¿La paz de Uribe?


Una duda fundamental gira en torno al acercamiento entre el gobierno colombiano y la guerrilla: ¿Existen realmente condiciones a favor de  un acuerdo de paz?

Las posibilidades descansan en las siguientes circunstancias:

El desarrollo de las negociaciones sin decretar un cese al fuego acorta los tiempos para llegar a acuerdos. A la guerrilla no le conviene que  la negociación se extienda más de lo prudencial, como aprovechó en el proceso de San Vicente del Caguán (1998-2002).  No cuenta en el terreno con un grupo importante de jefes que la representan en las conversaciones mientras el acoso bélico del adversario no disminuye.  Al gobierno, por otra parte, no lo ayuda que durante el proceso se produzcan acciones de alto impacto atribuibles a la insurgencia.

La guerrilla no se encuentra esta vez cobijada por el mito de la invencibilidad. Al contrario es altamente vulnerable.  Su jefe histórico falleció, mientras su sucesor fue abatido al igual que altos mandos claves. Diez años antes su fortaleza le permitía disputar al estado colombiano las riendas del poder. Hoy, su alternativa a un acuerdo de paz es sencillamente la supervivencia como grupo irregular.

Gobierno y guerrilla estarían vivamente interesados en que no se produzca el retorno de un adversario formidable. El ex presidente Álvaro Uribe  y sus partidarios se han movilizado con vistas a descarrilar las negociaciones y evitar la reelección de Juan Manuel Santos en las elecciones de 2014.

Si el plan de paz fracasa, como ocurrió bajo el mandato de Andrés Pastrana, brindaría una nueva oportunidad de fortalecimiento de la opción militar como  única vía de solución del dilatado conflicto. La línea que defiende Uribe tendría mejores opciones para el retorno.

En los dos últimos años han sido reclamados por la justicia colaboradores cercanos a la gestión del ex mandatario. Santos y sus asesores pueden esperar similar tratamiento ante un eventual triunfo de un candidato uribista. Entre tanto la guerrilla enfrentaría al mismo adversario que la hostigó de forma implacable durante ocho años disminuyéndole drásticamente su capacidad de maniobra. Indirectamente y contrario a sus propias expectativas, Álvaro Uribe actúa como agente propulsor de las negociaciones en dirección hacia  el entendimiento. Similar rol jugó también en 2010 durante el vertiginoso, sorpesivo y exitoso proceso de acercamiento entre Caracas y Bogotá que protagonizaron Juan Manuel Santos y Hugo Chávez. ¿Será nuevamente condición suficiente para que se repita el mismo resultado?

Orestes E. Díaz Rodríguez, Universidad de Guadalajara

http://www.informador.com.mx/internacional/2012/405750/6/las-farc-evitan-fijar-plazos.htm

Septiembre 19, 2012

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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