¡Adiós al cuestionario! La ruta para disminuir la dependencia de las encuestas.


investigacion
Filosóficamente hablando la predicción es la actividad que permite al hombre anticipar la trayectoria de fenómenos y procesos, disminuyendo costos y tiempos y elevando la eficiencia de su movimiento en el espacio. La trascendencia de la función predictiva llevó a Immre Lakatos a destacar que, “la principal señal de mérito de un programa de investigación es la medida en que es capaz de conducir a predicciones nuevas que resultan confirmadas” (Immre Lakatos, citado por Chalmers, 140, 2000).
Por su parte, la predicción electoral es la actividad metodológicamente sustentada, encaminada a anticipar el desenlace potencial de la elección de los representantes. En sentido estricto, responde a la pregunta de < ¿quién será el ganador de una elección dada?>
La predicción de los resultados electorales es necesaria a los partidos para competir de una manera más racional en la contienda; a las élites políticas y económicas que hacen todo tipo de apuestas sobre los posibles ganadores; también son del interés de los medios de comunicación que se comprometen con los políticos y sus programas; y naturalmente, de los electores que reciben ganancias simbólicas y satisfacciones asociadas al triunfo de su partido o candidato y a la ulterior aplicación de políticas públicas mediante las cuales sentirán que cierto tipo de problemas están resueltos.
Para la Ciencia Política el tema de la predicción electoral plantea un reclamo, y también genera un incentivo. El reclamo obedece a que el estudio de los procesos electorales se encuentra en el corazón de la escala espacial de competencias de la disciplina; el incentivo, por su parte, descansa en que la irrupción del fenómeno electoral es planificada, los comicios jamás irrumpen sin previo aviso. Se trata de una diferencia crucial con la mayoría de los demás procesos de constitución compleja y trayectoria incierta que irrumpen de golpe, obligando a los diferentes agentes a lidiar con ellos desde la contingencia, la imprevisión y el desconcierto.
El gravamen de la actividad predictiva ha recaído fundamentalmente en: 1) las encuestas y sondeos preelectorales (conjunto de preguntas tipificadas dirigidas a una muestra representativa para averiguar estados de opinión o diversas cuestiones de hecho, Daniel Cabrera, 2010); y en menor medida, 2) en el Análisis Político (subdisciplina de la Ciencia Política que estudia la comprensión de situaciones políticas concretas como resultado de una determinada correlación de fuerzas entre diferentes actores, y de la sedimentación de sentidos compartidos que ordenan de una forma y no de otra, las percepciones de los actores, sus alineamientos y, en fin, el campo de lo político; Errejón, 2012).
Tres características sobresalen en las encuestas vistas como instrumentos de predicción electoral:
1.-Que su supuesta capacidad predictiva es negada rotundamente por académicos y encuestadores que alegan que no están concebidas para esa función que les ha sido atribuida o etiquetada erróneamente por los medios. Para esa perspectiva, las encuestas no se comprometen con precisión y exactitud. No son instrumentos de pronóstico (Korn, Anduiza y Bosch, Estrada, Durán Barba y Santiago Nieto, Javier Alagón, Trejo Delarbre, entre otros).
2.- Que su verdadera contribución es la de constituir una medición, < foto fija algo borrosa de los electores> en un momento determinado o diagnóstico que en ciertas condiciones puede aproximarse al resultado final, con un margen de error establecido (Murilo Kuschick, Anduiza y Bosch, etc.).
3.- Que la evidencia empírica de eventos electorales de relieve en el hemisferio occidental, y específicamente en el caso de México, apuntan a que con llamativa regularidad los márgenes de errores de las encuestas son sobrepasados.
En cuanto al Análisis Político, enfocado como instrumento de predicción electoral, las características que sobresalen son menos alentadoras:
1.- Lo caracteriza la falta sistemática de respaldo metodológico que lo lleva a a ser confundido con el sano ejercicio de opinar de manera cotidiana sobre la coyuntura política (Errejón, 2011).
2.-También, la subordinación casi absoluta del pronóstico electoral, cuando es emitido, a los resultados que van arrojando las propias encuestas, siendo arrastrados al error o el éxito en la misma medida en que los propios sondeos fallan o aciertan (“efecto arrastre”).
Dado que la ausencia de una base metodológica de pronóstico autónoma en el análisis político, condiciona su subordinación a los resultados que arrojan las encuestas preelectorales, es necesario concentrarnos exclusivamente en las características ya mencionadas de estas últimas. En ese sentido, son observables en los diferentes autores las propensiones siguientes en la teorización del vínculo entre encuestas y capacidad predictiva:
a) Una tendencia teóricamente injustificada a la identificación entre pronóstico (predicción) y certeza absoluta.
b) Una tendencia a ignorar y fracturar la relación dialéctica entre diagnóstico y pronóstico: no hay pronóstico sin diagnóstico, el diagnóstico por sí solo no constituye un pronóstico, pero cuan factible es que la elaboración del diagnóstico no conduzca a sus gestores a traspasar, aunque sea condicionalmente, los propios límites del ejercicio realizando inferencias sobre el futuro.
Esas observaciones nos sitúan ante los siguientes caminos:
1.- Si aceptamos que las encuestas no tienen capacidad predictiva, entonces el abordaje de los procesos electorales ha carecido por completo de esa perspectiva y constituye un espacio virgen pero imposible de cubrir porque se compromete a la predicción con el alcance de certeza absoluta.
2.- Si aceptamos, en cambio, que las encuestas tienen capacidad predictiva dentro de un margen de error determinado, lo que hay es que constatar por qué los límites son sobrepasados y con qué frecuencia ocurre.
La segunda consideración nos lleva a lo que Vidal Romero (2011) sintetizó como causales generales que explican las diferencias entre encuestas y elecciones: efectos de casa encuestadora y efectos de elección. Los efectos de casa encuestadora apuntan a que la diferencia entre los datos de intención de voto de la encuesta y el resultado electoral se generan por sesgos sistemáticos de cada casa encuestadora (por ejemplo, sesgos debidos al diseño del cuestionario, trabajo de campo o diseño de muestra). Mientras los efectos de elección señalan que la diferencia entre la encuesta y la elección se deben a eventos contextuales específicos de una elección que no son considerados por el encuestador y que sesgan la estimación de las preferencias electorales (ejemplo eventos impredecibles, ocultamiento de preferencias de los entrevistados y alianzas electorales)
En cuanto a la relación de comicios en que las encuestas han excedido sus márgenes y el registro de la eficiencia mostrada por el instrumento en el caso de las elecciones presidenciales de México, los datos son los siguientes:
Relación de comicios altamente visibles de 2010 a la fecha donde las encuestas prelectorales excedieron sus márgenes de error en parámetros como: potencial ganador de la elección y/o diferencia entre primero y segundo lugar.
Tabla 1
Año  Tipo de elección País

2010 Presidencial Colombia
2010 Gobernadores México
2011 Referéndum Ecuador
2012 Presidencial México
2013 Gobernador México (Baja California)
2014 Diputados y senadores EE.UU
2014 Presidencial Panamá
2015 Generales Israel
2015 Generales Reino Unido
2015 Gobernador Nuevo León
2015 Asamblea legislativa Distrito federal, México
2015 Jefe de Gobierno Buenos Aires, Argentina
2015 Referéndum Escocia
2015 Presidencial (primera Vta.) Argentina

Fuente: Elaboración propia
Error promedio de las encuestas en elecciones presidenciales en México (1994-2012)
Tabla 2
Año  Promedio   Número de encuestas            Error expresado en número de votos
1994        3.5                   9                                                       1 234 985
2000        2.8                 12                                                       1 052 845
2006        2.4                 16                                                       1 002 991
2012         2.7                  11                                                       1 358 725
Total        2.85               12                                                       1 162 386
Fuente: Alejandro Moreno (2012) y elaboración propia a partir de datos del INE
Desviación promedio respecto a la distancia entre primero y segundo lugar
Tabla 3
Año        Desviación promedio    Número de encuestas Error expresado en  número                                                                                                           de votos
1994           4.1                                           9                                 1 446 696
2000           2.2                                         12                                    827 235
2006           2.6                                         16                                 1 086 574
2012            7.7                                          11                                 3 874 882
Total           4.15                                        12                                 1 808 846
Fuente: Alejandro Moreno (2012) y elaboración propia a partir de datos del INE
Resumiendo el desempeño de las encuestas en la elección presidencial de 2012 en México, Alejandro Moreno, concluye que “la evaluación de las encuestas en las diversas elecciones presidenciales indica que éstas empeoraron su desempeño en 2012. Pero, como apunta un consejero electoral del IFE, la racha de imprecisiones viene desde 2010 en elecciones locales, ocasionando que las encuestas lejos de ser fuente de certidumbre, hoy fueran fuente de incertidumbre, y peor todavía: fuente de la disputa política y jurídica” (Moreno, 2012).
Con respecto a la posibilidad de que una o varias casas encuestadoras tendieran a alcanzar en la misma unidad de tiempo (1994-2012) márgenes de error mucho más favorables que el promedio general, Javier Alagón ha destacado, “el criterio de aciertos en contiendas electorales pasadas cuenta, pero no es el único. La estadística involucrada es muy compleja como para tener cuentas impecables en el largo plazo. Resultan engañosas las estadísticas de acierto en el pasado, sobre todo cuando el éxito es autoproclamado, como suele suceder. Los mecanismos de azar presentes en los estudios electorales, así como los múltiples errores no muestrales que pueden aparecer hacen que ninguna compañía pueda proclamarse como perfecta” (Javier Alagón, 2012, 3).
Pero incluso, aceptando la posibilidad de existencia de alguna encuestadora con un margen de error longitudinal aceptable, aun así se tropieza a nuestro juicio, al menos, con dos dificultades: 1) El producto elaborado por los sondeos se realiza desde pautas metodológicas que algunos autores no reconocen como específica de la Ciencia Política (Anduiza y Bosch, 2004); 2) el producto carece hasta el momento de contrapeso fuera del ámbito de la pauta metodológica de pertenencia, no se puede contrastar con productos que han sido elaborados desde otros fundamentos debido a que el Análisis Político se ha subordinado a los resultados que arroja la metodología empleada por encuestas y sondeos preelectorales al sucumbir a la creencia de que la comprensión y pronosticación de un fenómeno complejo tendría sólo una exclusiva ruta cognitiva.
La tarea, por tanto consiste en, con el sustento de los insumos predictivos contenidos en las diferentes teorías explicativas de las determinantes del voto, explorar la posibilidad de lograr avances en la configuración de una perspectiva diferente para la predicción electoral que pueda servir de soporte al Análisis Político, y también, de cierto contrapeso a la pauta metodológica que siguen las encuestas prelectorales.
Hasta ahora buena parte del pronóstico electoral depende de preguntarle o interrogar al elector sobre sus preferencias. Pero si el comportamiento del votante (sujeto reflejante) es siempre una reacción ante el desempeño del gobierno (objeto reflejado) (Downs, 1957) y otras dinámicas, entonces la evaluación de la gestión gubernamental y de esas dinámicas a las que se encuentra sometido el elector, en sociedad con la utilización del método comparado, pueden contribuir a la elaboración de un producto que anticipe, con un nivel plausible de certeza, el desenlace de una elección dada.

Desempeño del partido en el gobierno↓                                         ↓ Aprobación presidencial

proceso electoral

Tipo de candidatos →                                                                          ← Tipo de elección

Irrupción                                                                                   Pautas de elecciones anteriores
de nuevas fuerzas →

Campañas →

De lo que se trata es de investigar la factibilidad de esclarecer la tendencia dominante de las preferencias sin necesidad de preguntar al elector, y es en ese sentido que hablamos de perspectiva diferente o de basamento metodológico diferente para el Análisis Político y del comienzo del fin de la hegemonía de las encuestas preelectorales y de nuestra dependencia con respecto a ellas.

Orestes E. Díaz Rodríguez

26/01/16

Tulum

 

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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