¿Nos libramos de la guerra en Siria?


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Otra paradoja emerge del conflicto sirio, nuevamente un Premio Nobel de la paz activamente gestiona una acción guerrerista.

Barack Obama ha anunciado que obran en su poder pruebas fehacientes de que  el gobierno sirio ha empleado  armas químicas,  pese a que a todas luces, sus fuentes son las mismas que empujaron  al ejército de Estados Unidos y sus aliados a buscar infructuosamente armas de exterminio masivo en las arenas de Iraq.

La nueva expedición bélica va, no debe haber dudas, pero su causa no es la que se apunta. La acción la impulsa lo que está en juego, un principio al que finalmente tampoco Obama ha accedido a renunciar.

Algo importante no ha cambiado. El presidente quiere dejar sentado que el derecho de Estados Unidos a actuar, aún sin el consentimiento de las Naciones Unidas, no es negociable. Ningún país puede pensar que escudándose en el laberinto de intereses que representa el Consejo de Seguridad puede quedar a salvo del largo brazo de Washington. El “paraguas” ruso del que se sirvió Edward Snowden no cobijará a Siria, ni a ningún otro Estado con una expectativa similar.

Pero, curiosamente, que haya guerra no depende en última instancia de Estados Unidos. La guerra es un enfrentamiento entre dos o más bandos y las posiciones norteamericanas son inalcanzables por el futuro agredido. Siria no tiene posibilidad de devolver el golpe al responsable mucho más cuando lo que tiene preparado el pentágono es una operación quirúrgica a distancia.

Por tanto, que haya o no un conflicto bélico prolongado de consecuencias imprevisibles depende de la reacción Siria, de si sus líderes deciden como respuesta atacar a aliados de Estados Unidos en la región, con lo que se involucrarían partes que si pueden devolverse golpes contundentes en una unidad de tiempo breve.

Siria, ¿contraatacará? Ello depende de la evaluación que su liderazgo haga del nivel de daño que infligirá la acción de Estados Unidos. Si no pone en peligro la supervivencia del régimen, no veo a Bassar al Ashad abriendo nuevos frentes que pueden definitivamente perderlo.

Existe otra expresión paradójica de la crisis decididamente interesante. En teoría política, nadie ponía en duda hasta hoy,  que el Primer Ministro inglés, por el respaldo mayoritario con que cuenta en la única cámara legislativa que verdaderamente importa en el Reino Unido y por su potestad para incluso disolverla y llamar a elecciones anticipadas cuando le convenga, es el más poderoso de los ejecutivos de cualquier sistema democrático,  incluso, aún más que el propio presidente de los Estados Unidos. Este último no sólo no puede disolver al legislativo, sino que muchas veces tiene que lidiar con las dos poderosas cámaras que lo conforman desde una situación de minoría.

El efecto sirio, sin embargo, desnuda que la anterior apreciación aunque de origen docto, es infundada. El “todopoderoso” Premier inglés debió consultar al Parlamento que desestimó su propuesta de involucrar al país en una acción militar contra Siria. Mientras que el presidente de Estados Unidos, que no puede siquiera vetar un presupuesto inconveniente para su gestión aprobado por sus adversarios políticos, en cambio puede poner a su país y al mundo al borde de una guerra sin consultar siquiera al Congreso y sin que éste tenga el modo de impedirlo de forma ágil y expedita.

De lo que resulta que el sistema presidencial norteamericano surgido como ingeniosa alternativa al carácter absolutista del régimen monárquico, por obra y gracia de poderes discrecionales, conserva vestigios decisivos del poder tiránico que hace más  de doscientos años pretendió abolir.

Finalmente, otra paradoja, ¿quiénes son, a fin de cuentas, los demócratas en las partes en pugna del conflicto?

Orestes E. Díaz Rodríguez

Guadalajara, 31 de agosto 2013

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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