Assange y Correa: El adversario de tu enemigo es tu amigo


De todos los gobiernos que ven con simpatía  la causa de Julián Assange fue precisamente el ecuatoriano el que acudió al rescate. Cierto es, el factor primigenio que aparece como impulsor de esa postura fue la decisión del creador de Wikileaks de pedir protección a la embajada ecuatoriana en Londres.

A sabiendas de que su extradición a Suecia era una cuestión de trámite, Assange debió tomar la decisión después de cuidadosa evaluación. La opción pudo ser Argentina, en diferendo con Reino Unido por la soberanía de las islas Malvinas, pero allí existe una predisposición inocultable del oficialismo hacia los medios y el temperamento de Cristina Kirchner es impredecible. Pudo haber sido también Cuba, el ex presidente convaleciente afirmó que Assange había puesto de rodillas a Estados Unidos, pero la isla tiene un abultado expediente contra la libertad de expresión y el líder real del país, el General-Presidente, jamás se pronunció al respecto mientras  su vocación internacional es nula.

El Gobierno de Ecuador tampoco las tiene todas consigo. Carecía de una relación conflictiva con Reino Unido y es sabido que, en la nación sudamericana, van en alza los actos en contra de los medios. Imposible que Julián Assange desconociera el dato, cuando incluso Anonymus, ha señalado a las autoridades de Quito como uno de sus blancos.

Lo que resultó clave a Assange para apostar por Quito fue la entrevista  que le realizó al Presidente Rafael Correa en mayo de 2012 en su programa semanal The World Tomorrow. Allí afloraron importantes coincidencias y el lazo emocional imprescindible para que el periodista superara sus dudas. Assange comprendió que si había un liderazgo capaz de protegerlo, paladín de una misión imposible, era el de Rafael Correa. Al fin una salida, una tabla a la que aferrarse.

Rafael Correa no necesitaba involucrase en el caso para distraer la atención. Luego de cinco años será el primer mandatario ecuatoriano que concluya su mandato desde 1997. Ha llenado el país de redes viales modernas. Ha mejorado la situación de los pobres y discapacitados. Ha fortalecido el sistema de salud pública y el sistema educativo. Ha puesto un “candado verde” a las reservas de petróleo. Ha incautado los bienes a los banqueros deudores de la nación. También clausuró la base norteamericana de Mantua y aprobó una nueva Constitución. Sus adversarios políticos están desacreditados  o atomizados y cuenta con uno de los mayores niveles de aprobación de un mandatario en Latinoamérica. Su reelección no está en duda.   

Hay que recordar que el gobierno andino no tomó una decisión de inmediato, Assange esperó casi dos meses por una respuesta, que llegó justo en cuanto Londres amenazó con invadir la sede diplomática y desconocer nada menos que la inmunidad. Fue un error grosero que deslegitima  la proverbial flema anglosajona y que lastimó el sitio más vulnerable de la autoestima ecuatoriana, ¿acaso la sofisticada Inglaterra  cree que aún trata con una república bananera? ¿Desconoce también Londres que en el temperamento de Correa predominan el componente sanguíneo y el colérico?

Pero el otorgamiento de asilo estaba decidido de antemano. Desde que enfermó Hugo Chávez, Quito ha ido creciendo su protagonismo antiimperialista. Se negó a asistir a  la Cumbre de las Américas. Aboga por desmantelar la OEA. Recibe con fervoroso entusiasmo al Presidente iraní Mamhud Ahmadineyad. Existe además una deuda de gratitud  con Wikileaks. La divulgación de los cables confidenciales de la embajada norteamericana  fortaleció a Correa al demostrar  la sumisión de los líderes  opositores ante los intereses norteños y la  intromisión descarada que caracteriza a la diplomacia estadunidense. Pero el punto decisivo es otro. La gestión de Rafael Correa ante la opinión pública mundial está en entredicho por su  postura hacia los medios. Hay indicios muy fuertes de que el Estado se inclina por la hegemonía en el control interno de la información. Pero he aquí que precisamente su principal detractor, Estados Unidos, está obsesionado en la cacería del que muchos consideran ícono de la libertad de expresión.

Apoyando a Assange, ¿acaso Correa no desnuda la doble moral de su principal adversario? Pero además, fortalece o no el enfoque oficialista de que la cruzada interna no es contra la libertad de expresión sino contra los manipuladores indignos de la misma.

“Bienvenido al club de los perseguidos”, dijo Rafael Correa a Julián Assange el día de la entrevista. Dicen que a modo de despedida. Debe haber un error. Claramente fue otro el mensaje.  

Mtro. Orestes E. Díaz Rodríguez, UDG

Guadalajara, Agosto 23, 2012

www.orestesenrique.wordpress.com

http://www.informador.com.mx/internacional/2012/399751/6/la-estrategia-de-assange-y-garzon-pasa-por-la-haya.htm

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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