¿Cómo construir en tres pasos un pronóstico de la elección presidencial en Estados Unidos sin depender de las encuestas?


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En vista de que las encuestas vienen evidenciando con una frecuencia muy superior a lo esperado las limitaciones de su capacidad predictiva (“¡Adiós al cuestionario!” La ruta para disminuir la dependencia de las encuestas, 2016, archivos), y atendiendo a que buena parte del mundo está pendiente de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, especialmente, de hasta dónde puede llegar a crecer Donald Trump, se comprenderá que responder nuestra interrogante es, desde luego, pertinente.
Los pasos para elaborar un pronóstico independiente que hemos seguido en otras elecciones, y que por tanto aplican a la presente, son los siguientes:
Premisa: Daremos por sentado que Trump y Clinton serán finalmente los candidatos nominados por uno y otro partido.
¿En qué consiste el primer paso?
En desenfocarse de Donald Trump y enfocarse en las posibilidades del oficialismo, en este caso los demócratas de retener el poder. Quien tiene siempre mayores posibilidades de agenciarse el poder es aquella fuerza política que ya lo detenta.
¿En qué consiste el reenfoque en el oficialismo?
Consiste en identificar aquellos presidentes norteamericanos que como Barack Obama cumplieron dos mandatos y sin embargo, su partido no logró retener el poder al no poder ganar la “tercera elección” presidencial consecutiva. No importa aquí que haya sido demócrata o republicano el mandatario, lo que resulta relevante es identificar las condiciones específicas que impidieron que el oficialismo retuviera el poder. Mientras más amplio sea el período que abarquemos más diáfano se manifestará el patrón que estamos buscando, esto es, qué condiciones son las que impiden, al menos en Estados Unidos, que el oficialismo no retenga el poder luego de dos mandatos sucesivos. El período investigado puede ser de 1945 a 2008, o mayor, de 1900 a 2008. Mejor el segundo, que el primero. La hipótesis es que nos encontraremos con causas atribuibles a la situación económica, a la relación presidente saliente-candidato, al desenvolvimiento del propio candidato, a la evaluación de la gestión en general del mandatario saliente, a situaciones que afloraron en la campaña o al impacto de condiciones disruptivas que generaron una elección crítica, aquella en que los votantes son compulsados a comportarse de manera diferente a como lo han venido haciendo casi sistemáticamente.
Una vez esclarecida las condiciones, hay que preguntarse cuáles de ellas o cuáles combinaciones de ellas se encuentran presente en el entorno de la elección actual y sopesar su impacto en el potencial desenlace. Entonces, estamos en condiciones de ir al segundo paso.
¿En qué consiste el segundo paso?
Su similitud con el primero radica en que continuamos enfocados en el oficialismo. Pero esta vez en su candidato. Hay que aclarar las fortalezas y debilidades de Hillary Clinton. Eso lo hacemos evaluando su desempeño en las responsabilidades ocupadas, especialmente, como secretaria de Estado, última y más importante responsabilidad. Hay que recordar que justo ahí arrastra los temas nada favorables del manejo de la crisis de Bengasi y del quiebre del protocolo de seguridad digital de información altamente sensible. Pero claridad sustantiva con relación a sus posibilidades nos la dará comprender, ¿por qué perdió la nominación demócrata de hace siete años? Nuestro análisis de la Sra. Clinton no termina sin despejar una variable clave, el estado de su relación con el presidente saliente. Allí donde la relación entre el presidente saliente y el candidato oficialista no es fructífera, el oficialismo no alcanza a retener el poder (“Daniel Scioli, Al Gore y Edualdo Duhalde”, 2015, archivos). Hemos llegado al tercer paso.
Tercer paso:
Ahora sí, tiene que ver con el aspirante Donald Trump, con perdón del extrovertido magnate por aparentemente relegarlo. Hay que construir su perfil, y eso se logra identificando qué es lo que hace a Trump un candidato diferente a los demás candidatos republicanos, no sólo con respecto a Rubio y Cruz, sino con relación al candidato presidencial republicano que típicamente resultó nominado. Seguidamente hay que aclarar cuáles son las condiciones existentes en Estados Unidos que estarían favoreciendo su actual desempeño, por ejemplo, el diario “El País” de hoy trae un bastante logrado análisis al respecto (http://internacional.elpais.com/internacional/2016/03/02/actualidad/1456911407_281875.html). En caso de que el perfil de Trump no tenga referencia alguna con ningún nominado con anterioridad por el partido republicano, como seguramente será la conclusión, hay que buscar si su prototipo está cercano al de candidatos presidenciales de otros países. Nuevamente, “El País”, establece la comparación con el ex primer ministro Berlusconi, pero probablemente sea más semejante Trump al francés Jean-Marie Le Pen u a otros casos. ¿Cuál es la idea de ese cotejo? Si candidatos muy parecidos al perfil de Trump perdieron o ganaron elecciones generales en sus respectivos países nos interesa saber las razones de ambos resultados, para luego preguntarnos si están o no presentes esas condiciones en la elección actual norteamericana.
Si hemos llegado hasta aquí quiere decir que disponemos de información muy valiosa que al integrarla nos ayudará a construir un pronóstico pre campaña sobre el potencial desenlace de la elección en Estados Unidos y como les prometí, la ruta de tres pasos es totalmente independiente de lo que digan las dichosas encuestas y si en algún instrumento se apoya, no es otro que en el método comparado.
Ustedes, especialmente los politólogos, decidirán si vale o no la pena…, por mi parte he convidado a mis alumnos: ¡hagámoslo!

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, Marzo 2, 2016

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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