¿Qué estudia la Ciencia Política y para quién lo hace?


ciencias sociales

Aunque no existe, ni siquiera entre politólogos, una visión consensuada acerca del objeto de la Ciencia Política, ¿es posible que las diferencias realmente no sean tan importantes como aparentan?
Mi intención es aclarar  ese punto contrastando las visiones al respecto de los politólogos Gustavo Ernesto Emmerich (2007) y Gianfranco Pasquino (2004).
Aunque el libro de Emmerich es posterior al de Pasquino iniciaré con el primer autor mi exploración. Son dos las razones de esa decisión, tengo la percepción de que es de más fácil comprensión la reflexión de Emmerich, y segundo, no percibo que entre ambos se estableciera un debate, lo contrario, al parecer cada cual llegó a sus conclusiones por separado a partir de referencias elegidas con absoluta independencia.
Emmerich se apoya en Duverger para adentrarse en la definición del objeto. Es el autor francés quien informa de una vieja polémica entre quienes opinan que la ciencia política tiene por objeto al Estado (su origen, instituciones, administración, aparatos coercitivos, etc.) y quienes afirman que su objeto es el poder político en sentido amplio (…no sólo el Estado, sino también partidos políticos, sindicatos, empresas y sus asociaciones, medios de comunicación masiva, organizaciones no gubernamentales, intelectuales y ciudadanos comunes tiene alguna cuota de poder político).
Rápidamente queda en desventaja la visión que pone el acento en el Estado, excluye demasiados “entes” notoriamente relacionados con la política. Es fácil observar esa perspectiva cuando el autor define poder político como “aquel que se ejerce sobre una sociedad, por personas autorizadas a tal efecto, y que dispone de un aparato coactivo (el Estado) para imponerse en caso de desobediencia” (Emmerich, 26). ¿Cuál es el objeto entonces de la Ciencia Política? “Ocuparse de todo tipo de fenómenos sociales (relaciones, estructuras, instituciones) en la medida en que éstos afecten a, o influyan sobre, el poder político” (Emmerich, 26).
Muchos estudiosos seguramente coincidirán con esa perspectiva, lo curioso es que nuestro autor inmediatamente la dinamita para generar una nueva visión del objeto. ¿Con ayuda de qué concepto Emmerich torpedea el objeto de estudio bajo su línea de flotación? Con el de coacción. Su percepción es que lo distintivo tanto para el poder político como para el Estado es la coacción y que debido a ello la ciencia política puso el acento en relaciones de mando y obediencia: el ejercicio del poder, las modalidades de la dominación, la dialéctica amigo-enemigo, las instituciones del Estado. “Tal tipo de conceptualización de la ciencia política deja un amargo sabor de boca. Si ésta es la ciencia que se ocupa del poder, hay sólo un paso para decir que es la <ciencia del poder>: la ciencia de los poderosos, o de quien desean serlo” (Emmerich, 26).
¿Ante qué clase de argumento nos encontramos? ¿Es un argumento que refleja una dinámica real o simplemente se trata de un razonamiento forzado o voluntarista?
Como ciencia del poder político de ninguna manera excluiría a los actores sociales tradicionalmente marginados de sus beneficios, a las formas y medios en las que estos pueden ponerlo en función de intereses menos restringidos. Tampoco a sus adversarios, lo detentores del poder. Así que la definición del objeto bien podría quedar en esos términos. A no ser que el autor conscientemente desee llamar la atención sobre una nueva y específica perspectiva, con el argumento que no estaría incluida en el objeto anteriormente enunciado. Y esa es precisamente la intención de Emmerich, superar el amargo sabor de boca con una tercera definición, que cumple los requisitos de actualidad, antigüedad, conexión con las aspiraciones de la democracia y recupera además la etimología de las palabras y del origen mismo de la política y del pensamiento político (Emmerich, 26). ¿Cómo se define ese objeto supuestamente más acabado? “La Ciencia política es la ciencia de la política, o sea la ciencia de la actividad pública de los ciudadanos, la ciencia de la república” (Emmerich, 26)

¿Qué aporta nuevo la tercera definición? No sólo abrir el abanico al estudio de todo tipo de fenómenos sociales sino inducir a que no sólo se estudien las relaciones de mando y obediencia, sino las relaciones que se entablan entre quienes no tienen ningún poder político efectivo, y entre éstos y los poderosos.
Finalmente el propio Emmerich reconoce que la ruptura con el segundo objeto no es total, “la ciencia política sigue ocupándose del poder político, pero no sólo del poder de élites, grupos dirigentes o partidos, sino sobre todo del poder ciudadano, del poder del único soberano en una sociedad democrática. El poder del pueblo” (Emmerich, 27)
Preguntémonos, ¿cuál es la trayectoria seguida por Emmerich  en la definición del objeto de estudio? Lo que el autor hace sucesivamente es extender el campo de visión, del concepto de <Estado> nos vamos al de <poder político>, mucho más amplio; y al estudio de las élites y de las relaciones de obediencia es incorporada la investigación sobre la actividades e intereses del ciudadano en cuanto a poner las relaciones de poder en función de la sociedad y no de unos pocos. La tercera definición es un desarrollo del contenido  de la segunda, pero un desarrollo que llama a poner el énfasis en un contenido al parecer incluido pero una y otra vez pasado por alto. Un contenido esencial a ojos del autor, fruto de una asimilación clasista del objeto de estudio que lo convierte de una definición generalista, sólo en apariencia al servicio de todos, en una definición instrumentalista, es decir, al servicio de un agente o actor de cambio en específico:< los que no tienen ningún poder político efectivo>.
Ahora, cuál es la ruta que sigue Pasquino y cómo define el objeto de estudio. Su ruta es la historia de la evolución de la Ciencia Política. “Desde el principio el objeto calificador aunque no exclusivo del análisis político se ubicó en el poder. Las modalidades de adquisición y de utilización del poder, su concentración y su distribución, su origen y la legitimidad de su ejercicio, su misma definición como poder específicamente “político” han permanecido en el centro de todo análisis político desde Aristóteles hasta Maquiavelo, desde Max Weber hasta los politólogos contemporáneos (Barry, 1976; Barnes, 1988)” (Pasquino, 13).
Apunta Pasquino que el concepto poder a menudo ha sido sustituido, particularmente en los últimos dos siglos, por el Estado. Sin embargo, a mediados del siglo XX quedó claro que ni el poder ni el estado podían ser el objeto de la Ciencia Política. ¿Qué fue lo que condujo a que esos conceptos perdieran eficacia como paradigmas? El poder es demasiado amplio y su calificativo de político debía ser concretado con precisión, sin remitir al Estado, “ya que las sociedades sin Estado manifestaban la existencia consistente y visible de actividades políticas” (Pasquino, 13). La política y el poder que calificaba debían liberarse de su relación con el Estado, porque la política ha estado presente aún sin que existiera estado. Entonces llegan los trabajos de David Easton en los que la política es “una actividad de asignación imperativa de valores para una sociedad” (Pasquino, 15).
¿Quién no ha escuchado y empleado esa frase de Easton desde entonces? ¿Pero qué quiere decir? Pasquino explica, son las autoridades las que producen las asignaciones imperativas de valores, tienen la potestad y el derecho de decidir de qué manera y en base a qué consideraciones y evaluaciones serán asignados los recursos producidos y anhelados por los integrantes, cargos, trabajo, remuneraciones monetarias y de prestigio y prestaciones. ¿Pero por qué son imperativas las asignaciones? Porque las autoridades son capaces de obtener el respeto a sus decisiones o de hacerlas valer también ante la oposición de grupos o asociaciones mediante la coacción (Pasquino, 16). La relevancia de Easton en cuanto al objeto de estudio de la Ciencia Política es que consigue definir lo que es propiamente político como adjetivo de poder y sin reducirlo a la existencia del estado. Si lo político es asignación imperativa de valores, “entonces hay política también en las sociedades sin estado, dentro de las organizaciones partidistas y sindicales, en el ámbito del parlamento, en las relaciones entre el ejecutivo y el legislativo, es decir donde quiera que se asignen valores” (Pasquino, 18).
Cómo queda en opinión de Pasquino la definición del objeto después de los aportes de David Easton. “La definición más correcta y más precisa de Ciencia Política, entonces, es la que se refiere al estudio de las modalidades, complejas y mutables, con las cuales los diversos sistemas políticos proceden a la asignación imperativa de valores. Para ahondar más: ¿qué tan imperativa es esta modalidad de asignación y cuáles valores son asignados imperativamente?” (Pasquino, 18).
¿Cómo queda nuestra comparación entre la visión de Emmerich y la de Pasquino? ¿Son próximas o realmente distantes? Hay que decir que aunque nos seduzca la perspectiva de Emmerich, porque pone la Ciencia Política al servicio de los que no tienen ningún poder político efectivo, teóricamente es mucho más sólida la argumentación defendida por Pasquino sobre la base de los aportes de Easton. Pero no se encuentran de ninguna manera reñida ni distante si en lugar de legitimar las modalidades de asignación imperativa de valores existentes, nos proponemos revelar de qué modo es posible que esas modalidades no continúen siendo perversas sino cada vez más equitativas, democráticas y justas. Ahí es donde se enriquecen mutuamente las visiones de uno y otro autor. En mi opinión es tan importante definir correctamente <lo político> cómo desde qué intereses abordaremos en definitiva su estudio. Pensar que el abordaje científico de <lo político> tiene lugar al margen de cualquier interés, es simplemente perpetuar el mecanismo de apropiación de los que salen más favorecidos con la asignación imperativa de valores existentes.

Tulum, 12 de Octubre, 2015

Orestes E. Díaz Rodríguez

Bibliografía:
1.- Pasquino, Gianfranco, Nuevo curso de Ciencia Política, México, FCE, 2011
2.- Gustavo Ernesto Emmerich y Víctor Alarcón Olguín, coordinadores, Anthropos, Universidad Autónoma Metropolitana, Barcelona, 2007

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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