¿Pueden los medios decidir las elecciones?


 candidatos

Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, ha afirmado en su columna del 30 de septiembre en el diario español “El País” que los medios fueron los responsables de que  Donald Trump e Hillary Clinton llegaran igualados al debate.

De acuerdo con Krugman, Clinton “se topó con un torbellino de información negativa de los medios de comunicación de masas, que trataron sus tropiezos relativamente poco importantes como si fueran grandes escándalos y se sacaron de la manga escándalos adicionales”.

La fuente de quien procede la afirmación conduce obligatoriamente a que nos preguntemos, ¿son tan poderosos los medios que pueden decidir quién gana una elección?

El primer supuesto controvertido en el que descansa la afirmación de Krugman, es que las encuestas de intención de voto son confiables. Es a partir de la publicación de sus resultados, que luego de  la Convención Demócrata de fines del mes de Julio, se habla de una ventaja de casi diez puntos por parte de Hillary Clinton. Y un mes más tarde, previo al primer debate, son los sondeos los que “alertan” que la campaña se encuentra  empatada. Lo que quiero destacar es que todo el razonamiento de Krugman tiene por fuente lo que dicen las encuestas, da por sentado que brindan una información veraz. Es el tipo de efecto arrastre que comúnmente  las encuestas ejercen sobre el analista político, que renuncia al razonamiento  autónomo y se transforma en comentarista de los datos “duros” que muestran los sondeos.

No apoyo el supuesto ni tampoco la práctica, pero con el fin de ir al fondo del asunto lo aceptaré en este caso como válido lo que me conduce a formularme dos preguntas: ¿Por qué a los medios le interesaría igualar la campaña presidencial en Estados Unidos? ¿Tienen tanto poder como para poder condicionar decisivamente empates o el propio resultado final?

Castell (“Comunicación y poder”) ha argumentado que los medios no tienen intereses homogéneos, no responden a un mismo objetivo, de ahí que no consigan actuar en una única dirección. Por otra parte, en los últimos días ha circulado la información de que una parte significativa de los medios estadounidenses no apoya el voto por Donald Trump. Esos dos hechos parecen contradecir la responsabilidad que Krugman les endosa.

Sin embargo, es factible que cuando la distancia entre Trump y Clinton se acercó o alcanzó los diez puntos porcentuales, siempre según las encuestas, los medios sintieran o temieran que el interés por la contienda electoral disminuía y eso se traduce, cuando menos, en disminución sustancial de beneficios originados por concepto de  ventas. Así que pudieron muy bien ceder a la tentación de “hacer algo” en función de disminuir nuevamente la diferencia y con ello recuperar la atención de la ciudadanía. Sin  pretender arriesgar el resultado, pudieron apostar por inocularle “entusiasmo” a una contienda que amenazaba con irse de un solo lado, algo que desde la perspectiva financiera, no es conveniente. Por tanto, coyunturalmente, pueden haberse sentido motivados a actuar de manera conjunta, debido a que en el corto plazo les beneficiaba. Pueden entonces haber jugado o haber apoyado el juego iniciado por otros de inflar a Trump, sobre la base de desinflar a Clinton.

Es un ejercicio altamente riesgoso. Un mal cálculo podría provocar un mal mayor, pero ante la eventualidad de perder las jugosas ganancias derivadas de una campaña reñida bien pudieron asumir el riesgo y entrarle al juego.

Eso nos lleva nuevamente a nuestra pregunta, entonces ¿los medios tienen el poder de hacer que empate o gane un candidato que no encabeza las preferencias?

Puede ocurrir en los marcos de una elección concreta, siempre que exista un desequilibrio económico significativo a favor de uno de los candidatos y  al mismo tiempo, no exista un extendido hartazgo o rechazo ciudadano hacia esa candidatura. Pero la dependencia de los factores citados nos indica que ellos son realmente los decisivos y no la finalidad perseguida por los medios. Por otra parte, a efectos de la campaña electoral de Estados Unidos, ¿cómo los medios podrían evitar que la candidatura que desean empujar hacia la derrota no se defienda y contraataque desde los propios medios, mucho más constituyendo una candidatura financiera y mediáticamente poderosa como lo es la de Hillary Clinton? Sin embargo, la contienda Trump vs. Clinton se empató. ¿Ese hecho acaso no prueba la tesis de Krugman?

Mi opinión es que la supuesta igualación no se puede producir, pese al interés coyuntural y convergente de los medios, sin que la propia candidata demócrata contribuya a ello con sus propios errores. Y entre la clausura de la Convención demócrata y  la realización del primer debate hubo varios errores de diferente calado: El escándalo sexual que implicó la mano derecha de la campaña de Clinton; el hecho de que Hillary llamara “deplorables” a la mitad de los votantes de Trump; el desmayo en el acto conmemorativo del 11 de septiembre, que dio argumentos a las teorías y sospechas acerca de que su estado de salud no es idóneo para las tensiones de la presidencia, y que además dejó en evidencia que la candidata había ocultado su padecimiento confirmando que no es propensa a manejarse con trasparencia.

Junto con los errores de campaña, la apuesta de los medios a cerrar la contienda también encontró un apoyo fortuito pero importante, los atentados terroristas en Manatthan, que llevaron agua directamente al molino de Donald Trump. Y aunque en menor escala, la derrota electoral del partido de Angela Merkel en Berlín, como reacción de rechazo del electorado alemán a su política de admisión de migrantes sirios, también puso a soplar los vientos a su favor.

Por consiguiente, si es cierto que la contienda se igualó, no sólo tuvo que ver con la apuesta coyuntural de los medios, sino con que la maniobra contó en el camino con la contribución generosa de la propia Hillary y la irrupción de eventos imprevistos y desafortunados favorables al discurso de Trump.

Paul Krugman es un experto del mayor nivel en Economía, no hay ninguna duda al respecto, pero quizás ese hecho no lo convierta también, al menos de forma automática, en especialista  de la gramática del análisis político.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, Octubre 4, 2016

 

 

 

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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