México: ¿Quién va a ganar la elección del 1 de Julio?


Si un partido realizó con antelación los deberes imprescindibles, no necesariamente para merecer, pero si para ganar la presidencia del país en 2012, fue el otrora partido hegemónico. Ganó ampliamente las elecciones parlamentarias de 2009 y se adjudicó la casi totalidad de las gubernaturas puestas en disputa. La enorme cuota de poder resultante es la verdadera fuerza que catapulta el favoritismo de su candidato.

Seis años antes, sin embargo, vivía una situación angustiosa, absorbido por el agujero negro que generaron vicios reiterados hasta el agotamiento durante décadas.

¿Cómo fue posible la recuperación?

En primer lugar, debido al creciente desencanto de parte de la población con los gobiernos que encabezaron la alternancia. Se podrá alegar la inexistencia de ese desgaste amparándose en que el Ejecutivo federal  cuenta con un nivel de aprobación cercano en ocasiones a los sesenta puntos. La realidad es que esos niveles de aprobación no se vieron jamás refrendados en situaciones decisivas. No sólo en cuanto a las elecciones parlamentarias y estatales,  tampoco fueron determinantes en las elecciones internas entre candidatos oficialistas donde el delfín del Presidente fue relegado, y en los niveles de apoyo exhibidos por la candidata definitiva del oficialismo, a quien le está costando alejarse resueltamente del tercer lugar de las preferencias. Si quedaran dudas, habría que recordar que el oficialismo no pudo siquiera lograr que la hermana del Ejecutivo se impusiera en las elecciones a Gobernador en el Estado natal de ambos.

En segmentos claves del votante se ha producido un cambio de orientación. Lo curioso es que ese proceso no se desencadenó últimamente, sino que data del lejano 2006. La causa de que el oficialismo pudiera ganar las pasadas elecciones contra todo pronóstico, se debió más a los errores del liderazgo de la fuerza política favorecida entonces por las preferencias, que a méritos propios. Desdeñar el debate institucional, ignorar al referente histórico de mayor peso dentro de sus propias filas y apostar por el lenguaje de barricadas, fallas en las que incurrió el favorito de entonces, facilitaron a un oficialismo disminuido con relación a las expectativas que despertó en el 2000, amarrar un resultado inimaginable y gozar de un período adicional de mandato.

La segunda razón del ascenso es la escasa opción electoral que encuentra el votante en el actual sistema. Desencantado con los beneficios intangibles que le reportó el “partido del cambio” y desconfiando de las convicciones institucionales de la fuerza política que pudo emerger ganadora en 2006, la salida por la que opta es dar una nueva oportunidad a la organización que castigó duramente en el 2000 y 2006. La decisión contiene una fuerte dosis ilusoria, pero explica por qué la candidatura de los ex hegemónicos no se ha visto mellada sensiblemente por eventos que debieron afectarla. El votante hace oídos sordos. ¿A cambio de qué? De la esperanza de retorno de la tranquilidad social que siente escamoteada y de una mayor redistribución del ingreso. La suerte parece echada.

Pero he aquí que en la recta final del añorado retorno se ha interpuesto una inesperada agitación juvenil con tendencia a inclinarse ¡nada menos! que hacia los inesperados perdedores de 2006. A estos últimos les costó aprender la lección de entonces, su nuevo paradigma es la república nerudiana. Dejaron de apostar por la camorra y ahora predican entre poemas, tolerancia y suspiros. En otras latitudes, Brasil (2002), Nicaragua (2006) y Perú (2011) la metamorfosis hacia la moderación dio resultado. El peligro es la que mientras más avanzan y se acentúan los ataques, más difícil se torna, por lo menos para su líder, mantener un discurso lejano del resentimiento y la utopía. Pero ojo, no existen muchas otras fuerzas con capacidad de ejercer una atracción mayor en los espíritus jóvenes.

La pregunta es si el movimiento juvenil es capaz de lograr un descarrilamiento de la trayectoria que se vislumbra para el proceso electoral de 2012, del mismo modo involuntario que en 2006 lo consiguieron los errores del partido que hoy apuesta por la ternura. La respuesta es la siguiente. La decisión final de la elección se centra entre ex hegemónicos y ex camorristas con inclinación hacia los primeros. La condición de que los segundos puedan sorprender e imponerse dependerá de que las encuestas de opinión no reflejen un cambio sustancial en la orientación del votante manteniendo vivas las esperanzas de las tres fuerzas.  El viraje, si llegara a concretarse, deberá manifestarse estrictamente ante las urnas el 1 de Julio. De lo contrario los “abanderados del cambio” no dudaran un minuto en abortar la tendencia apoyando con sus votos el retorno de las mismas fuerzas a las que un día le arrebataron el poder.

Orestes E. Díaz Rodríguez

Junio 11, 2012

 

 

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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2 respuestas a México: ¿Quién va a ganar la elección del 1 de Julio?

  1. CESAR RODRIGUEZ MACABE dijo:

    Orestes, interesante tu análisis solo que discrepo en algunas partes. Es normal que el partido del ejecutivo federal no repita las elecciones, las razones sobran, pero quiza la más fuerte sea el tema de la inseguridad. Desafortunadamente la responsabilidad de la seguridad a nivel de percepción de la comunidad, está en el gobierno federal. La gente ignora o quiere ignorar que la mayor carga de complicidades y tolerancias con las diferentes formas de delincuencia está a nivel municipal y estatal; estos saben pedir dinero, pero listos para lavarse las manos cuando se trata de asumir responsabilidades. La gente solo dice “el gobierno”; allí aparece la cara de Felipe Calderón.
    No es una tragedia griega que el PAN pierda las elecciones, el PRI perdió muy mal en el 2006 y ahora aparece encabezando las encuestas. La señora Bachelet en Chile, perdió frente a un candidato de derecha y ahora se ve que pueda regresar, al menos su partido. Solo en Brasil el Partido de los Trabajadores repite, tal como sucedió con el PAN en México y después de muchos años gobernando la derecha. De tal manera que los cambios suceden y a veces de manera ingrata. El señor AMLO desata la pasión de sus seguidores más allá del juicio crítico que pueda hacerse -una pasión religiosa-, en lo que realmente poco importa lo que el diga, su feligresía lo acompaña de cualquier forma.
    Amigo, las cartas están echadas, en mi opinión “debería” ganar Josefina, pero los acontecimientos dicen otra cosa. El hombre o la mujer y sus circunstancias.

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    • Hola César! Muchisimas gracias por tu comentario, lo de la seguridad es totalmente cierto, parece asunto exclusivo del gobierno federal.
      Que importante es reconocer cuando los acontecimientos no van en la dirección que pensamos es la adecuada! Saludos

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