¿Cómo atraer el voto estratégico?


voto estratégico

Comenzó nuevamente el curso que dicto de Sistemas Políticos Comparados al que cada semestre, con ayuda de mis alumnos, intento transformar en un pequeño laboratorio. A modo de resumen, para no abusar de la paciencia de los que llegan a estas líneas atraídos por el propósito que anuncia el título, listaré  brevemente algunos de las proyectos concretados en estos años y luego, aunque de un modo no ortodoxo abordaré el asunto propuesto.

 A mi juicio son:

1.- Crear un modelo que facilite la comparación entre regímenes presidenciales desde la óptica de qué presidente cuenta potencialmente con mejores condiciones institucionales para llevar a feliz término su gestión.

2.- Crear un modelo que facilite la comparación entre regímenes parlamentarios desde la óptica de qué primer ministro cuenta potencialmente con mejores condiciones institucionales para llevar a feliz término su gestión.

3.-A partir del análisis comparado de casos elaborar proposiciones empíricas generales allí donde sea factible.

Es precisamente el último aspecto el que me sirvió de base en un momento dado para visualizar de antemano el triunfo de Hugo Chávez en la última elección presidencial que disputó (“Teorema del Milagro” y “Capriles vs Chávez, Tiempos de Hércules”), la imposibilidad de que las elecciones parlamentarias intermedias argentinas permitieran que Cristina Fernández se alzara con la hegemonía (“América Latina: Motores de la hegemonía”) y en menor medida, predecir también con anticipación la victoria de Enrique Peña Nieto en los pasados comicios presidenciales en México (“¿Quién va a ganar la elección del 1 de Julio en México?”). Constituye también el soporte que me posibilitará responder a la pregunta que  planteo como título.

La comparación política es importante, pero los politólogos más destacados no necesariamente coinciden en la valoración del grado de conocimiento acumulado por esta disciplina. Para unos (Dahl, Linz, Przeworki, Laitin) gracias a la política comparada se han adquirido conocimientos firmes en un grupo de áreas en las que antes se sabía muy poco, mientras otras tienen todavía un desarrollo precario. En cambio la visión de Giovanni Sartori (Angelo Panebianco, etc) es diferente, sostiene que los resultados son magros, debido a una razón esencial, se compara muy poco para controlar.

Confío en que es más sencillo comprender la posición de Sartori si se explica del modo siguiente. Existe un primer nivel comparativo en la que se establecen diferencias y semejanzas entre  fenómenos estudiados. Por ejemplo, el sistema presidencial norteamericano, es bipartidista, los legisladores son como tendencia indisciplinados, el sistema bicameral es simétrico, se alternan ciclos simultáneos y no simultáneos en las elecciones presidenciales y legislativas y el presidente tiene poderes legislativos intermedios y jamás gobierna en coalición; mientras el sistema presidencial brasileño es  de multipartidismo extremo, las elecciones presidenciales y parlamentarias siempre coinciden, el presidente tiene poderes legislativos fuertes y desde hace 20 años el ejecutivo se apoya en amplias coaliciones para gobernar.   Un segundo nivel comparativo  justamente apunta a explicar el origen de las diferencias entre los fenómenos, por ejemplo ¿por qué el presidente brasileño tiene más poderes legislativos que su colega norteamericano y que determina que a diferencia de aquel tienda a gobernar  a través de grande coaliciones? ¿Con esos dos niveles se agota la comparación? Para algunos comparatistas sí, para ellos la comparación sirve para identificar diferencias y semejanzas, para ilustrar y  explicar. Sartori, por su parte, está en desacuerdo casi total. Su postura es que la comparación política sirve para los efectos que se reconocen, pero ante todo su propósito central es el control de proposiciones empíricas generales. Ahí radicaría su valor. Y eso, de acuerdo con su opinión, se hace muy poco o casi nada.

Para corroborar el punto de vista de Sartori, y aquí comienzo a dar respuesta al título,   pedí a los alumnos que estudiaran el segundo capítulo del conocido libro de Gianfranco Pasquino “Sistemas políticos comparados” dedicado al análisis comparado del comportamiento electoral, voto sincero y voto estratégico en cinco países, EE.UU, Reino Unido, Italia, Alemania y Francia y que extrajeran las proposiciones empíricas generales que aportara el autor en el ejercicio.

El resultado fue que se toparon además de con una descripción profusa por parte del autor del comportamiento electoral en cada país analizado,  con conceptos y conclusiones, pero de ninguna forma con propuestas empíricas generales  del tipo que invoca Sartori, referidas a “si se dan las condiciones a, b y c, la tendencia más probable será que se den las consecuencias x, y , z”… que posibilitan, ante el análisis de otros casos,  controlar la generalización y adoptar posiciones con cierto valor  predictivo.

La pregunta que seguidamente les plantee es de si, apoyados en las referencias más lúcidas del  propio Pasquino en el mismo capítulo mencionado, nos encontrábamos en condiciones de formular una proposición empírica general  con respecto al voto estratégico. En resumen, intentar responder  con ese ejercicio una atractiva interrogante a  efectos de la actividad política concreta, ¿de qué modo es más factible atraer hacia una oferta política dada el voto estratégico de los electores?

Una lectura  diferente del propio texto facilitó  identificar las siguientes condiciones subyacentes en cada uno de los casos analizados:

1.-Presencia de una contienda competitiva  entre al  menos dos candidatos o partidos.

1.-Presencia de otros candidatos o partidos cuya oferta política ha sido notoriamente relegada por los votantes, de modo de que no están en condiciones de ganar la elección.

1.-Convencer, si fuera necesario, a los candidatos, partidos  relegados, y a sus potenciales votantes  que realmente no tienen posibilidad alguna de  ganar la elección.

1.-Lograr posicionarse ante el electorado como la opción política menos perjudicial de las que están en disputa, es decir, de las que tienen posibilidad real de ganar.

1.-No limitarse a solicitar de las fuerzas políticas relegadas el voto estratégico sino incluir en el programa  demandas de esos actores promoviendo allí donde sea factible coaliciones electorales con  posibilidad de convertirse en coaliciones de gobierno.

De ese modo quedamos en condiciones de enunciar la proposición empírica general, que puede y debe ser controlada en  escenarios electorales donde la gestión de atraer el voto estratégico resulta clave para el triunfo de una opción política dada. Ese enunciado es el siguiente: Siempre que en  una contienda electoral competitiva entre al menos dos candidatos o partidos  existan otros actores o fuerzas cuyas ofertas políticas no reflejan las preferencias del votante, siendo la meta de uno de los potenciales ganadores atraer hacia su oferta electoral la mayor cantidad del voto estratégico, la tendencia a alcanzar el propósito aumenta a condición de que convenza a los actores relegados de que en ningún escenario tienen posibilidades reales de ganar, de lograr posicionarse ante el electorado como la opción menos perjudicial de las que están en disputa y de no limitar la solicitud a  votar de forma estratégica  a llamados generales, sino que es indispensable promover activamente la creación, con los actores relegados, de  coaliciones electorales con perspectivas de convertirse en coaliciones de gobierno.

Algunos de los alumnos se han motivado con lo que alcanzaron a visualizar. Ahora les  pedí que nos centremos en el capítulo  del mismo libro, “formación y disolución de ejecutivos”. El ejercicio es similar, enunciar la proposición empírica general asociada con este aspecto, en resumen,  esclarecer en qué condiciones de disuelve el poder ejecutivo o dicho con otras palabras, ¿cuándo cae un ejecutivo?

Orestes E. Díaz Rodríguez

México, 25 de febrero de 2014

 

 

  

 

 

 

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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