México: “¿El gran golpe?”


amores perros

Unos de los legados del régimen autoritario que imperó en México hasta el año 2000 y que no ha sido superado en la etapa de la alternancia, sino que se ha agravado es la edificación de fuertes cacicazgos en áreas donde fluyen generosos recursos provenientes del estado o de particulares agremiados.

Los sindicatos constituyen el paradigma. La burocracia sindical y especialmente sus líderes viven en total impunidad, gastando en asuntos particulares recursos ajenos en un volumen escandaloso.

Sólo en un país donde la corrupción es modo de vida el sistema político puede soportar sin inmutarse, situaciones que en otros países habrían empujado hacia una crisis o quiebre del régimen.

En la calle es sumamente popular el refrán de “quien no tranza (hacer trampas) no avanza” , la práctica de la “mordida” (soborno) está más extendida que la del fútbol,  y un cable de Wikileaks reveló que el ex presidente Calderón le había confesado al también ex presidente José María Aznar, que rápidamente lo trasmitió al embajador de Estados Unidos en España, que “en México la corrupción alcanza niveles que no pueden ser comprendidos por el entendimiento”.

Sólo habría que observar el desenvolvimiento en la lista que cada año elabora  Transparencia Internacional sobre la percepción de la corrupción en cada país. En 2004 la nación ocupaba el lugar 64, en 2008 descendió al lugar 98 y para 2012 el descenso la llevó al sitio 105. ¡Caída libre!

Pero ese es sólo el gran marco en que el poder ejecutivo decide actuar contra la líder del sindicato de maestros, Elba Esther Gordillo. Existe un marco menor al que pocos han hecho referencia en estos días que estremecieron al país. Hace apenas un mes los mexicanos sufrieron una enorme frustración colectiva. Otra más. En el peor momento, pues nos encontramos en el preámbulo del sexenio de Enrique Peña Nieto, que entre otras cosas ha significado el retorno del partido ex hegemónico al poder. Me refiero a que la ciudadana francés Florence Cassez fue liberada por el poder judicial, en una decisión que hizo historia por impopular, y aunque el fallo no fue obra del poder ejecutivo, queda claro que si le fue muy conveniente pues de golpe distendió la relación conflictiva que arrastraba con una potencia.

Aunque  la credibilidad  del poder judicial fue la más afectada, el impacto emocional fue tan grande que salpicó a todos los poderes sin distinción al confirmar un viejo mensaje, México es un país en que las instituciones defraudan constantemente la confianza de los ciudadanos.

El golpe contra el liderazgo sindical  unánimemente más reprobado, de momento sacó al país del hoyo donde lo arrojó la solución del caso Cassez. La justicia no parece muerta, la impunidad no es tolerable, y el abanderado de la reivindicación es nada menos que el presidente entrante.

Aunque no se puede subestimar el efecto de semejante decisión tampoco hay que sobredimensionarla. En primer lugar la conducta no es nueva. Los analistas e historiadores han recordado que  la mayoría de los sexenios anteriores, exceptuando el de Vicente Fox (2000-2006) se han iniciado con un golpe de efecto similar, en los que los presidentes electos debido a sospechas de fraude durante la contienda electoral o a que el sistema de votación apenas les garantiza el respaldo de 3 a 4 electores de cada diez, buscan por otras vías alcanzar la legitimidad que no emanó de las urnas.

Por otra parte, muchos líderes sindicales se encuentran en la misma situación de desvío de recursos a manos llenas y enriquecimiento ilícito que la maestra. ¿Está decidido a actuar el poder ejecutivo también en esos casos? ¿Va a ir de una vez por todas por la extirpación de una de las peores plagas que ensombrece el futuro de los mexicanos?

El análisis indica que no. Es más de lo mismo. En general, nuestros sistemas políticos sólo confrontan frontalmente a la corrupción cuando los que abusan de esa práctica son a su vez díscolos del poder ejecutivo. Mientras son incondicionales y colaboran sus actos suelen ser tolerados. Hasta que no haya otras evidencias, puede asegurarse que fueron por la maestra no porque su conducta rebasara con creces los límites de la impunidad, tampoco únicamente porque se oponía a una de las políticas clave del ejecutivo, sino  porque en su prontuario estaba escrita además la acusación de traición y desafío manifiesto al partido en el poder.

El mensaje principal a los que se encuentran en situación parecida a la maestra  “Gordillo” podría lamentablemente  ser: “no vamos a ir por ustedes mientras estén alineados en nuestra órbita”.

Entonces, ¿qué nos queda del “Gran Golpe?

Orestes E. Díaz Rodríguez

Febrero 28, 2013

www.orestesenrique.wordpress.com

 

 

 

 

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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