Segunda vuelta en Colombia: El jardin de las dudas


Santos y Zuluaga, los candaidatos

Los altibajos de la disputada contienda entre los candidatos presidenciales colombianos por llevar más caudal hacia su propio molino está inhibiendo los pronósticos con relación a cuál de los dos contrarios emergerá finalmente victorioso.

Las áreas en las que luchan por atraer los votos decisivos son dos. La primera se ubica entre los votantes de otras fuerzas políticas, como conservadores, verdes e izquierda, que sumaron casi el 30% de los apoyos en la cita inicial. La segunda procede de la enorme masa que en primera vuelta se abstuvo, nada menos que el 60% del padrón.

El representante del uribismo, Oscar Zuluaga, ganador del primer tramo, pareció también arrancar delante en la segunda y decisiva etapa al recibir el importante respaldo de la ex candidata presidencial del Partido Conservador, tercer lugar en la primera vuelta. No obstante, hubo inconvenientes. Un influyente grupo de parlamentarios conservadores y sus bases tomaron la decisión de apoyar a Santos. El partido se dividió entre dos preferencias, aunque la percepción es que el uribismo se queda con la mayor parte de los votos.

Sin embargo, el saldo total favorable también se vio afectado, Zuluaga se vio obligado a cambiar su postura ante las negociaciones de paz. De pronunciarse todo el tiempo por la cancelación, varió la postura y anunció que mantendría las negociaciones pero con ciertas condiciones. El cambio deja descolocado al votante duro, su gran apoyo en la primera etapa y evidencia una conducta camaleónica que promete pasarle factura. Igualmente, sin esa metamorfosis, sin duda poco creíble, el uribismo estaba destinado a ser aislado y acorralado por identificarse abiertamente como la fuerza política enemiga de la paz.

Simultáneamente, algo amortigua el impacto desfavorable del giro “pragmático”. Precisamente, ese ha sido el rasgo distintivo del mandato de Santos. ¿Acaso no pasó de ser mano derecha de Álvaro Uribe a tomar distancia absoluta de sus visiones? ¿Acaso no dejó de ser el más severo crítico de Hugo Chávez a forjar una cálida relación bilateral con el chavismo? ¿Acaso no pasó de ser aniquilador implacable de los líderes de la guerrilla a sentarse en la mesa de negociaciones con sus referentes? ¿Acaso no pasó de aplaudir la destitución del alcalde izquierdista de Bogotá Gustavo Petro a tejer una alianza electoral con él con vistas a la segunda vuelta?

Esa plasticidad de Santos para orquestar en tiempos muy breves cambios de rumbos radicales y contradictorios, es justamente la razón que genera el mayor escepticismo y rechazo con relación a las perspectivas de un nuevo mandato. Pero además ha contribuido a facilitar los temores exageradas inoculados por sus adversarios sobre qué tipo de acuerdos estaría firmando con los insurgentes en La Habana.

La confianza no es un punto precisamente fuerte a favor del mandatario. Quizás por ello, desde el momento en que se cerró la primera vuelta no cosechó el apoyo incondicional de los líderes verdes y de izquierda, que prefirieron dejar en libertad a sus votantes y enviar, cuando mucho, un débil guiño de apoyo a la candidatura del presidente. Clara López, líder de la izquierda, necesitó diez días para reconsiderar su posición y finalmente declarar que respaldará a Santos en la contienda del próximo 15 de junio. Pero cierto daño ya está hecho. El apoyo de verdes e izquierda no será unánime porque hay influyentes grupos internos atrincherados en la argumentación de que votar en blanco es la única posición ética correcta ante un duelo entre Uribe y Santos. Ni que decir, que el voto en blanco de partidarios de verdes e izquierda constituye bajas que pudieran resultar decisivas.

Pero el área donde los cálculos se desdibujan con mayor facilidad es en la de los que se abstuvieron. Ambos bandos parecen tener similares oportunidades y blanden herramientas idénticas en ese terreno para movilizar a los apáticos, el miedo al adversario y el dinero que aceite las tradicionales maquinarias de compra de votos.

¡Ah, la incertidumbre! Ahora, Colombia, también es su rehén.

Orestes E. Díaz Rodríguez

Tulum

5 de junio 2014

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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