“Sin lugar para los blandos”


Los blandos

Absorbido por actividades diferentes y simultáneas de carácter no necesariamente intelectual, me vi sorprendido por  la rapidez con que cambia la situación política interna venezolana, que en el marco de menos de un mes ha atravesado por varias etapas sin que tenga lugar todavía el desenlace final.

La primera etapa coincide con la victoria electoral del chavismo en las elecciones municipales de diciembre. Dadas las dudas sobre el triunfo oficialista en los comicios presidenciales de abril, la estrategia opositora consistió en transformar la elección municipal en un plebiscito sobre la legitimidad de Nicolás Maduro. El resultado no fue el esperado. En la votación general el chavismo resultó ganador por cuatro puntos porcentuales. Por primera vez, desde que recibió la “bendición” de Hugo Chávez hace más de un año, Nicolás Maduro podía presumir la legitimidad que conceden las urnas.

Era de esperar el comienzo de una etapa de mayor estabilidad gubernamental, pero  los acontecimientos tomaron una dirección acorde con condicionantes de mayor calado. El  incruento asesinato de una Miss Universo venezolana, la agudización del desabastecimiento, la caída del poder adquisitivo y la prepotencia en el manejo de demandas estudiantiles coincidió con una revaluación de la estrategia opositora de alcanzar el poder. Las repetidas victorias electorales chavistas habían convencido a sectores opositores que a través de los comicios era imposible acceder al poder debido esencialmente a dos factores: la escandalosa inequidad de la competencia y el control del aparato electoral y judicial por el oficialismo. La derrota de diciembre por tanto, los compulsó  a tomar distancia de la estrategia electoral cuyo representante más visible es Henrique Capriles, y optar por la presión y las manifestaciones en la calle, como recurso para agilizar la salida del “paraíso bolivariano”. Los “duros” tomaban la iniciativa en el bando inconforme.

Pero el chavismo no es un movimiento que permita la libre expresión sin fuertes presiones y dificultades adicionales para los que pretendan ejercitarla. Siempre hay que pagar un precio alto. Para ello tiene engrasado un dispositivo no gubernamental anti manifestaciones cuya finalidad es elevar el costo y riesgo de la protesta a través del terror. El que protesta, aunque sea de forma absolutamente pacífica, puede recibir un disparo, una golpiza brutal proveniente de personas no identificadas afines y preparadas por el régimen.

No es de extrañar que a sabiendas de esa situación, desde una parte no identificada y oscura del  liderazgo que llamó a tomar la calle, también prepararan con antelación su propia contra respuesta. Entiéndase bien el propósito de cada parte. La “contrainsurgencia” oficialista va dirigida a desactivar la protesta mediante la exacerbación del miedo. La “insurgencia” opositora en cambio, va encaminada a crear también escenas de alto impacto que deslegitimen rápidamente interna y externamente al régimen.   Se produjo entonces la colisión y las muertes provocadas desde ambos bandos. Si bien la lista de decesos atribuibles al oficialismo es infinitamente mayor, sería ingenuo responsabilizarlos directamente con todos los decesos, por ejemplo, el  de una segunda “Miss”, que parece apuntar más, aunque repugne pensarlo, a ser una víctima  previamente seleccionada.

En todo caso, los efectos inmediatos de la confrontación callejera fueron dos, se disolvió la mezquina aureola de legitimidad que la elección de diciembre pareció aportar al régimen, mientras en la práctica los “duros” de ambas partes pasaron a comandar las acciones de sus respectivos bandos.

Es exactamente aquí cuando se produce el primer reconocimiento oficial, aunque de forma indirecta, de la dureza de la represión gubernamental y también de que el propio ejecutivo no puede controlar a su engendro. Nicolás Maduro desautoriza a las fuerzas paramilitares a disparar contra los manifestantes (“El que vistiendo una playera con el rostro de Chávez dispare a otro venezolano, ese ¡no es chavista!”). Los efectos del llamado hacia el interior del chavismo automáticamente los subdividió en dos grandes grupos, los que apoyan el llamado y los que lo consideran desconcertante pues a los “fascistas” hay que combatirlos por cualquier medio. La presión y el descontento de los últimos en los sucesos subsiguientes se dejarán ver en el actuar por su propia cuenta y el endurecimiento llamativo del lenguaje del mandatario hasta alcanzar decibeles anacrónicos (“¡No se meta más, carajo!”)

¿Se ganó a partir de entonces el derecho a la protesta el inconforme venezolano? De ningún modo. Tal es así que la oposición convoca a una gran concentración cuya exigencia fundamental es defender el derecho de manifestarse sin violencia y no ser agredido por fuerzas paramilitares leales al régimen. Ese es un punto clave que el régimen, pese a la alocución de Maduro, se niega a conceder. A efectos de los intereses oficialistas,  los costos y riesgos de tomar parte en una protesta antigubernamental tienen que permanecer altos, de lo contrario se corre el peligro de que las protestas se extiendan indefinidamente y que nuevos grupos que pierden el miedo y tienen fundadas razones para expresar su disensión, se incorporen y hagan tambalear el precario status quo.

Nicolás Maduro no es originariamente un “duro”, adjetivo propio del lenguaje de la transiciones, que caracteriza no sólo a sujetos dados a imponer por cualquier vía, incluso la fuerza, su punto de vista , sino también renuentes a conceder concesión alguna. Su perfil más bien apunta a ser el de un “blando” (más tendiente a negociar y dar y recibir concesiones) reciclado, moldeado bajo la influencia de sus mentores, especialmente de  Chávez y los hermanos Castro. No es difícil imaginar su particular situación, quiere detener a los manifestantes por cualquier medio pero sin que se produzcan más muertes y al mismo tiempo, recibe los reclamos de los “duros” entre los que destacan los “consejos” de La Habana, “no permitas por ningún concepto que te ganen la calle o estás perdido, ¡la calle es de los revolucionarios!”

El efecto es que las protestas entran en una nueva etapa en las que el objetivo mínimo del inconforme es que se respete el derecho a manifestarse y el máximo lograr la renuncia de Nicolás Maduro. Entre tanto el gobierno se niega en la práctica a conceder el derecho pero quiere reducir a la mínima expresión las muertes, una especie de represión  sin perfiles extremos. Simultáneamente, hace una apuesta grotesca, busca  una aproximación con los “blandos” del lado contrario (gobernadores opositores, especialmente Henrique Capriles) que lo ayude a desactivar las protestas pero sin conceder nada a cambio.

La postura de los “blandos” opositores también ha sido afectada por factores diversos en muy corto tiempo, la extensión  de las manifestaciones, las evidencias incuestionables de represión,  obligaron a sus protagonistas a asumir una especie de dualidad consistente en apoyar e incorporarse en ciertos casos activamente a la “insurrección” o correr el riesgo de ser totalmente desplazados del liderazgo, y al mismo tiempo, no dejar de señalar su desavenencias y reservas  con respecto al recurso elegido por los “duros”. La lectura del contexto internacional también los llevó a dudar de las posibilidades de derrocar finalmente al chavismo por esa vía. Desde que el coronel Muamar el  Gadafi fue sodomizado y ajusticiado, los regímenes  autoritarios asediados por protestas han preferido optar por la represión más violenta antes que ceder el poder. Ahí está el ejemplo de Bachar al-Asad en Siria y de Víktor de Yanukovich en Ucrania. Pero de repente la situación ucraniana cambia, el dictador es desplazado, los inconformes acceden al poder. ¡Sí se puede!

Los “duros” opositores finalmente han logrado mucho más de lo que esperaban en tan corto tiempo, el país está en plena efervescencia, el arresto de su líder Leopoldo López  les dio un símbolo, el gobierno está a la defensiva y la estrategia de ganar la calle los catapultó al primer plano del liderazgo, su recurso  conserva vitalidad, en ningún modo está agotado. Apoyarlos, es  la única forma de hacer política efectiva  que han dejado a los “blandos”. En cambio, en el lado adversario ciertos indicios apuntan a que los “duros” están siendo contenidos. Maduro ha convocado a una reunión nacional de pacificación, inesperadamente declaró asueto nacional los días laborales subsiguientes, se ha abstenido de emplear la fuerza en la detención de un general retirado disidente y el gobernador de Táchira,  histórico de la nomenclatura chavista, tomó distancia con respecto a las jornadas de represión. La intención es clara, enfriar las protestas.

Difícilmente la oposición se prestará al juego. Tendrán lugar nuevas manifestaciones. Marzo no será diferente a febrero. Sólo la ascendencia de la “semana santa” podría tener la capacidad de imponer una tregua, pero a juzgar por el ritmo que llevan los acontecimientos, está todavía muy lejos. Maduro recula de manera torpe. Una vez que fracasen sus maniobras y el país hierva nuevamente  en manifestaciones con qué autoridad podrá contener a los “duros” de su bando.  Leopoldo López es hoy el centro de gravedad del antichavismo y de ello ha resultado, por el momento y aunque a algunos no les guste, una renovación del movimiento opositor.  Imposible visualizar un reemplazo de Nicolás Maduro a favor de un representante de línea dura sin que haya consecuencias desastrosas para el chavismo. O acaso, sencillamente estamos por presenciar la metamorfosis final de un “reciclado”. Pero, en qué dirección, ¿la originaria o la impuesta?

Orestes E. Díaz Rodríguez

México, Febrero 25, 2014

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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Una respuesta a “Sin lugar para los blandos”

  1. zalman5k dijo:

    Hola! Te invito a leer esta entrada de mi Blog
    Si hay Esperanza
    http://zalman5k.wordpress.com/2014/02/25/algun-dia/
    Feliz Noche!
    Zalman

    Me gusta

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