¿Cómo hacer Ciencia Política?


¿Cuando caen los mandatarios?

la renuncia
Hace algunos años me propuse elaborar un texto con ese título, pero la combinación de la extensión que concebía con las prioridades que eternamente se cruzan impidió concretar la ambición.
Lo que hago ahora es un recorte de aquel proyecto, ajustarlo a mis tiempos y hacerlo viable. Desarrollaré por tanto un único aspecto de varios que esperaba abarcar.
La Ciencia Política tiene con seguridad diferentes formas de desarrollarse, sea a través de la conceptualización de un fenómeno político, la descripción o comprensión de otros y el desarrollo de teorías. Hablaré, por tanto, de otra dirección, poco abordada pero no menos importante: trata de la elaboración de generalizaciones o proposiciones empíricas generales a partir de estudios comparados ya realizados.
¿A qué me refiero?
Disponemos de un gran número de estudios comparados pero de muy pocas generalizaciones. Sugiero releer esos estudios bajo una nueva luz e identificar aquellas generalizaciones que subyacen y que sin embargo no fueron enunciadas en su momento por los propios autores.
La generalización es  la síntesis resultante del análisis de varios casos que alcanza a  establecer un vínculo entre la presencia de ciertas condiciones causales y la manifestación de una determinada  variable, cuyo enunciado general asume la forma de “…si se dan las condiciones “A”, “B” y “C” entonces es probable que se de la variable “X”… ¿Pero por qué existiría algo como lo que señalo, muchas investigaciones comparadas y pocas generalizaciones?
Obedece a que la mayoría de los estudios se limitan a explotar los niveles comparativos 1 y 2 (“El aroma del alba. ¿Qué es el método comparado y cómo emplearlo?”, archivos 2016), pero rara vez se proponen ir más lejos, hasta el enunciado de la generalización empírica y de ahí, por supuesto al control. Pero no me propongo explicar la razón última de esta conducta sino más bien concentrar la energía en exponer cómo sacar mayor provecho al universo de comparaciones publicadas especialmente las que integran un N relativamente grande.
Por ejemplo, Gianfranco Pasquino en uno de los capítulos de su libro “Sistemas Políticos Comparados”, denominado “Formación y disolución de ejecutivos” analiza el comportamiento de esa dinámica en los sistemas políticos de EE.UU, Reino Unido, Italia, Alemania e Italia. A Pasquino especialmente le interesa poner de manifiesto las similitudes y diferencias de ese proceso, algo que cumple de forma erudita aportando la mayoría de los rasgos comunes y diferenciadores. Como resultado el lector termina por reconocer cómo se produce la dinámica en cada uno de los países analizados, pero, finalmente, no se enuncia ninguna generalización, cuando sin temor a equivocarme afirmo que, cada vez que analizamos el comportamiento de un mismo proceso, fenómeno o subsistema en varios países es naturalmente imposible que no extraigamos cuando menos una generalización referida a su comportamiento.
Por tanto, nuestra generalización se encuentra subyacente en el material de Pasquino y de lo que se trata es de identificarla y valernos de ella como herramienta de control ante otros casos o experiencias similares.
¿Pero cómo identifico la generalización subyacente que ni el propio autor proclamó o enunció formalmente y que, sin embargo, es el verdadero grano de oro que contiene su ejercicio comparativo?
Formulando la pregunta correcta, aquella cuya respuesta arroja un conocimiento hasta el momento ignorado. Cuando Pasquino expone cómo se forman y se disuelven los ejecutivos necesariamente tiene que abordar en cada país en qué circunstancias el hecho se ha producido extemporáneamente, es decir, antes del proceso electoral. Por tanto la pregunta correcta es ¿cuándo se disuelve extemporáneamente el poder ejecutivo? O mejor formulada, ¿qué condiciones son necesarias para que un ejecutivo sea disuelto (reemplazado, removido) antes de finalizado el mandato constitucional?
La pregunta tiene gran importancia porque con cierta regularidad los ejecutivos se encuentran inmersos en crisis institucionales, especialmente los de los países presidenciales, y cuando ello ocurre la interrogante habitual es ¿caerá o no el presidente? Pero, la verdad es que no sabemos reconocer todavía la condición última que determina que un mandatario caiga. Es decir, por qué ante una grave crisis unos mandatarios caen y otros no logran ser reemplazados. ¿Qué es lo que hace la diferencia? Mi opinión es que en la comparación que hace Pasquino subyace la respuesta, aunque él no se lo haya propuesto y aunque no la formulara de forma prístina. Y ese es precisamente el grano de oro que podemos extraer de ese capítulo.
¿Pero cómo se logra visualizar la generalización en este caso?
Hay que identificar el rasgo común a todos los casos de disoluciones anticipadas. Pasquino explica que en Italia, Francia y Alemania, la disolución se da a través de la moción de censura, que no significa otra cosa que el Ejecutivo ha perdido el apoyo de la mayoría parlamentaria que lo sostenía y la disolución es inevitable. La dificultad estriba en cómo enlazar esos casos con la experiencia de Estados Unidos o Reino Unido. En Estados Unidos, sólo un presidente Richard Nixon tuvo que interrumpir su mandato y estamos inercialmente acostumbrados a aceptar que la moción de censura es una figura del régimen parlamentario y no del presidencial. En cuanto a Reino Unido, nunca un Primer Ministro fue removido por una moción de censura parlamentaria. ¿Cómo superar esa aparente dificultad que impide nuestro avance hacia la generalización?
La respuesta es la siguiente, Nixon renuncia en el momento que la cámara de representantes logra una votación favorable para que el Senado lo enjuicie políticamente. Hay que tener en cuenta que para que el procedimiento prospere 2/3 del Senado, devenido en órgano jurisdiccional, debe apoyar la acusación. Es evidente que para sumar esa cantidad de votos tienen que estar de acuerdo en la acusación tanto legisladores de la oposición como legisladores del partido en el poder. Sin embargo, Nixon renunció antes del enjuiciamiento, debió constatar que durante el proceso de investigación del escándalo había perdido el respaldo de importantes sectores de su propio partido y sus posibilidades de salir airoso no eran ni remotamente las que tuvo en su momento Andrew Jackson.
El término juicio político no nos debe confundir, lo que importa es su naturaleza o cualidad que no es otra que la de constituir una moción de censura sumamente explícita sobre la continuidad de la gestión del mandatario, abriendo un proceso jurídico a través de la cual los legisladores se proponen remover al presidente. El juicio político es la forma extrema que asume la moción de censura en las condiciones del régimen presidencial como consecuencia del grado diferente de separación que existe entre los poderes. Por tanto, la moción de censura es tan bien el mecanismo que activa la disolución del ejecutivo en el lado americano del Océano Atlántico.
Se podrá argumentar que muchos presidentes de regímenes democráticos latinoamericanos han caído sin necesidad de juicio político. Es cierto, pero no lo han hecho sin “moción de censura” por parte de su propio partido o aliados clave, si se trata de un gobierno de coalición. Lo que estoy señalando es que la moción de censura hay que verla como lo que realmente es, el acto que indica la pérdida por parte del ejecutivo del respaldo de sectores decisivos de su propio partido y de aliados clave en su coalición de gobierno. La acción última que deja sumamente debilitado al mandatario dentro de una crisis, la estocada final.
Pero cómo opera esa condición en Reino Unido, país donde nunca un Primer Ministro ha sido disuelto por una moción de censura en el parlamento. ¿Reino Unido es una excepción? No lo es. Justamente, Pasquino explica cómo las veces en que los primeros ministros fueron reemplazados extemporáneamente, que han sido varias, siempre se debió a que perdieron el favoritismo en el interior de sus propios partidos, es decir, hubo una moción de censura explicita en el interior de la organización partidista que originó que el mandatario renunciara y fuera reemplazado por otro líder del propio partido. En Reino Unido cambia el escenario, pero no el contenido. Su experiencia no refuta la regla, todo lo contrario.
De modo que la condición última que determina que los ejecutivos sean disueltos extemporáneamente y que aplica para todos los regímenes democráticos es que se produzca una moción de censura explícita por parte de su partido o aliados clave si se tratara de un gobierno de coalición. Dicho de otro modo, un retiro del respaldo que le venían brindando sus propios correligionarios.
Recuerdo la grave crisis de 2014 en México detonada por la combinación de la desaparición de los 43 normalistas y amplificada por las evidencias de corrupción gubernamental al más alto nivel. En cualquier país seguramente esa crisis habría abierto la posibilidad de la remoción del ejecutivo, pero en México no fue así. La clave es que en ningún momento se percibió que el partido del presidente evaluara la alternativa de abandonarlo a su propia suerte, al contrario, para mal o para bien cerró filas.
Una crisis por causas diferentes pero de mayor magnitud tuvo lugar también en 2014 en Venezuela. Durante meses hubo duros enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas gubernamentales con alto número de muertos y heridos. Pero la caída de Maduro no se produjo, pues aunque hubo alguna que otra manifestación pública de disidencia de algunos representantes de segundo nivel del oficialismo, la tendencia fue que el PSUV cerró filas en torno a su mandatario.
Fernando Lugo, ex presidente de Paraguay no puede aducir lo mismo. En medio de una crisis política el partido aliado más importante de su coalición de gobierno le retiro el respaldo y se sumó a los esfuerzos de la oposición por removerlo, objetivo que cumplieron a través del juicio político exprés.
Por su parte, Dilma Rousseff se encuentra en grave riesgo de ser reemplazada. Sería un milagro político si algo así en definitiva no sucediera. La razón es que en medio de la crisis económica y política profundizada por los escándalos de corrupción el aliado clave en su coalición de gobierno el PMDB le retiró su respaldo. No hay que olvidar que Dilma ganó muy reñidamente la elección presidencial y que el PMDB preside ambas cámaras legislativas y la vicepresidencia del país, cuyo titular oficializó la ruptura con el gobierno del PT. Si el reemplazo aún no se concreta tienen que ver con un factor específicamente brasileño y que se llama “Lula”, pero el propio mandatario en estos momentos está siendo investigado, así que los enemigos de la continuidad están jugando todas sus cartas.
Estamos en condiciones de enunciar por tanto la generalización subyacente que responde la interrogante de ¿Cuándo cae el Ejecutivo? <Siempre que se produzca una moción de censura o desconfianza explícita hacia la gestión del mandatario por parte del propio partido gobernante o de posibles partidos aliados clave, en caso de tratarse de una coalición de gobierno, y ese acto implique el retiro manifiesto del respaldo partidista y parlamentario a la gestión del ejecutivo, es de esperar que la oposición partidista y parlamentaria intensifique sus reclamos, siendo previsible que la tendencia dominante deberá ser el remplazo, renuncia o sustitución del ejecutivo>.
Ni que mencionar que con ese conocimiento nuestra aproximación a casos o situaciones futuras en que esté en riesgo la disolución del ejecutivo lo haremos desde posiciones mucho más favorable. En medio de la crisis institucional lo que hay es que atender la relación del mandatario con su propio partido o aliados clave. Si observamos que de forma explícita esa relación se fractura sabremos entonces qué debemos esperar.
En efecto, la generalización empírica funciona como un catalejo, permite al politólogo centrar su atención en la parte específica del horizonte que se necesita sin que importen los excesos y fetiches del movimiento caótico o del mal tiempo.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, febrero 25, 2016

 

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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