Predicción electoral: Esquiando donde la capa de nieve tiende a derretirse


esquiando 2

“Predicción electoral mediante control integral de variables”

I

Ciertos actos y propósitos intelectuales  parecieran generar la misma tensión y desgaste que las actividades físicas más extremas.  Así, por ejemplo, comprobé que proponerse enmarcar teóricamente la legitimidad de la predicción electoral puede resultar una experiencia con sensaciones cercanas a las que se obtienen en la práctica del parapente o el rafting.

Aún entre los filósofos de las Ciencias la legitimidad de la predicción científico social está lejos de resultar aceptada de manera unánime. Es un tema que continua suscitando recelos y debates. Incluso, contando con la fortuna de  localizar el  nicho donde se ubican los pensadores con una inclinación favorable, no dejan por ello de abundar en cierta forma, la cautela y la prudencia, el matiz y el pormenor.

Stuart Mill, por ejemplo, avisa que si bien es factible, no debemos esperar que la predicción social resulte  precisa y mucho menos atrevernos a dar por sentado que nuestra anticipación no pueda ser contrarrestada. Karl Popper, con toda razón, desconfía y rechaza las predicciones sociales a gran escala y  alerta de la enorme dificultad que entraña la tarea de  discernir las condiciones específicas en que persistirá nuestra anticipación pese a  fundarse en el conocimiento de tendencias. La combativa Merrilee Salmón, por su parte, no defiende  que la predicción tenga fuerza explicativa o sea capaz de ampliar nuestra comprensión del mundo. Mientras Mario Bunge ata el destino de la predicción a la existencia o no de una teoría.

Sea porque los filósofos tienen por virtud divisar el bosque donde los demás alcanzamos a ver árboles o por otras causas, lo cierto es que entre metodólogos y politólogos las posturas que podemos encontrar con respecto a la legitimidad de la predicción científico social abandonan el matiz o la condicionalidad para seguir una ruta donde priman   la omisión y el escepticismo.

King, Keohane y Verba, por ejemplo, en su influyente libro “El diseño de la investigación social” no consideran la predicción como una de las metas de la investigación social. Leandro Morlino, por su parte, ha rechazado rotundamente la posibilidad de anticipación en la investigación de los fenómenos políticos. Mientras Almond y Genco, aunque no se pronuncian directamente al respecto, recrean un panorama prístino de las dificultades que encontramos cuando insistimos en el propósito de la predicción social, pues si algo resulta evidente es que la perpetuidad no constituyen el rasgo decisivo de las regularidades políticas sino la inestabilidad, la corta vida, la tendencia  a desdibujarse como consecuencia del aprendizaje y la inventiva  de los agentes políticos.

Sirvan cuatro oraciones extraídas del manuscrito de los autores para dar una medida de la dificultad: “Los protagonistas políticos (cito) tienen recuerdos, aprenden de la experiencia. Tienen metas, aspiraciones y estrategias calculadas. La memoria, el aprendizaje, la persecución de objetivos y la resolución de problemas se interponen entre “causas y efectos”, entre las variables independientes y dependientes” (1999, 67).

Si es verdad que la cita deja al desnudo las dificultades con que tropieza el propósito, cualquier pretensión de insistir en la misma dirección seguramente tiene que solventar mucho más que dardos dialécticos, ¿o acaso es posible esquiar donde la capa de nieve tiende a derretirse?

¿En base a qué razones se persiste entonces en un propósito asediado de  tantas y tan variadas dificultades?

La primera razón tiene que ver con la herencia recibida de cierto liderazgo intelectual, pese a demostrar prudencia ni Stuar Mill o Popper, ni Salmón o Bunge, niegan la posibilidad  de la predicción científico social sino todo lo contrario, la fundamentación de su legitimidad  asciende gradualmente hasta la defensa más categórica, Salmón: <la ciencia> privada de toda relevancia predictiva moriría>; Bunge, “…no hay acontecimientos intrínsecamente improyectables”.

La segunda razón reside en que metodólogos y politólogos que omiten o rechazan la legitimidad de la predicción social al mismo tiempo defienden que podemos alcanzar un saber nomotético, es decir, “con un alto nivel de generabilidad y posibilidad de uso en múltiples situaciones” (Morlino, 2010, 124). La pregunta es, por tanto, en aquellas áreas donde reconocemos la existencia de un saber nomotético,  ¿acaso no resulta inconsistente   negar rotundamente que  resulta legítima  la predicción científica?

La tercera razón tiene que ver con las necesidades sociales y con las expectativas genuinas derivadas de nuestra condición de especialistas en el estudio de los fenómenos políticos. La sociedad espera de los politólogos, entre otras cosas, que elevemos nuestra capacidad de anticipación ante ciertos eventos políticos. Comprendo que  nos puede resultar incómodo abordar  ciertos temas, pero la revisión bibliográfica y la interacción con colegas de otras disciplinas me ha llevado a tropezarme con varios reclamos que podrían muy bien ser lícitos,  ¿por qué los politólogos fuimos incapaces de prever un evento tan descomunal como el derrumbe de la URSS y tras ella del campo socialista?  ¿Por qué nos ha tomado por sorpresa el surgimiento del estado islámico, el “Brexit”, el vacío de poder en España o el aplastante éxito del candidato  Donald Trump en las primarias del partido republicano. ¿Realmente, cada uno de esos sucesos eran eventos decididamente improyectables?

Seguramente, en la conflictiva relación que los politólogos mantenemos con la predicción científico social influyen  desde el rechazo legítimo a las consecuencias de la importación del modelo de  predicción vigente en ciertas áreas de las ciencias naturales, hasta la enorme dificultad de librarnos de nuestros sesgos ideológicos, y especialmente, las dificultades para trazar una ruta metodológica que nos ayude  a lidiar exitosamente con las complejidades de los fenómenos políticos.

En virtud de ese razonamiento nuestra propuesta de  aproximación a la predicción de los eventos electorales tiene por base dos supuestos; el primero tiene que ver con lograr una clara concientización sobre las características de la predicción científico social: i) Las predicciones en ese ámbito carecen de  certeza absoluta, excluyen el largo plazo y la pretensión de precisión y universalidad; ii) Su sustento gnoseológico descansa tanto en la discernabilidad  de pautas identificadas en el conjunto de datos relevantes disponibles acerca del pasado y el presente, como en la evaluación de las condiciones en la que esas pautas persisten,  iii) El mayor o menor control sobre las pautas y condiciones es el que determina el éxito predictivo; iv) El aprendizaje es permanente y fundamental, la Ciencia permite hacer predicciones pero también aprende haciéndolas; v) La predicción supone una cierta expectativa y conlleva un margen de incertidumbre, se caracterizan más por su perfectibilidad que por su certeza.

El segundo supuesto tiene que ver con la necesidad de apoyarnos en instrumentos metodológicos  que ayudan a identificar regularidades políticas pero  al mismo tiempo no subestimen el potencial de inestabilidad o plasticidad de las pautas descubiertas. “Plasticidad significa que podamos anticipar en principio, que habrá excepciones a cualquier generalización que podamos hacer acerca de los fenómenos que nos interesen” (1999, 78).  En ese sentido, humildemente ponemos a vuestra consideración si el control integral de variables, que se  auxilia del método comparado para identificar y medir las variables sistemáticas, y del análisis de campaña electoral, como herramienta de avistamiento y evaluación de las variables no sistemáticas, constituyen o no instrumentos que al combinarse con el saber aportado por las teorías del voto pueden permitir al politólogo pronosticar con un nivel de fiabilidad plausible el desenlace de una contienda electoral.

Aunque pueda parecer muy obvios los beneficios del control integral,  Almond y Genco sin embargo,  documentaron como en la práctica, “la investigación sobre la socialización, como la que se realiza acerca de los procesos electorales en su búsqueda de una explicación rigurosamente científica, han pasado por alto el contexto histórico general y la inherente inestabilidad de las variables que manejan” (1999, 71).

Una de las ideas que nos propusimos fundamentar en el marco teórico  es que la predicción electoral  se compone de dos momentos: 1) la identificación y medición de las regularidades que determinan el comportamiento electoral en el tipo específico de elección cuyo resultado nos proponemos predecir y, 2)  el avistamiento y evaluación de los fenómenos que tiendan a contrarrestar la manifestación de las pautas previamente identificadas. La síntesis de ambos momentos, es lo que denominamos control integral de variables. Parafraseando a Genco expresaríamos que si la realidad política es una fuente de regularidades e innovaciones, la predicción política no debe limitarse a tomar en cuenta sólo una parte de dicha realidad.

El trabajo fundamenta cómo pese a la contribución del método comparado, su empleo  resulta insuficiente a efectos de garantizar fiabilidad en la predicción, pues su luz, al menos inicialmente, no es capaz de proyectarse  sobre las variables no sistemáticas que pueden llegar a contrarrestar la dinámica  esperada del comportamiento electoral. Para cubrir esa necesidad necesitamos echar mano de otra herramienta, es decir, combinar el análisis comparado con el análisis de la campaña electoral.  Esta última trata de una lectura especial de la etapa electoral realizada en función de identificar la presencia de variables no sistemáticas y evaluar su potencial impacto. Dicho en términos popperianos, a quien corresponde determinar tan precisamente como sean posible las condiciones bajo las cuales persisten las tendencias del comportamiento visualizadas gracias al empleo del método comparado es al análisis electoral.

Al control integral de variables además de plasticidad le es inherente  también la selectividad. Significa que el primer grupo de variables a controlar son aquellas que explícitamente arroja la aplicación del análisis comparado. Se trata de variables que usualmente  han desempeñado un rol en la determinación del tipo de elección cuyo resultado  nos proponemos predecir. Mientras el segundo grupo de variables a controlar emana del seguimiento que demos al proceso electoral en cuestión. De ese monitoreo van emergiendo factores que dada su alto protagonismo o exposición sin dudas debemos controlar.

Por último, sin en el marco abordamos de forma relativamente explícita cómo se acomete el análisis  por intermedio del método comparado,  aún resulta insuficiente el abordaje práctico del análisis de campaña y de la síntesis de ambos momentos, propósitos con los que esperamos cumplir en las etapas subsiguientes de la investigación.

Orestes E. Díaz Rodríguez

Tulum

Agosto, 23 de 2016

 

 

 

 

 

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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