“Maniobras fallidas”. ¿Por qué pasaron a segunda vuelta las elecciones argentinas y también mi pronóstico?


Macri baila
Mi pronóstico acerca de que la elección presidencial argentina se decidiría en primera vuelta falló. Mi tesis de que “la elección pasa a segunda instancia por muy poco o no pasa también por muy poco” (“El nautilus kirchnerista”, Octubre de 2015, archivos) fue refutada en la medianoche argentina cuando comenzaron a publicarse los primeros resultados oficiales de los comicios y el candidato conservador de “Cambiemos”, vaya paradoja, Mauricio Macri, luego de más del 60% de escrutinio encabezaba la votación.
En definitiva, el candidato oficialista Daniel Scioli, finalmente resultó el ganador de la etapa, pero con una diferencia muy lejana al diez por ciento que necesitaba para definir la elección en esa instancia. La ventaja que Scioli saca a Macri luego de contabilizados el 97% de los votos es de 36,86 contra 34,33%, aproximadamente 2,5% de diferencia, o sea, entre 5 y 7 % menos que lo que pronostiqué.
No fui el único en errar.  Todos los vaticinios de encuestas y analistas fracasaron. Nadie esperaba ni ver a Macri encabezando la elección ni que perdiera por tan escasa diferencia. Pero, en realidad, el dato de que los demás se equivocaron importa poco y en nada ayuda utilizarlo como escudo. Todo lo contrario.
La verdadera contribución a mi propósito pasa por encarar las preguntas más simples: ¿por qué falló mi pronóstico? ¿Hubo algo que no hice bien? ¿Qué fue? ¿Es posible enmendarlo en futuras predicciones?
Las conclusiones generales emanadas del análisis comparado apuntaban a que el mecanismo electoral argentino está diseñado para una definición en primera etapa. Ahí no está el fallo. Pero esa conclusión no se debe inferir mecánicamente, es decir, no se puede “imponer” a una nueva experiencia, es sólo probabilística. El vínculo entre el análisis general (comparado) y el caso particular se produce a través de una herramienta llamada análisis de coyuntura. Y es allí donde se ubican mis errores.
¿Cuáles fueron?
Uno de ellos fue que pese a constatar que entre las elecciones primarias (PASO) y las presidenciales se puede producir un incremento de la participación, algo que aconteció en 2011, es decir, un volumen importante de gente que no votó en las PASO sí lo hace en la presidencial, no supe qué interpretación dar a ese dato.

En concreto, llegué a preguntarme ¿qué pasa con la gente que no votó en agosto y que ahora podría concurrir como pasó en 2011, cuando el 71% votó en las PASO y el 77% en las presidenciales? Nuevamente volvió a manifestarse ese fenómeno en 2015, 71% de participación en las PASO y 80% en las presidenciales. Pero no encontré respuesta. No supe interpretar esa dinámica e incorrectamente la descarté. ¿Qué había que hacer en realidad con esa variable incierta que no alcancé a develar con mis instrumentos? Hoy comprendo que las variables inciertas no hay que descartarlas de forma inconsciente como incómodas. ¡Todo lo contrario! Hay que registrarlas, reconocerlas, juntarlas y si una elección tiene varias de ese tipo o naturaleza, mayor razón para no embarcarse en un pronóstico que apostaba por el resultado más temerario.

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Mi análisis anterior también pasó por alto otros “focos rojos” o zonas de dudas. Pasar por alto es aún más lastimoso porque no significa que no los viera previamente, sino que los visualicé pero no los sopesé como se debía. En la decisiva provincia de Buenos Aires la candidata de “Cambiemos”, María Eugenia Vidal, venía registrando una buena campaña y una mejor intención de voto. En ese dato coincidían las encuestadoras y los analistas. Al mismo tiempo el candidato oficialista Aníbal Fernández, Jefe de Gabinete de Cristina Fernández, no fue nunca bien visto, algunos analistas lo caracterizaban como verborrágico, sofista y de pobre imagen. A esa situación se añadía que la gestión de Daniel Scioli como Gobernador durante ocho años en la provincia había sido opaca, y es precisamente en esa provincia donde se encuentra el bastión del otro candidato importante de la elección presidencial, Sergio Massa. ¿Qué indicaba todo eso? ¿Qué pude inferir?  Que en la provincia decisiva debido a su monumental padrón, la intención de voto se encontraba dividida o fragmentada. ¿Qué otra lectura pude hacer ? Que la contienda en la decisiva provincia de Buenos Aires no sería nada fácil para el oficialismo por lo que el caudal de recaudación de votos allí podría verse seriamente afectado, como en realidad ocurrió. Finalmente, allí la candidata de “Cambiemos” se impuso. Un triunfo de la agencia sobre las estructuras corporativas del oficialismo. Vislumbrar de antemano un potencial triunfo en provincia de Buenos Aires de “Cambiemos” o al menos una contienda reñida, era suficiente para comprender que la elección presidencial tenía grandes probabilidades de irse a una segunda vuelta, como en definitiva aconteció.
Otro punto ciego en mi análisis fue visualizar un problema de acción colectiva en la oposición, al presentarse varios candidatos que tienen el efecto de dispersar el voto, pero al mismo tiempo no entender que el oficialismo tenía a su vez, por primera vez, también un problema similar. Los sciolistas y los kirchneristas tienen una difícil convivencia. La división y la desconfianza mutua seguramente no se manifiestan en cuanto al voto, pero sí en su incapacidad de resultar atractivos para otras fuerzas y especialmente en su capacidad para perder votantes a manos de la candidatura de Sergio Massa, que en realidad es un desprendimiento natural del kirchnerismo y del sciolismo. ¡Allí estaba también solapado su problema de acción colectiva! ¿Y qué pasa en una instancia que se maneja con umbrales relativamente altos cuando los actores principales, oposición y gobierno tienen el mismo problema de acción colectiva?
Por último, cuánto pesó la ausencia de Daniel Scioli en el debate presidencial, su apuesta por no hablar claro y mantener un perfil bajo para no tensar la relación entre las dos fuerzas que él encabeza, las huestes de la presidenta y sus propios partidarios.
Sólo  haber agrupado previamente las variables inciertas, como haré con seguridad en lo adelante, me hubiera permitido visualizar el riesgo que entrañaba apostar por el escenario más temerario, ya que exigía que el ganador alcanzara una diferencia de 10% de los votos con relación al segundo lugar, cuando tal resultado ni siquiera fue posible en las PASO.
Pero las omisiones en mi proceso de pronóstico de ninguna manera fueron accidentales. Seguramente, tienen que ver ante todo con cierta predisposición subjetiva a ubicarme ideológicamente sino cerca, sí en una posición de protección del legado de Cristina Fernández de Kirchner. No de aquel que tiene que ver con el enriquecimiento ilícito o la prepotencia, sino con la Argentina que recibieron los Kirchner en 2003 y la que entregan.
Pero hay que aprender que un pronóstico no entiende de nostalgias y mucho menos de lágrimas.
Orestes Enrique Díaz Rodríguez
Tulum, Octubre 26, 2015

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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