“Hoja de ruta” *


Hoja de ruta

Todo individuo que acepta el encargo de impartir análisis político a jóvenes universitarios de carreras de humanidades más temprano que tarde tropieza con el mismo obstáculo, cómo enseñar a sus pupilos a elaborar su propio análisis.
La complejidad del problema proviene, como ya comentamos, de que en la elaboración del análisis juega un papel determinante el antecedente, un concepto que como regla se encuentra reñido con la inexperiencia propia de la mayoría de los que acuden a las aulas universitarias.
Pero la solución es realmente sencilla. De muy poco o casi nada sirve relacionar características generales del género y enfocarse principalmente en teorías y enfoques sobre el tema. Más bien hay que seguir los pasos que siempre se han seguido en el aprendizaje de cualquier oficio. Más práctica, más taller.
Cuando un aprendiz llega junto a un maestro carpintero se sabe que si está el tiempo prudencial al final conocerá los secretos de la profesión y podrá realizar la actividad. El maestro trasmitirá sus secretos y habilidades involucrando desde el primer momento al principiante con aquello que está haciendo. Pues de eso se trata, hay que involucrar desde el primer momento al alumno con aquello que hacemos, hay que enseñarle análisis haciendo análisis. De lo que se deduce que difícilmente se pueda enseñar a realizar análisis si la elaboración de esos textos no ha constituido un hábito en el modo de vida del propio maestro. El alumno de análisis llega a un taller, quien habla desde el pizarrón, es un maestro “carpintero”.
En el taller del carpintero se comienza casi siempre por la última encomienda que alguien encargó al maestro, el aprendizaje se subordina a la demanda. Por eso el aprendiz va conociendo diferentes facetas del oficio no necesariamente concatenadas por una sucesión lógica, a no ser la de ir de tareas menos complejas a más especializadas, y luego de un tiempo prudencial, gracias a la repetición, él puede llega a armar el rompecabezas del oficio.
La diferencia entre el taller y el aula universitaria, a efectos de lo que nos importa, es sólo que en la segunda el pupilo debe encontrar un mayor nivel de pedagogía, es decir, un conjunto de procedimientos elaborados previamente y organizados de manera lógica y concatenada que contribuyen a facilitar un aprendizaje que es esencialmente práctico. A ese conjunto de procedimientos es lo que denomino “Hoja de ruta”. Y la “Hoja de ruta” comienza no con el antecedente, el ejercicio sin dudas más complejo, sino con la selección del título del análisis.
El título, claro está, refleja la idea más importante del texto, lo que pretende descubrir o lo que descubre el analista mediante su ejercicio. Es posible que el autor lo defina antes de comenzar la elaboración del texto, pero con frecuencia es sólo una afirmación preliminar que se afina una vez concluido el manuscrito. Cuando se alcanza un mínimo de destreza el título también puede ser una afirmación en apariencia incuestionable que luego el autor niega finalmente con los descubrimientos o conclusiones de su texto sorprendiendo al lector (“El paraíso en la otra esquina”, 2014, archivos).
La función del título preliminar es actuar como brújula, es la constelación que guía la navegación en medio de las penumbras. Facilita al autor concentrarse en el esclarecimiento del aspecto propuesto y no sucumbir a los numerosos cantos de sirenas que escuchará a lo lago de la redacción del texto. Los cantos de sirenas provienen de las atractivas concatenaciones que tiene cada fenómeno estudiado, que en caso de que se le prestara más atención de la debida, harían excesivamente extenso el análisis y, lo peor, podrían desviar al autor del cumplimiento de la misión central del ejercicio.
Por consiguiente, en la etapa inicial el importante rol que juega el título es recordarle al analista en qué dirección quiere avanzar. Finalizando el texto seguramente emerge un nuevo enunciado, mejor centrado en la historia, quizás hasta más más sugerente o artístico. Es resultado de que durante la escritura el autor descubrió características, nexos, relaciones causales que cuando empezó a escribir probablemente no la tenía con toda claridad en su mente. El título definitivo de un texto por tanto con frecuencia surge al despejarse completamente las penumbras, cuando amanece. En ese momento ya no es ni constelación ni brújula, sino pauta y rumbo, enunciado y tesis.
Es un error pensar que el título en un análisis tiene menos importancia que en el caso de una obra literaria. Todo lo contrario. El título sugerente tiene la virtud de seducir y atrapar al lector aún antes de que inicie la lectura, estimula sus “papilas gustativas” alertándole de que está a punto de digerir algo que puede ser una experiencia cognitiva agradable. Anuncia al lector que en la lectura del texto podrá apropiarse de la mística que lo envuelve, aún sin saber qué tema en concreto es el objeto de análisis. En “La insoportable levedad del ser”, Milán Kundera escribió que la coquetería es una promesa de un acto mucho más íntimo, el título del análisis siempre es promesa de buena o mala escritura.
Hay varios tipos de título, el propio asunto objeto de análisis, el estado de la creatividad del autor en ese momento y el tiempo disponible lo harán inclinarse por uno u otro.
El mensaje es que luego de concluido el texto el título debe repensarse, para que pueda cumplir la función para lo que está llamado verdaderamente a ser, un valor intrínseco, un atractivo indiscutido del manuscrito, una expresión de la cultura, del poder de síntesis, del vuelo literario e imaginativo del autor, una fina nota de la melodía que es capaz de generar. Si todavía no consigo explicarme lo expresaré con la terminología que se emplea hoy en todas partes, el título del análisis concentra casi todo el markenting del autor y del texto.
El aroma imaginativo de un título y del propio texto puede inferirse incluso por su abierta alusión a una conocida obra artística sea literaria, musical o cinematográfica. En este caso el autor selecciona premeditadamente como título de su texto el de una canción, película o libro conocido, ojo, siempre que con él pueda expresar la idea fundamental de su texto. Esa fue la premisa, por ejemplo, con la que trabajé la muerte del presidente argentino Néstor Kirchner (“El lado oscuro del corazón”, 2010, archivos). El potencial lector es sacudido por una curiosidad adicional, conocer qué relación guarda un título que ya previamente conoce con el análisis de una situación concreta y muy real, que hasta ese momento pensó que no guarda nexo alguno con la sugerencia del autor.
La realidad es que casi nunca un título bien pulido tiene como respaldo un mal texto. Y eso se debe a que un buen título es la última expresión de un texto bien meditado y mejor escrito en la que el autor ha logrado tocar las esencias del tema objeto de análisis, los sorprendentes nexos que guarda con eventos que tuvieron lugar en el pasado, que lo lleva a descubrir paradojas, a representarse imágenes metafóricas, a aproximarse a la poesía.
De lo dicho se deduce que no existe un solo tipo de título. Para ilustrar mencionaré algunos:
1.- Titulo directo, descriptivo: Es el título más difundido y a la vez el de menor elaboración. Suele contener o anunciar la idea principal del texto expresada llanamente sin trasfondos o sutilezas. A efectos del principiante constituye el ejercicio inicial, poder sintetizar en pocas palabras el sentido de su texto. A efectos del experimentado puede señalar excesiva prisa, poca imaginación y a veces, insuficiente profundización del tema (“Honduras: Claves del éxito golpista”, 2009, archivos).
2.-Título directo e interrogativo: Constituye una variante del tipo anterior. En este caso la idea fundamental del texto se presenta en forma de interrogante. Tiene la virtud de que no anuncia la conclusión del análisis sino que promete que la develará y por eso es más atractivo. Lamentablemente en no pocas ocasiones el desarrollo del texto no contesta la pregunta produciendo una verdadera sensación de estafa en el lector, aunque es válido emplearlo también cuando ciertas condiciones esenciales del fenómeno no han madurado lo suficiente y el autor se siente exclusivamente listo para enunciar varias hipótesis. Pero cuando durante el texto sí se responde la pregunta anunciada, es efectivo. Su fortaleza reside en que desde el inicio permite al lector conocer en qué va a invertir su tiempo y decidir si vale o no la pena (“¿Cómo supe que ganaría Santos?”, 2014, archivos; “Chávez: ¿Santo o demonio?”, 2013, archivos; “¿Por qué no cae Maduro?”, 2014, archivos; “¿Cómo atraer el voto estratégico?”, 2013, archivos)
3.- Indirecto, con intención literaria: La propuesta fundamental el texto no se da de manera frontal sino que es más bien una expresión de las paradojas que descubre el autor cuando profundiza en el objeto de análisis. La visión de esas contradicciones se sintetiza en un enunciado que reta la lógica pero que tiene un contenido profundamente real que el autor se ha encargado de develarnos en su texto. Sella el instante en que el análisis objetivo de lo real adquiere tonalidades artísticas aún sin que se hagan concesiones a la ficción (“Certezas de la incertidumbre”, 2013, archivos; “Sombras nada más”, 2014, archivos; “De idilios y desamores”, 2014, archivos; “La paz en los tiempos del cólera”, 2014, archivos, “El jardín de las dudas”, 2014, archivos; “Ciclones con nombres tiernos”, 2010, archivos)
4.-Título  indirecto, interrogativo, con intención literaria: Constituye la variante interrogativa del tipo de título explicado con anterioridad (“¿Cuatro años más?”, 2014, archivos; “¿Cómo abortar un idilio?”, 2014, archivos, “¿Cuánto dura un idilio?”, 2014, archivos).
5.- Título irónico: Es aquella propuesta o enunciado dirigido a satirizar la conexión develada por el texto del autor del evento incierto con hechos acontecidos con anterioridad ( “Juan Manuel, no es santo”, 2014, archivos)

Existen por lo menos dos formas de ejercitar el título entre los principiantes antes de que redacten su propio texto. La primera consiste en que los estudiantes identifiquen correctamente en el diario del día los tipos de título que emplearon cada uno de los analistas. El segundo ejercicio puede ser continuidad del primero y brinda un entrenamiento mucho más íntegro, se trata de que los alumnos lean los textos de los analistas y sean capaces de renombrar los textos. Aquí hay muchas opciones que deben trabajarse, si un analista utilizó un título directo, debe pedirse al pupilo no sólo que lo renombre respetando el tipo de título empleado con el autor sino que intente llevarlo a otra categoría si es que el texto se lo permite. Por llevarlo a otra categoría entiendo que, si el autor utilizó una forma directa  el ejercicio consiste en transformarlo en indirecto con intención literaria o viceversa, y si lo hizo indirecto y literario, que lo vuelva directo o directo interrogativo.
El objetivo es que cuando el pupilo tenga la responsabilidad por su propio texto ya haya acumulado cierta experiencia o hábito de repensar ese enunciado llamado a convertirse en su mejor carta de presentación, el título. (Continuará)

Orestes E. Díaz Rodríguez

Guadalajara, 4 e febrero 2015

* “Hoja de ruta” es continuación del artículo “Mostrando las herramientas”

Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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