso en el escenario global. No puede ser el distante Chile,  la conflictiva Colombia,  la controversial Venezuela o la atrasada Bolivia. Hay mucho por hacer en conjunto. El petróleo, la energía nuclear, la logística del mundial de futbol y las Olimpiadas. Si Cristina no tuviera aún decidido su futuro político, la visita de Dilma trajo vientos fuertes en una dirección.

Un mes es poco tiempo para aquilatar a un mandatario. Los principales retos, Dilma aún no los enfrenta. Tendrá que liderar una coalición de diez partidos, rescatar de la condición de miserables a 15 millones de compatriotas, no perder a las clases medias y  garantizar un  crecimiento no sólo económico. Algunos la llaman “el piloto automático” de Lula. Un error.  Una ex guerrillera que venció al cáncer lo único que necesita para guiar a Brasil es ser ella misma. Eso fue lo que impresionó a Lula. También a Cristina. Dilma es Dilma.

Mtro. Orestes E. Díaz Rodríguez, UDG

http://www.informador.com.mx/internacional/2011/268152/6/nuevo-congreso-en-brasil-da-amplio-respaldo-a-rousseff.htm

febrero 1, 2011

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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Una respuesta a Cristina y Dilma

  1. Alanna García dijo:

    Me pareció muy interesante este artículo y concuerdo con usted en la cuestión planteada sobre los retos que tienen la mandataria de Brasil y Argentina.
    Definitivamente en base al desenvolvimiento de dichas mandatarias en esa región, lo cual generara una nueva configuración geopolítica en América Latina.

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