Venezuela: “El jardín de las certezas”


el jardin

A diferencia de su homólogo isleño, el chavismo es, entre otras cosas, un movimiento que no le teme a los procesos electorales. Sorprende que aún existan dudas en este punto, muy a pesar de la temprana y precisa definición de la academia (autoritarismo competitivo) y de la práctica de tres lustros.  Al dedillo  sabe cómo proceder para ganar una elección, por las buenas y…

Los dos últimos eventos del cronograma de 2013 son elocuentes. Los poderes electoral y judicial lo reconocieron vencedor en una contienda presidencial  que dejó claramente la percepción en propios y extraños de que habían perdido. Solamente meses después, en el resultado general de los comicios municipales, se imponen por cuatro puntos.  Lo consiguen aprovechando  la inequidad proverbial de la contienda y que en el prólogo entregaron al futuro votante el inventario de los supermercados a un “precio justo”.

A lo que teme sobremanera el chavismo, igual que su homólogo isleño, igual que el  gobernante que se sabe impopular, es a la calle. Es un escenario que no puede controlar, que dialoga por sí mismo, su impacto estremece al resignado, recorre  el mundo, erosiona, desacredita,  pone contra las cuerdas. Por eso la exaltación de la cultura del miedo,  la bravuconada y la represión como argumento. Por eso las  contramarchas de  acarreados. Por eso los infiltrados violentos. Por eso los “incomprensibles” actos vandálicos que facilitan deslegitimar las manifestaciones del insatisfecho. Por eso las denuncias  de instigación externa. Por eso los llamados a la pacificación.  Todo vale para que el insatisfecho renueve su vínculo con la mordaza.

Venezuela es víctima de una conspiración. No seamos ingenuos. Que John Kerry, Carlos Alberto Montaner, Álvaro Uribe y Álvaro Vargas Llosa coincidan en alentar las protestas, no es coincidencia. Pero el contubernio tiene una contraparte formidable, el apoyo de  cierta gerontocracia  y de un afinado coro regional, especialistas en refrigeración y congelamiento de la expresión civil y fomento del régimen del miedo. Pero el confabulador mayor  no es ni un bando ni el otro, sino el hartazgo.

Nicolás Maduro es propenso a enfrentar la crisis de una forma diferente a Diosdado Cabello, pero en definitiva se articulan para sostener el paraíso “bolivariano”. Por su parte la oposición discrepa en cuanto al método. Henrique Capriles recela de la vía no institucional, Leopoldo López, que lo acompañó hasta ahora, intuye que la solución final pasa por otra parte.

Entre tanto la protesta se ha encargado de  disipar la frágil aureola de legitimidad que pareció emerger de la elección de apenas hace dos meses. Se aclaró también la agenda.

Orestes E. Díaz Rodríguez

México, 16 de febrero 2014

 

 

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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