¿Quién es Marina Silva?


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Seguramente los lectores de mis análisis precedentes sobre la campaña presidencial en Brasil, “¿Cuánto dura un idilio?” y “¿Cómo abortar un idilio?”, les sorprende el título de esta propuesta. No sólo porque la pregunta ya fue formulada y eventualmente respondida, sino también porque prometí profundizar en lo que denominé el verdadero obstáculo que frena la reelección de Dilma Rousseff.

No estoy incumpliendo la promesa. Aún hay tiempo para honrarla. Ocurre que hasta ayer no me percaté que aunque muchos analistas nos habíamos planteado la misma interrogante, quién es Marina Silva, no conozco a ninguno que realmente la respondiera acertadamente, y que apoyándose en el método comparativo, además revelara las posibles implicaciones electorales de su correcta definición.

¿De qué hablo? Para explicar quién es un candidato solemos hacer referencia a sus principales datos biográficos así como a los momentos más destacados de su trayectoria política. Es precisamente lo que hicimos con Marina Silva. Ese ejercicio es necesario pero insuficiente, en última instancia no nos define qué tipo de candidato es, y ese es el rasgo que necesitamos saber para explorar comparativamente sus posibilidades reales. Quiero decir, lo que un candidato esencialmente es está recogido pero no es toda y ni siquiera la mayor parte de su biografía, sino una pequeña partícula que define su candidatura y que a veces tiende a pasar desapercibida entre numerosos hechos relevantes.

Marina Silva es mujer, proveniente del Amazonas, de origen humilde, que aprendió a leer a los dieciséis años, sufre varias enfermedades crónicas, es defensora del medio ambiente, profesa la religión evangélica, militó en el partido de los trabajadores, fue senadora, ministra y candidata presidencial en 2010. ¿Cuál de todas esas características es la que determina con más precisión qué clase de candidatura representa? Una sola, lo determinante de Marina Silva como candidata, incluso por encima de que sea mujer, es que es una disidente del oficialismo.

Entonces, ¿cuál es el desempeño comparativo de los candidatos disidentes del oficialismo en las elecciones presidenciales en las que tomaron parte?

En 2002, en Colombia, Álvaro Uribe renunció a su militancia de más de veinte años en el partido liberal, de quien fue incluso senador, y se presentó como independiente en las elecciones presidenciales siendo electo en primera vuelta con el 53.1 % de los votos.

En 2005, en Ecuador, Rafael Correa renunció a su cargo de Ministro de Economía del gobierno de Alfredo Palacios. Un año después formó su propia agrupación partidista y ganó las elecciones presidenciales en segunda vuelta.

En 2010, en Chile, Marco Enríquez- Ominami renunció a su cargo de legislador de la concertación de partidos oficialistas y a quince años de militancia en el partido socialista presentándose como candidato independiente y obteniendo 1 395 655 votos, a sólo 600 000 votos de diferencia con el candidato oficialista el ex presidente Eduardo Frei Ruiz Tagle que compitió con el apoyo de la potente maquinaria electoral de su coalición.

El desempeño electoral de los candidatos disidentes del oficialismo suele ser muy bueno. Su trayectoria con el oficialismo los hace visibles para la mayoría de los votantes, y su ruptura los convierte en polo de atracción tanto para partidarios desencantados como para opositores o independientes insatisfechos.

Eso fue precisamente lo que sucedió con la propia Marina Silva en las elecciones presidenciales de 2010 en la que “sorpresivamente” obtuvo el respaldo de casi veinte millones de electores. Pero entonces era improbable que pudiera arrebatarle la victoria a la candidata Dilma Rousseff, porque era el mejor momento del Partido de los Trabajadores que venía impulsado por dos mandatos exitosos del presidente Lula, y Marina además contendió sólo con el respaldo de la maquinaria electoral del partido verde cuya potencia es incomparablemente menor que la de los partidos grandes como el clave PMDB, aliado del PT, o el PSDB, principal fuerza política opositora.

La situación ahora es distinta. La percepción del desempeño de Dilma durante su mandato no es satisfactoria y Marina Silva, aunque no pudo crear su propio partido Redes Sustentables, competirá además respaldada por el Partido Socialista Brasileño (PSB) y otros partidos menores como el PPS, PPL, PRP y PHS.

El Partido Socialista Brasileño (PSB) acompañó al PT en las elecciones presidenciales de 2006 y 2010. En la última elección que compitió de forma independiente, 2002, sumó nada menos que 15 millones de votos y en su ruptura de 2013 con el PT, influyó su apreciación de que dentro de la coalición oficialista no recibía el lugar que le corresponde como consecuencia del crecimiento de su base electoral.

En la ocasión actual es casi seguro que Marina llegue a la segunda vuelta, y en ese caso, su respaldo puede crecer no sólo a partir de los votantes de la fuerza que eventualmente quedará en tercer lugar en la primera vuelta, Aécio Neves y el PSDB, tradicionales opositores del PT, sino también de los insatisfechos dentro de la coalición oficialista. No es un secreto, por ejemplo, que en el PMDB, principal aliado del PT, el 41% de sus referentes votaron en contra de que el partido volviera a participar en las elecciones en alianza con el PT.

Por otra parte, la forma en que se resolvió que Marina Silva no registrara su partido y por consiguiente su propia candidatura, podría estar alentando también su desempeño. El Tribunal Superior Electoral consideró que le faltaron 8000 firmas de las 500 000 que exige la ley. Pero el asunto es que le fueron anuladas ¡95 000!, lo que provocó incluso que el magistrado que votó en contra, Gilmar Méndez, la considerara como una resolución injusta, teniendo en cuenta que es hecho notorio que los apoyos reales de Marina Silva suman una cantidad varias veces mayor a la exigida por la legislación.

Sin duda Marina Silva tendrá una mejor primera vuelta electoral que en 2010, pero, ¿llegará al punto de poder ganarla? ¿Podrá la candidata disidente del oficialismo lograr esta vez una votación mayor a la de Dilma en la primera vuelta?

Se alzan algunos obstáculos. Pese a la percepción desfavorable del mandato de Rousseff, la presidenta en funciones va a contender apoyada por la maquinaria electoral propia más la representada por una coalición de ocho partidos entre las que sobresale el PMDB. Aunque la elección tiende a polarizarse entre Dilma y Marina, una parte apreciable de votantes, sabedores que habrá una segunda vuelta decisiva, respaldará con su voto a otras opciones, especialmente, al PSDB de Aécio Neves. Pero, el obstáculo fundamental es el siguiente, cuando Álvaro Uribe y Rafael Correa renunciaron a sus partidos y se presentaron como candidatos independientes no existía en el panorama electoral de sus países un referente electoral del oficialismo que tuviera una influencia casi indiscutida. Existía un vacío que ellos pudieron llenar con sus propuestas y que fue aprovechado. Para Marina Silva es más difícil, porque en Brasil ese referente existe y se llama Lula, quien con toda seguridad es la pieza que ha posibilitado que aunque soplen vientos desfavorables la coalición oficialista no se haya erosionado de manera importante debilitando las opciones de que Rousseff lidere la primera vuelta.

Aquí nuevamente la experiencia comparada es imprescindible. Marco Enriquez- Ominani, el candidato disidente e independiente chileno, no pudo en su segunda oportunidad, las elecciones presidenciales de 2014, mejorar su desempeño de 2010, su respaldo se redujo a la mitad. La razón es que en esa oportunidad contendió directamente contra un indiscutido referente, Michelle Bachelet, que además tuvo la precaución de ampliar su base social deshaciendo la vieja “Concertación” y creando la “Nueva Mayoría”.

No hay duda. Lula es la razón principal por la que Dilma finalmente pueda terminar liderando la primera vuelta el próximo 5 de Octubre, él actúa como pegamento decisivo en la difícil alquimia de la coalición oficialista. Pero seguramente, sus inusuales dotes, serán puestos a una prueba mucho más exigente en la segunda y decisiva instancia.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum

Septiembre 16, 2014

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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