“Sombras nada más”


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                        ¿Quién va a ganar la elección presidencial del 26 de Octubre en Brasil?

(“A mi abuela Olga, que vivió enamorada de Javier Solís…, de nosotros que nos enamoramos de ella”.)

 

Mi recuerdo de esa mañana del primer día de enero de 2003 es el discurso de toma de posesión de Lula que, emocionado, pidió a Dios sabiduría para guiar al pueblo brasileño, eligiendo como meta suprema concluir con el hambre, flagelo que todavía sufrían millones de sus compatriotas.

Doce años después las conquistas superan con creces la meta. Gracias a los programas sociales millones de brasileños salieron de la pobreza y la ONU finalmente omitió a Brasil del mapa mundial del hambre. Sin embargo, 2014 podría pasar como el año en que concluyó el ciclo de gestión lulista o petista.

Indicios nada favorables abundan rumbo a la definición en segunda vuelta de en manos de quien queda, en definitiva, el control del poder.

No me refiero sólo al estado general de la economía, que ya fue abordado de manera extensa en un análisis anterior, (“De idilios y desamores”, 2014, archivos) sino a otras pinceladas de las que va emergiendo un cuadro adverso para el oficialismo rumbo al desenlace del 26 de Octubre.

Los resultados de la elección legislativa del pasado 5 de Octubre, a la vez que significaron una reducción de la bancada del PT en cuanto a diputados y senadores, tuvo además como nota más distintiva, que en el Congreso irrumpiera una hornada de individuos provenientes de los sectores más conservadores de la sociedad. Obtuvieron un fuerte respaldo en la urnas no los representantes de posiciones progresistas o moderadas sino principalmente los voceros de posiciones extremas y controvertidas. Ese comportamiento del electorado suele reflejar épocas de crisis y de descontento general.

Inmediatamente después de concluida la primera vuelta, si algo quedó de manifiesto, es el reforzamiento, más allá de lo común, de un fuerte sentimiento antipetista. Sucedió algo que no ocurrió en las elecciones de 2006 y 2010, prácticamente todos los partidos y candidatos perdedores que tomaron parte en la primera vuelta, le dieron su respaldo inmediato al PSDB y a Aécio Neves. Ese gesto incluyó incluso al partido socialista, que hasta 2013 había formado coalición de gobierno con el PT y Dilma. Es decir, el socialismo se decantó por la centro derecha, la reconoce como agente creíble o necesario del cambio.

Pero faltaba por ver mucho más. El único partido, el PSOL (un millón y medio de votos) que llamó a sus militantes a no votar por Aécio, en la misma declaración sentenció que se considera incompatible con Dilma, por lo que su línea es la abstención o la anulación del voto.

Por su parte, Marina Silva, la candidata que entró en tercer lugar con 22,1 millones de votos, decisivos para inclinar eventualmente la balanza, pese al llamado de Rousseff, también cambió dramáticamente su posición con respecto a 2010. Entonces asumió una postura neutral, dejando en libertad a sus seguidores. Ahora, después de una breve negociación con Neves, sobre puntos específicos que desea ver defendidos en el programa del candidato del PSDB, terminó por entregarle su respaldo. Silva, de origen muy humilde y militante de izquierda, no hubiera dado jamás ese trascendental paso sino interpretara que el cambio que reclaman sectores decisivos del electorado no sólo no lo puede comandar el PT sino que es precisamente contra un modelo de gestión de la cosa pública agotado.

El resultado es que se ha concretado, en brevísimo tiempo, una nueva e imprescindible premisa para un eventual fracaso petista en segunda vuelta, que la oposición superara sus múltiples diferencias, su problema de acción colectiva y se agrupara íntegramente en torno a la candidatura de Aécio Neves.

Pero ell panorama continúa ensombreciéndose. Existen indicios de que hay grietas en la propia coalición oficialista, específicamente en el principal aliado del PT, el PMDB. Antes de la elección el 59% de los referentes del partido aprobaron ir en coalición con el PT respaldando la candidatura de Dilma, a contrapelo del 41% que se opuso rotundamente a continuar la alianza con el petismo. Aquella disidencia está aflorando ahora. La prensa ha manejado que rumbo a la segunda vuelta, por lo menos en seis estados, el PMDB no apoyaría con su voto la reelección de Rousseff. Ese sería un golpe bajo y duro, significa que una de las dos premisas más fuertes con que cuenta Dilma para mantener la flotabilidad, 1) el poder y los recursos de un presidente en funciones y 2) la coalición de partidos que la respalda, estaría también haciendo aguas.

Entre tanto, los adversarios lograron posicionar como tema de la primera semana rumbo al desenlace la corrupción rampante en los principales partidos de gobierno.

Aún faltan dos semanas de campaña que seguramente resultaran decisivas, pero es imprescindible dejar sentado el apunte de que fuertes indicios auguran una derrota electoral de Rousseff en la segunda instancia. Poco despejado el horizonte petista. Al contrario, ¡sombras nada más!

 

Orestes E. Díaz Rodríguez

Octubre 13, 2014

Tulum

 

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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