“Insumos de la predicción electoral en la tradición del institucionalismo racional” (final)


cómo

V
De las ideologías como instrumentos de captación de votos.
La incertidumbre a la vez que segmenta a los votantes y genera espacios para la dinámica de los líderes restringe también la capacidad de los votantes para relacionar cada acto de gobierno con la propia opinión sobre la sociedad ideal. Muchos son los aspectos que los votantes desconocen. Por ejemplo, no conocen con detalle en qué consisten las decisiones del gobierno, no siempre pueden prever el alcance de todas sus decisiones y tampoco saben con antelación qué problemas es probable que se le plantee al gobierno en el próximo período electoral.
Dadas esas condiciones son muchos los votantes para los que resultan útiles las ideologías de los partidos por librarles de la necesidad de relacionar cada cuestión con la propia filosofía. Las ideologías les ayudan a centrar su atención en las diferencias entre los partidos. Con ese recorte los votantes pueden ahorrar el coste de informarse sobre una amplia gama de cuestiones.
La referencia ideológica representa un ahorro en los costes de informarse para muchos votantes que en lugar de comparar el comportamiento del gobierno con las propuestas de la oposición, compara las ideologías de los partidos y apoya la que más le gusta. Vota sobre la competencia ideológica, no sobre cuestiones concretas. ¿Es racional la conducta? Sí, en dos situaciones: 1) una vez informado razonablemente, el votante no es capaz de distinguir entre los partidos en base a las cuestiones, sino de las ideologías; 2) vota por las ideologías para ahorrar el coste de informarse sobre cuestiones concretas.
Claro está, es un recurso limitado, pues por ejemplo, los votantes bien informados que utilizan las ideologías como último recurso a la hora de decidir, dejarán de votar cualquiera que sea su diferencia ideológica, si la diferencial de partido es nula en varias elecciones sucesivas.
Las ideologías son útiles también a los partidos para ganar el apoyo de diversos grupos sociales y para simplificar las decisiones acerca de qué políticas les reportará más votos.
El grado de proximidad que alcance la política de los partidos con su ideología se refleja en los conceptos de partido fiable y partido responsable.
Un partido es fiable si sus declaraciones de política al comienzo del período electoral, incluidas las de su campaña previa a las elecciones, sirven para prever con exactitud su comportamiento durante el período. En tanto, un partido es responsable si su política en un período es congruente con sus acciones o declaraciones en el período precedente, esto es, si no repudia sus posiciones anteriores al formular el nuevo programa.
El partido en el poder no necesita ser fiable con tal que sea responsable pues sus acciones corrientes constituyen una guía para su actuación futura mejor que sus declaraciones actuales. En tanto si un partido de la oposición no es fiable será incapaz de ganarse la confianza y por tanto los votos de los ciudadanos racionales (Downs, 103-122).
Los conceptos que maneja esta sección resultan también de gran utilidad, sin dudas constituyen insumos. En primer lugar, porque subrayan el rol que cumple la ideología como mecanismo de recorte de los costos de información de la votación. Aunque desde luego ese mecanismo opera solo de manera favorable en la medida que la distancia entre la política concreta de cada partido y la ideología que profesa es relativamente corta. De lo contrario se afectaría de manera irremediable la función que está destinada a cumplir lo que en la práctica significaría un debilitamiento de la confianza en la institución y un alejamiento de antiguos votantes. De aquí que para los elaboradores de pronóstico puede resultar de interés constatar cualitativamente, es decir, apoyándose en criterios de expertos, cuál de las ideologías en disputa podría encontrarse en una situación de declive, por influencias nacionales o incluso regionales, o ha resultado más vapuleada por las acciones políticas concretas.
En segundo lugar, el concepto de partido responsable se conecta directamente con el punto medular de una elección comentado en la sección III, la evaluación de la gestión del gobierno saliente. ¿Qué tan responsable ha sido el gobierno en funciones en el período entre elecciones? ¿Acaso su discurso de responsabilidad durante la campaña contradice abiertamente las realidades de su responsabilidad durante la gestión que finaliza?
En tercer lugar, el concepto partido fiable contribuye a abrir una perspectiva nueva a tener presente también en la elaboración del pronóstico. Hasta el momento no habíamos abordado esa dimensión, dado el objetivo de fundamentar que una elección trata fundamental y principalmente sobre el desempeño del gobierno en funciones, y que el análisis de esa dinámica es el punto de partida a efectos de deducir una tendencia dominante en la trayectoria de las preferencias de los votantes. Pero en una competencia es menester centrarse en todos los actores principales que contienden, debido a que las debilidades de uno pueden potenciar las fortalezas de sus adversarios. Por eso es imprescindible enriquecer el análisis del desempeño del gobierno con la evaluación de lo que ofrece como fuerza alternativa la oposición; qué tan fiable es realmente el partido o los partidos que intentan desplazar del poder al partido o gobierno que está concluyendo el mandato. En dependencia del grado de fiabilidad que tengan esas alternativas políticas se establecerán los umbrales de desempeño que los votantes reclamarán del oficialismo. Si la fiabilidad en la oposición es alta, el umbral exigido a la gestión del gobierno saliente también lo será, por lo que a fines de retener el poder las credenciales que exhiba deberán ser diáfanas, contundentes y favorables. En cambio, si la oposición no es fiable, el umbral exigido al gobierno probablemente será bajo y las credenciales que exhiba podrán ser ambiguas, relativas y hasta contradictorias, pero aun así, cumplir su objetivo de no traspasar las riendas.
VI
De la competencia espacial
Dado que las ideologías son auténticos instrumentos para conseguir votos es importante definir qué condiciones del sistema político resultan más o menos favorables a que se expandan o cambien de contenido de acuerdo con las maniobras de los partidos para llegar al poder.
La forma de la distribución numérica y espacial de los votantes es uno de los factores clave que explica que el sistema político contenga dos o más partidos. Como regla en un sistema multipartidista los votantes están distribuidos de forma más o menos igual a lo largo de la escala espacial que va de la extrema izquierda a la extrema derecha. Mientras en un sistema bipartidista es resultado de una distribución diferente consistente en que los votantes se concentran hacia el centro de la escala espacial siendo menos numerosos hacia los extremos.
El primer efecto de esa distribución espacial de los votantes es que es probable que en los sistemas multipartidistas los partidos traten de distinguirse ideológicamente entre sí y de mantener la pureza de sus posiciones, mientras que en los bipartidistas cada partido tratará de asemejarse a su oponente tanto como pueda.
Por tanto, los votantes de sistemas multipartidistas se hallan probablemente más expuestos a la influencia doctrinal, en cuestiones de ideología y política, que en los sistemas bipartidistas. Es muy probable que los votantes de sistemas bipartidistas consideren como factores decisivos características no ideológicas de los candidatos y partidos.
En cambio, los votantes de sistemas multipartidistas cuentan con una gama de opciones ideológicas, con partidos que recalcan, en lugar de atenuar, sus diferencias doctrinales. De ahí, que comúnmente es más racional en un sistema multipartidista considerar las ideologías como factor decisivo que en uno bipartidista.
Cuando la estrategia racional del partido consiste en adoptar una gama de políticas que cubra todo un sector de la escala izquierda-derecha el juicio del votante tendrá dos dimensiones: ha de equilibrar la posición neta del partido (la media de sus políticas) con su dispersión.
Otra conclusión asociada con la distribución de votantes es que los viejos partidos son ideológicamente inmóviles, es decir, no se adaptan rápidamente a las variaciones de la distribución de votantes; en cambio los nuevos partidos pueden adoptar la posición que les resulte más ventajosa.
La distribución de los votantes a lo largo de la escala política de la nación es uno de los determinantes básicos de su evolución política. De este factor depende, en gran parte, que la nación tenga dos o más partidos principales, que la democracia conduzca a gobiernos estables o inestables y que se produzca una continua sustitución de partidos antiguos por nuevos o que estos representen un papel meramente secundario (Downs,123-152).
La distribución espacial de los votantes, ¿constituye un insumo de la predicción electoral en la forma en que la concebimos a lo largo de este artículo?
La distribución espacial de los votantes registrada particularmente tras cada elección general, así como los pronósticos sobre su posible dinámica a corto plazo, también constituyen un insumo de la actividad predictiva. Se trata de datos duros que en algunos sistemas políticos cuyo calendario electoral contempla la realización de elecciones primarias generales o en los que la elección de presidentes tiene lugar a dos vueltas se obtienen, aunque en ciertos casos parcialmente, incluso con un nivel de actualización importante.
Una lectura adecuada de la distribución espacial de los votantes a lo largo de la escala política en cada período contribuye a revelar que partidos estarían en mejores condiciones potenciales de conseguir el respaldo necesario para imponerse en los comicios, especialmente si se es capaz de acotar el rango medio que abarca la gama de sus políticas y propuestas y además determinar con cierta precisión los efectos de la dispersión.
Es necesario entonces contestar la interrogante que parece surgir: ¿a qué dimensión del análisis debe privilegiar entonces el investigador cuyo principal objeto es la elaboración de un pronóstico? ¿Debe priorizar el análisis de la competencia espacial en detrimento de la evaluación del desempeño del partido o gobierno en el poder o viceversa? Ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario. Ambos análisis se complementan, y si los datos e indicadores de uno y otro resultan accesibles y fiables, no hay ninguna razón que impida que contraste los resultados que cada uno arroja, duplicando con ello la superficie total en la que se asienta el pronóstico. Es la misma situación que se le puede presentar a un estudioso de la Luna, ¿acaso debe determinar las propiedades más sobresalientes del satélite sólo a partir de la observación de la cara que siempre presenta a la Tierra? Es posible que con ello resulte suficiente, pero, ¿su investigación no tendrá mucho más alcance y fiabilidad si se las ingenia para que también cubra el 41% restante, los 15,5 millones de kilómetros cuadrados que tiene el lado oculto?
VI
De las conclusiones
El objeto primario del presente artículo fue responder a la pregunta de si el institucionalismo racional ha sido capaz de generar insumos que pudieran ser aprovechados para la predicción electoral. Pero esta última es entendida en este ámbito en una dimensión diferente. Mientras la predicción electoral tradicional se basa fundamentalmente en interrogar al elector sobre sus preferencias (encuestas y sondeos de intención de voto), el tipo de predicción electoral que exploramos no interroga a los ciudadanos sino que intenta deducir (inferir) la tendencia mayoritaria de sus preferencias evaluando el impacto que en el ejercen dinámicas a la que está sometido a lo largo de un mandato determinado. La principal de esas dinámicas, integrada a su vez por varias potentes subdinámicas, es la gestión del partido en el gobierno.
El legado del institucionalismo racional consiste en el desarrollo de conceptualizaciones que contribuyen a la comprensión el mecanismo de toma de decisión del voto; lógica básica de la votación, ideologías como forma de captación del voto, partido responsable y fiable y distribución espacial de los votantes en la escala política, constituyen, entre otros, ejemplos al respecto. Al arrojar claridad sobre el mecanismo de votación y la existencia de una distribución espacial relativamente dinámica, el institucionalismo racional construye premisas para una futura actividad predictiva, asuma esa expresión la forma tradicional o experimental, aunque referentes de la tradición defiendan que el desenlace de las elecciones libres no se puede prever (Downs, 83). Es una situación curiosa y solo en apariencia contradictoria, pues la tradición hermenéutica reconoce que ni el más consciente autor es capaz de prever las implicaciones más profundas de su propia obra.
En cuanto a la predicción experimental, a nuestro juicio, el insumo fundamental que aporta el institucionalismo racional lo constituye el fundamento o anclaje subyacente en la mayoría de las conceptualizaciones, y que no es otro que el reconocimiento del protagonismo que tiene en una elección el desempeño del partido en el poder. Este es un aspecto tan obvio que a primera vista sorprende que haya sido relegado en el análisis predictivo. Precisamente, la intención experimental consiste en rescatarlo, situándolo en el lugar que le corresponde. La tradición racional se centra en obtener una radiografía del votante, viendo en esa dimensión la única llave hacia la predicción de las preferencias. Pero si el comportamiento del votante (sujeto reflejante) es siempre una reacción ante el desempeño del gobierno (objeto reflejado), entonces en la evaluación de la gestión gubernamental encontraremos claves del desenlace de una elección. El resultado de la elección no gira estrictamente en torno al votante, aun sonando herético, lo que él piensa y su propia decisión es sólo un reflejo más o menos complejo, en cambio, la fuente del desenlace gira en gran medida en torno al fenómeno original reflejado, esto es, el gobierno y su gestión. El propio Downs no tiene ninguna duda al respecto, en numerosas ocasiones destaca que la elección versa ante todo sobre el desempeño del gobierno. El lente siempre ha estado insuficientemente enfocado, apuntando unilateralmente hacia uno sólo de los elementos de la interacción, es posible que en eso influyera la tradición conductista.
Un lente con un enfoque adecuado es aquel que nos conduce a identificar áreas claves de la gestión (economía, seguridad, trasparencia y comunicación) con un impacto directo en la renta del ciudadano y por consiguiente en la determinación de sus preferencias, y a visualizar al candidato del partido oficialista (siempre que no recaiga el rol en el ejecutivo en funciones), como el agente que verdaderamente es, una extensión potencialmente conflictiva del gestor. Una combinación entre resultados comparativamente negativos en áreas clave y el desencuentro entre la narrativa de desempeño sugerida desde el gobierno y la que defiende su “propio” candidato, es prácticamente suficiente para concluir que las preferencias van a cambiar. Quedaría aclarar a favor de quién. ¿Cómo resuelve esa situación la propuesta experimental?
Cierta perspectiva al respecto se ofrece en la sección V con el apoyo de otro insumo, partido fiable. Lamentablemente, las conclusiones no son el lugar propicio para extendernos en ese aspecto, a lo sumo constituyen el lugar idóneo para confirmar que en el legado de la tradición racionalista se encuentran importantes insumos para la predicción electoral con independencia de que el que a nuestro juicio resulta principal, sea subyacente a su narrativa o se encuentre desenfocado.

Orestes E. Díaz Rodríguez

enero 12/ 2016

Bibliografía:
1.-Anthony Downs, Teoría económica de la democracia, Aguilar, s a de ediciones, Madrid, 1973
2.-Peters, G. B, Institutional Theory in Political Science. The << New Institucionalism>>, Continuum International Publishing Group Inc., 1999

 

 

 

Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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