“El paraíso en la otra esquina”


el paraíso

En las elecciones de 2006 con una participación del 87% del padrón, Michelle Bachelet obtuvo en primera vuelta  45,96% de votos y la coalición que representa 65 diputados y 20 senadores. Siete años después, con sólo un 49% de participación alcanza el 46,68%, y el conglomerado que encabeza suma 67 diputados y 21 senadores.

Rozando el 47% de  apoyos y con una diferencia de 21 puntos con relación al segundo lugar, si las elecciones del domingo hubieran tenido lugar en Costa Rica o Argentina, hubiera sido proclamada presidente y su triunfo calificado de abrumador. Pero el escenario real es Chile. La lectura es diferente. Bachelet aún no ha ganado. Por poco margen, cierto, pero la sociedad no le entrega un cheque en blanco, tiene que contender nuevamente aclarando específicamente el alcance y los ritmos de su programa.

El régimen presidencial que predomina en  América continental fue diseñado para conservar el status quo. La particularidad de su plasmación en Chile consiste en que allí ese rasgo se encuentra exacerbado. Así lo calculó el General Augusto Pinochet al dar forma a la Constitución del país aún vigente. Para introducir variaciones de gran calado los impulsores deben contar con amplias mayorías  de 66, 60 y 57%  en ambas cámaras legislativas,   simultánea o perversamente, el régimen electoral sobrerepresenta a las minorías que defienden el viejo orden.

Ese es un formidable obstáculo, pero no el único que se manifestó el domingo.  Hay que agregar también que, la voluntad de cambios profundos y agiles,  no contó en la elección con la contundencia suficiente  para imponerse. Un dato sugerente es que en la votación parlamentaria la ventaja de Bachelet sobre la coalición adversaria liderada por Evelyn Mathei fue de 11%, diez puntos menor a la que logró en la contienda presidencial. Los chilenos apostaron por la ex mandataria, pero no necesariamente apoyan una agenda con las características de ser ambiciosa, maximalista, ambigua o radical. Es una lectura diferente a la que parecía emerger del ambiente de protestas que acorraló el mandato presidencial que expira.

La primera vuelta electoral entrañó un plebiscito sobre el tipo real de agenda que quieren los chilenos y definitivamente, no fue aprobada la  que impulsa la trayectoria en apariencia más rectilínea hacia el paraíso, sino más bien la que privilegia un itinerario zigzagueante, pactado,  gradual, sin cambios bruscos de timón o sobresaltos.  El paraíso no está en la otra esquina.

Orestes E. Díaz Rodríguez

México, noviembre 18, 2013

 

 

 

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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