“Del Havana al Obama Club”


obama club

Hace algunos años no visito Cuba. No porque algo o alguien lo impida, sino por decisión personal. Así que poco a poco perdí la antaña habilidad de intuir las variaciones casi siempre inaudibles que tienen lugar en el alma de mis compatriotas. Finalmente, se ha interpuesto la distancia, la vorágine y la habitual algarabía de la sociedad web que habitamos. El resultado es que ya no alcanzo, lo reconozco, a identificar la dirección de los pensamientos y sentimientos que maduran en lo más íntimo de los que se quedaron.
Por eso sólo puedo plantearme la interrogante de hasta donde realmente habrá calado el “daño” simbólico hecho por Barack Obama. Ni Mijaíl Gorbachev, ni ninguno de los papas con sus respectivas visitas se aproximaron ni lejanamente a lo que ha podido provocar el mandatario norteño.
Para que se tenga una idea, no es fácil ni para alguien con cincuenta años de intenso adoctrinamiento, ver a un jovial y joven presidente negro de Estados Unidos caminando por las calles de La Habana acompañado de su esposa, sus hijas y su suegra, en una nación donde la simple identificación del entorno familiar más cercano del “Gran Líder” fue siempre secreto de estado. No es fácil no poder señalarle al hijo del “tío Tom” un gesto de arrogancia o prepotencia sino lo contrario. No es fácil verlo decir en la cara del mandamás isleño que no deben temer a Estados Unidos y tampoco a las voces diferentes de su pueblo. No es fácil verlo expresar sus emociones durante un partido de béisbol como un aficionado más, encontrárselo jaraneando en televisión con un comediante o extender la mano para ofrecer la “rosa blanca”. Menos fácil aún escucharlo afirmar que el futuro de Cuba no es cosa que se pueda decidir por Estados Unidos sino por los propios cubanos. ¿Dónde queda la imagen sesentera, difundida hasta más allá del cansancio, del enemigo presto a invadirnos ante la menor oportunidad?
El lenguaje simbólico del régimen reproduce básicamente amenazas y temores, se apoya en la retórica y la gestualidad sobreactuada. Se trata de un sofisticado engranaje de frases vacías, aspavientos y pugilato con supuestos adversarios imaginarios, que no guardan relación alguna con el estado de la vida cotidiana donde el ciudadano es emboscado continuamente por las carencias y la falta de perspectivas. Un esperpento comunicativo cuyo mensaje final además de aburrido, siempre es el mismo: ¡aguanta, resiste! Obama en cambio infundió esperanza, y su soporte comunicativo, inédito en el universo isleño, fue un lenguaje oral y corporal sencillo, directo, calmo y la sonrisa. En última instancia el mensaje de la gerontocracia le dice a mis compatriotas, ¡esto es lo que hay y punto! Obama, en cambio, les dijo, < ¡no tiene que ser así, hay mucho más, depende de ustedes!>
Oficialmente en todos los medios isleños comenzó la reparación de los daños simbólicos. El mensaje unánime es no creer en los argumentos de Obama. Pero ese no es el verdadero proceso que tiene lugar en el alma de cada cubano, sino sólo el intento de maniatarlo o encubrirlo. Lo que estamos escuchando ahora es el coro de los comisarios dirigido a obstruir la emergencia de interpretaciones y lecturas propias, que en el mejor de los casos tienen derecho a subsistir sólo de manera soterrada. Es la contribución tradicional del régimen a la salud mental del ciudadano, inhibir cualquier tipo de voz interior, que cada individuo diariamente se desdoble en dos personajes, el que está obligado a representar y el que lleva muy dentro pero que aún no reconoce. Uno de los grandes legados, dualidad, simulación, enajenación.
Pero finalmente qué va a resultar del viaje de Obama. ¿Cuáles imágenes y convicciones ahora mismo se están procesando íntimamente y sobre todo que nuevas actitudes promoverá? ¿Acaso, será igual que en ocasiones anteriores cuando antes que el visitante se despidiera en Rancho Boyeros se había diluido cualquier posible impacto? Creo que esta vez no. La estocada de Obama pudo afectar muy bien algún que otro órgano clave. Habría que estar atentos. ¡Ya se verá!
Orestes E. Díaz Rodríguez

Tulum, marzo, 2016

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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