Cuba: “Del Congreso del PCC, “Carnival” y el precio del aceite y el pollo”


la elite

Cuando me disponía a analizar hasta donde es engañosa la difundida tesis de que Cuba no cambia,  extraños sucesos que rodearon  la celebración  del séptimo congreso del Partido Comunista de Cuba me obligaron a aplazar el propósito.

Mi hipótesis de que de 2008 a la fecha Cuba ha sufrido importantes cambios, tropezaba con la lectura general de que el último congreso del partido concluido esta semana resultó un clamoroso homenaje al inmovilismo. 

En efecto, fue un congreso raro. No hubo como en el anterior una discusión aunque sea formal y “orientada” de los documentos con la población y tampoco con los propios militantes de la organización.  El conclave no debatió  las visiones y soluciones a  los problemas acuciantes del país y la mayoría de las decisiones fundamentales se camuflaron o aplazaron para algún momento o fecha indefinida.

Incluso, en el urgente tema de la renovación generacional en la elite,  en un esfuerzo decididamente surrealista, se dio el lujo de apuntar hacia el  lejano Congreso de 2021 como fecha límite para la salida de los históricos, algo que no hay forma de tomarlo seriamente. ¿Dónde se había visto  antes, fuera del terreno de la comedia,  que ancianos de 85 y 86 años de edad, como  Raúl Castro y José Ramón Machado Ventura, primero y segundo secretarios del PCC respectivamente, puedan hacer proyectos  de vida o trabajo a futuro? Cuando se llega a esa edad, las proyecciones más realistas son diarias o lo sumo semanales, por lo que debe esperarse que, salvo sorpresas, por razones biológicas, el quinquenio que comienza será caracterizado por la paulatina desaparición física o declaración de incapacidad manifiesta de la mayoría de los miembros octogenarios de la  generación histórica.

Raúl Castro no es ingenuo, conoce al dedillo la situación, sencillamente  apuesta a que la sociedad cubana  soslaye la magnitud del problema, para que llegado el momento la elite tenga mayor margen de maniobra y  de discrecionalidad. Entretanto soterradamente pero ante nuestros ojos se preparan para esos momentos o ¿por qué precisamente ahora amplían en cinco miembros el buró político? ¿No será para que los nuevos y más jóvenes miembros asuman las responsabilidades que ya no pueden gestionar los octogenarios y al mismo tiempo tener muy cerca y sin revuelo el potencial relevo de aquellos en los que se vislumbra una cercana desaparición física?

   

El quinquenio actualmente en curso (2016-2021) y no el que viene, es el  clave en la renovación o desintegración de  la cúpula, pero es una realidad que sus líderes no están interesados en reconocer al menos de manera pública.

Esa y otras posturas evasivas u oscuras de los dirigentes del conclave, en un contexto signado por el viraje hacia la normalización de las relaciones con Estados Unidos, es lo que llevó a muchos a calificar el evento como un monumento al inmovilismo, aunque como demostraré, es sólo una puesta en escena, un intento de darnos gato por liebre que hasta el momento parece les funciona.

¿Pero a qué otras razones obedece que los gobernantes cubanos en un contexto cimbrado por los cambios apostaran por realizar un congreso con esas características?

Imposible no  conectar ese comportamiento con la todavía cercana visita del presidente de Estados Unidos Barack Obama a Cuba y las expectativas de cambio que sembró en el alma de los cubanos.

Conscientes de esa situación los líderes no quieren de ninguna manera dar la imagen de que están siendo  condicionados  a tomar decisiones por ese hecho, aunque así sea.  Por cuestión de supervivencia les interesa sobremanera que ante la luz pública nacional e internacional prevalezca la percepción de que son ellos los que tienen el control de la iniciativa.  La primera respuesta, por tanto, a la presión que  sienten es exagerar  el inmovilismo y moverse sólo subrepcticiamnte.

Como parte de esa estrategia tampoco consideran necesario debatir públicamente las visiones y decisiones sobre temas decisivos. Una larga práctica clandestina y autoritaria les ha enseñado que sobre un Congreso del partido hay demasiados reflectores, pero que luego en la dinámica cotidiana sobrarán las oportunidades de realizar los cambios convenientes de forma sigilosa y puntual, cuando la atención mundial esté pendiente de otros temas y de otras regiones, la ciudadanía se encuentre absorbida por la calamitosa situación cotidiana y la lectura que prevalezca de cada movimiento trasmita el mensaje   políticamente correcto, es decir, que las riendas de la iniciativa continua en sus manos.

También quieren dar un mensaje de unidad,  no quieren embarcarse en  un debate  en un momento en que los acontecimientos impulsan a la sociedad a expresarse y debatir visiones diversas como nunca antes. Aseguran  el monopolio de la percepción y de las decisiones, la gestión de lo simbólico.

¿Qué implicaciones tiene esa conducta?

El hecho de que la respuesta del régimen a las nuevas condiciones abiertas por la normalización y la visita sea en apariencia más cerrazón, más secretismo  y más discrecionalidad, tiene un costo político importante al ratificar a la sociedad el mensaje de que los temas que realmente les afectan no son prioritarios. Ahonda  la distancia entre el liderazgo y el cubano de a pie. Es una situación riesgosa si se extendiera prolongadamente, de aquí que, una vez que consideran ganada la batalla simbólica, inevitablemente tomarán medidas concretas paliativas de la situación.

Es así que a muy pocos días de la clausura del congreso se llega a la rectificación de la postura de negativa a que los cubanos lleguen o salgan de Cuba en cruceros, y especialmente, al anuncio de una rebaja de los abusivos precios en los alimentos de las tiendas recaudadoras de divisas controladas totalmente por el estado, oficialmente denominada “medidas para incrementar la capacidad de compra del peso cubano” que entraña una ligera mejoría en la capacidad adquisitiva del ciudadano.

Las formas que prevalecieron en el Congreso apuntan a que  la doctrina Obama es un éxito, por el momento obligó a variar la dinámica del cónclave más importante del liderazgo, a rectificar la posición ante “Carnival” y a ocuparse de paliar la desmejorada situación de los cubanos por intermedio de una ligera mejoría del poder adquisitivo de la moneda nacional.

La élite está a la defensiva, pero no deja de actuar de manera subrepticia y nunca como ahora, ha estado tan urgida de aparentar exactamente lo contrario.

Orestes E. Díaz Rodríguez

Tulum, abril 22, 2016

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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Una respuesta a Cuba: “Del Congreso del PCC, “Carnival” y el precio del aceite y el pollo”

  1. Gerardo Verdecia dijo:

    Me parece acertado tu análisis. Ellos venden el país al mejor postor, pero quieren disimular. Ya están rendidos pero tienen que disimular. Necesitan morir en el poder para no pisar una cárcel. Veamos cuánto demora en estallar la bomba de tiempo que dejó Obama en La Habana.
    Un daludo

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