Raúl Castro: “Todo bajo control”


Raúl trabaja bien. Cuando era el Jefe del Segundo Frente, en medio de la lucha contra Fulgencio Batista, aquella zona funcionaba como un Estado dentro de otro Estado. Hasta el Comandante Huber Matos, que no era precisamente su amigo lo reconoció.

Luego convirtió a las Fuerzas Armadas en la institución militar más sólida de América Latina, con capacidad de operar  en escenarios  como la  desconocida Angola, a miles de kilómetros de sus fuentes logísticas y de sus mandos principales. También las dirigió  hacia la conquista de un campo extendido más allá de los muros de los cuarteles, los  enclaves económicos  del país y las estructuras  del poderoso Ministerio del Interior.   

Organización,  mando único, perfil bajo, espíritu de cuerpo, espionaje, contabilidad, castigos y recompensas, forman parte de un estilo que  rinde frutos. La conducta  campechana que exhibe en espacios públicos,  esconde a un artesano del liderazgo. Cuántos de los que lo vieron perder el hilo del discurso  de forma lastimosa la noche en que desde una tribuna informaba de los excesos del General Arnaldo Ochoa, sospecharon de sus inagotables recursos. Su escasa aptitud para el discurso, ha sido  su mejor camuflaje durante años.

Cuando Fidel enfermó, llegó el momento del General de hacer valer sus condiciones.  Se deshizo de los principales  colaboradores del comandante y desmanteló  el trabajo voluntario, las marchas gigantescas periódicas, “la batalla de ideas”, la guerra contra los cuentapropistas y campesinos privados y hasta la consigna de Patria o Muerte. 

Logró  exportar con éxito a centenares de presos políticos que perjudicaban las relaciones internacionales de la isla. Pero lo más significativo fue  hacerse traspasar la plenitud del poder político,   inducir  a su  hermano a llevar un perfil bajo y conservar erguida una estructura que tiende a desplomarse.

Parecía que Raúl, una vez más, tenía todo bajo control. Hasta que murió el General Casas, ministro de las Fuerzas Armadas, recordándole que la muerte  acecha al grupo de cabello escaso y blanco que lo rodea,  con un efecto desmoralizador y de denuncia. ¿Por qué el instinto de Raúl lo lleva a ir  contra el sentido común, alejando  del primer escalón de mando a  una nueva generación de líderes?

La muerte, lo deja al desnudo e impotente. Único “detalle” que no puede controlar.

Orestes E. Díaz Rodríguez

Septiembre 6, 2011

http://www.informador.com.mx/internacional/2011/320973/6/con-fotos-muestran-buena-salud-de-fidel.htm

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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