“Centinela”: Clinton vs. Trump. Informe final.


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Afectuosamente agradezco la colaboración de Astrid Díaz Rodríguez.

Como parte del ejercicio que ha devenido en costumbre en los últimos Lunes, reviso las anotaciones registradas en la bitácora durante la semana que concluyó intentando comprender la orientación  resultante. Afuera hay tensión  y cambios  de signos. En efecto, en los últimos días los medios han abandonado el lenguaje triunfal <Los demócratas dan por segura la presidencia y van por las cámaras>, sustituyéndolo gradualmente por el pesimista y  hasta el resignado. Hasta los analistas y medios más entusiastas ahora destacan como perciben que se derrumban unas tras otras las posibilidades de Hillary Clinton. Trump domina las expectativas, aun cuando ayer, en otro giro digno del mejor culebrón, se anunció que el FBI volvía a cerrar el caso de los emails de la candidata demócrata. Con relación al objetivo de nuestro informe, simplemente hay que procurar aislarse de la algarabía mediática de turno, concentrarse en los hechos y escuchar “la voz” de las variables. Seguramente, tendrán algo que contar.

Hechos y anuncios del 31 de Octubre al 7 de noviembre. Impacto en el modelo extendido de variables.

1.- Los demócratas emplearon diferentes anti marcos para frenar el impacto de  la decisión del 27 de Octubre del director del FBI: “decisión partidista”, “doble rasero”, “decisión basada en insinuaciones”, “parcialidad” al no revelar también investigación abierta a Donald Trump por su potencial  relación con Putin y Rusia. ¿Pero, fueron efectivos? Como toda estrategia de control de daños, presupone mitigar en la medida de lo posible el alcance del impacto negativo, pero como regla esas acciones no pueden lograr que el  límite de la afectación tienda a cero. Claramente Trump resultó favorecido, pese al muro de contención que improvisaron  los demócratas. Cuando nadie lo esperaba, del mismo modo que reabrió el caso, Comey anunció que se cerraba. Ese hecho no sólo detiene el avance del daño sino que facilita que retroceda. ¿Pero puede retroceder hasta la situación inicial? Lo dudo. “El sartenazo cuando no duele tizna”, quiero decir, la construcción de la decisión del voto es de una elaboración sofisticada, no responde a un único argumento.  Pero una vez tomada, el desamarre es también un proceso racional y emocional  tan complejo que difícilmente pueda asegurarse el retorno unánime en la dirección contraria aun cuando el hecho catalizador se desdibujara. Como resultado de la reapertura  del culebrón del FBI, Clinton perdió votantes, como resultado del cierre  Trump pierde impulso, desacelera. Una segunda consecuencia puede haber sido de que dada la supuesta “falla garrafal”  de Clinton con el manejo de su servidor, casi legitimada nada menos que por el director del FBI,  se debilitaran las razones para ocultar el voto por Trump. El voto oculto, por tanto, ya  pudo haberse expresado en la semana “fatídica”, del 31 al 6 de noviembre, ¡como voto justificadamente anticlinton! Quiero decir, es posible que ya viéramos el mejor momento del magnate. Mientras faltaría por ver el impacto que tiene la re exoneración de Clinton en el relanzamiento de su imagen.

2.-Se confirma el buen momento de la economía con 4.9 de cifra de desempleo. Hay que recordar que Obama fue  reeligido con una tasa de 7,7.  Es una buena noticia para la campaña demócrata, definitivamente el legado económico de Obama es positivo. Esta variable tiene, sin dudas, color demócrata, pero la tonalidad no es completa. Más bien hay un espacio en que se desdibuja, no al punto de opacar el resultado, pero sí lo ensombrece. Citaré uno de los tantos analistas que no han pasado por alto el aspecto controversial de esta variable, “los ingresos medios de los hogares aún no han recuperado el nivel precrisis, están un 2.4% por debajo de los de 1999. Los hombre, el grupo clave que apoya a Trump, gana de media menos que en los 70. Los ingresos de los habitantes del medio rural bajaron un 2% en 2015 frente al aumento del 7% de las grandes ciudades. Las rentas de los hogares en 2015 sólo superaron a las de 2007 en 11 estados y Washington,…, Trump ha sabido acariciar el pelo a esos demócratas de Reagan”.

(http://www.elmundo.es/cronica/2016/11/06/581d9eedca47418b0c8b4601.html?cid=MNOT23801&s_kw=empuede_un_impresentable_como_trump_ser_presidenteem)

3.-Obama mantiene una agenda de campaña intensa. El presidente en funciones con su aval del 54% de aprobación y los reflectores y recursos que le dan su posición, intensificó sus actos de campaña. Eso habla bien de su respaldo a la campaña de Hillary. Nada que ver con el desajuste del año 2000 entre Gore y B. Clinton. Esa variable es de las más diáfanas. Pero el asunto de la altísima exposición de Obama conecta con un aspecto de otra variable, el respaldo de las minorías a los demócratas. La percepción y  datos reportados por el <early voting> indicaban hasta el 6 de noviembre una participación afronorteamericana tímida con relación a lo que mostraron en 2008 y 2012.  Sí, los afronorteamericanos no han dado señales claras de que tendrán un voto antitrump del mismo calibre que los hispanos y otras minorías. Las razones principales son tres: 1) Obama no está en la boleta; 2) Trump no ha agredido a los afronorteamericanos como sí hizo con los hispanos, musulmanes y mujeres, por ejemplo; 3) Los afronorteamericanos no olvidan que en el mandato de B. Clinton, el ex mandatario promovió leyes duras que condujeron a que se elevara el número de afronorteamericanos que fueron a parar a la cárcel. Esa reticencia  y el riesgo que ella representa para las aspiraciones demócratas,  ha sido una de las causas más directas de que el presidente en funciones haya desplegado una intensa campaña y que  uno de sus actos los sellara con una frase que dice mucho: “si me quieren, voten por Clinton”. Sin dudas, la invitación que hizo Hillary a que Michelle Obama formara parte de su gobierno asumiendo una cartera o secretaria ayuda mucho en ese y en otros sentidos. La popularidad de la primera dama es incluso mayor que la del presidente. Pero, Michelle Obama, hasta el momento de la redacción de este manuscrito, no respondió a la invitación. Clinton no ha extendido la misma invitación a B. Sanders. Sea cual sea la causa, le deja un flanco débil, como se verá después. De cualquier forma, es factible que la fuerte implicación de los Obama en la campaña (agencia) lleve a modificar la reticencia de forma significativa y que se vea además compensada con lo que es seguro, la elevación del potencial hispano más allá de lo que se registró en 2012.

4.-La coalición entró en Mosul y anuncia que amplía la  ofensiva contra ISIS con el inicio de operaciones contra el principal bastión de esa organización en Siria, la ciudad de Raqqa. El anuncio es favorable para la campaña demócrata, pero es de escaso o nulo impacto. Primero, porque Mosul no se ha tomado y se percibe que será una misión compleja y larga; segundo, porque la ofensiva contra Raqqa marca una voluntad, pero no un resultado; 3) porque el impacto del contexto internacional se desdibujó luego de que James Comey “lanzara la bomba”. Lo curioso es que para esta elección siempre se temió por el potencial impacto de un atentado terrorista promocionado por fuerzas extranjeras, especialmente ISIS, pero la verdadera “explosión” se produjo desde adentro.

5.- La campaña de Donald Trump dejó saber que los asesores han prohibido al magnate tuitear por cuenta propia. La noticia revela como el problema de Donald Trump durante toda la campaña no es Hillary Clinton ni  tampoco Barack Obama, sino el propio Donald Trump, con su temperamento incontrolable, colérico e impredecible que lo lleva a reaccionar agresivamente sin medir consecuencias. La noticia fue rápidamente retrucada por el propio presidente Obama, “si alguien no puede controlar una cuenta de Twitter, no puede manejar códigos nucleares”. El detalle no es menor, Andrés Openheimer, por ejemplo, considera que si finalmente Trump pierde la elección será por la personalidad voluble (inestable) que ha evidenciado y que lo convierte en un peligro al frente del botón nuclear.  http://www.elmundo.es/internacional/2016/11/07/581f221446163f381d8b459d.html

Así como el problema de Donald Trump no es Hillary Clinton sino él mismo, el problema mayor de los demócratas tampoco es su candidata, con todas sus sombras, sino lo que Donald Trump representa. A esta altura no se sostiene pasar por alto que Trump arrasó con sus adversarios republicanos en las primarias, alcanzando el número mágico de delegados sin necesidad de que el proceso concluyera, y sumando 4 millones de votos más que lo que obtuvieron Mit Rommey (2012) y John McCain (2008). A estas alturas también resulta inconsistente no admitir que Trump tiene posibilidades de ganar la elección pese a competir sin el apoyo de la élite republicana, contra la maquinaria demócrata y sin el respaldo de los más importantes medios internos. ¿Cómo ha sido posible? La respuesta es que Donald Trump es, sin dudas, portavoz de un importante movimiento que se ha venido gestando durante años en las entrañas de la sociedad norteña, una mezcla que ha ido sumando nuevos componentes a lo largo del año electoral, pero cuya núcleo es la reacción blanca  contra las consecuencias de la globalización y el avance de las minorías. Ese movimiento ha dado lugar prácticamente  a una “nueva guerra civil”, hasta el momento planteada sólo en términos electorales.

En resumen, contabilizando los diferentes impactos en las variables del modelo “Centinela” arroja 50.5% de probabilidades de Clinton de ganar la elección contra 49.5 de Donald Trump. Ese resultado se encuentra dentro de nuestro margen de error. Indica tanto que Clinton puede vencer hasta por 3 puntos de diferencia o resultar incluso vencida por uno, siempre respecto a la votación popular.

Cuadro resumen de los pronósticos emitidos por “Centinela”, expresado en términos de probabilidades de resultar ganador.

Candidato 13 de Oct. 23 de Oct. 31 de Oct. 7 de nov.
H. Clinton 55% 53% 51.5% 50.5%
D. Trump 45% 47% 48.5% 49.5%

 

El análisis del núcleo duro de las variables

Una característica decisiva  de la elección presidencial norteamericana de 2016, es que el partido en el gobierno intentará traspasar las riendas del poder entre dos de sus miembros, del presidente en funciones a la candidata presidencial de la organización, o lo que es lo mismo, intentará ganar su tercera elección consecutiva (2008, 2012, ¿2016?).

En 115 años, de 1901 a la fecha, ese mismo propósito fue perseguido en siete ocasiones en Estados Unidos: 1909, 1921, 1953, 1963, 1989, 2001 y 2008, pero sólo dos veces pudo ser conseguido 1909 y 1989. La estadística por tanto es desfavorable al propósito en una relación de 5 vs. 2. Sin embargo, la estadística marca una tendencia, pero nunca es conclusiva, especialmente porque el agente de los cambios políticos es altamente receptivo al aprendizaje y la innovación.

Lo realmente pertinente es comprender las variables que aseguran que el traspaso de poder dentro del propio partido pueda concretarse exitosamente. Esas variables son a) el presidente saliente concluye su mandato en medio de una situación económica favorable; b) el candidato nominado por el partido de gobierno goza de credibilidad dentro y fuera de la estructura partidaria y cuenta con el apoyo irrestricto de un presidente saliente que goza de una aprobación satisfactoria, siendo el vínculo entre ambos  tan estrecho que el segundo participa activamente en la campaña y es muy probable que en caso de ser necesario contribuya con fondos u otros recursos; c) debe formar parte del legado del presidente saliente también que su mandato contribuyera a crear en la ciudadanía una percepción de seguridad con respecto a amenazas potenciales que provienen del contexto internacional; d) y por último, que el discurso del candidato del partido adversario no constituya una especie de portavoz de un cambio social y político más o menos profundo que se ha venido gestando en las entrañas de la sociedad y que lo hace por ello representante del imaginario político de importantes fuerzas sociales.

Si nos atenemos estrictamente a ese núcleo duro de variables, los demócratas tienen ventaja clara en  la variable “a” y los republicanos en  la “d”, mientras que las variables “b” y “c” existe abundante tela para cortar a favor y en contra de uno u otro partido, por lo que luego de ahondar  debidamente podríamos hablar de un relativo empate técnico en “b” y “c”,  lo que nos lleva a su vez a  un empate general, siempre que consideremos que el valor de todas las variables es similar. ¿Pero son realmente similares el valor de impacto de las variables “a” y “d”? Lo dudo. La variable más poderosa es “d”, ella explica que los republicanos llegaran hasta el día previo con chances de imponerse. Eso sí, si algo atenúa y juega en contra del valor  impacto de “d” es precisamente la propia conducta impredecible y conflictiva del candidato. En otras palabras, el alcance potencial de la variable es en cierto modo bloqueado desde el núcleo de la propia variable. Eso nos vuelve a llevar a una situación de relativo empate.

La combinación del análisis de las variables con datos agregados.  

Los terceros partidos no suelen jugar un papel importante en el desenlace de la elección presidencial norteña. En 2008 alcanzaron en conjunto aproximadamente 1.40% del total de votos, mientras en 2012  aproximadamente 1.57%. No fueron relevantes. Sin embargo en 2000 Ralp Nader por el partido Verde creció hasta 2.7, y en total los terceros partidos sumaron 3.8% del total de votos. Algunos analistas señalan que ese comportamiento fue a costa de los demócratas y pudo incidir en que entonces perdieran la elección. En 1992 cuando B. Clinton derrotó a Bush (padre) los terceros partidos sumaron casi el 19% del voto, de ellos 18.9% recibió  el millonario Ross Perot. Fue un comportamiento inusual. En esa oportunidad la campaña de Perot afectó los resultados de Bush. ¿Cómo marchan ahora? Este es un dato bastante fiable porque se trata de partidos que por no tener posibilidades de ganar, la intención de voto no se presta prácticamente a manipulación o cocina. Pues bien, hasta el 7 de noviembre la intención de voto por los dos principales terceros partidos, Libertario y Verde, es de 6.5%, es decir, una cifra lejana de lo alcanzado por Perot, pero capaz de desempeñar un rol en la definición de la elección, especialmente si la comparamos con el 2.7 de Nader en 2000 y tenemos en cuenta lo reñido que cierra la actual contienda.

¿Pero a favor de qué candidatura juega el peso que muestran los terceros partidos?  El partido Libertario, del ex gobernador republicano Gary Johnson, lleva la mejor parte con 4.7 de intención de voto, siendo  proclive a constituirse buena parte de su base electoral de los republicanos que tomaron distancia de Donald Trump. No deja de llamar la atención, que a partir del 22 de Octubre cuando gradualmente Trump comenzó su movimiento ascendente, por las razones que ya apuntamos en nuestro análisis de ayer, el partido Libertario descendió en intención de voto, en la misma unidad de tiempo de 6.5 a 4.7% , casi dos puntos porcentuales o en 1/3. Pudiera indicar que los republicanos que se reconciliaron con Trump, dejaron de respaldar a Gary Johnson. Entretanto, el partido Verde de Stein, ubicado a la izquierda de los demócratas y destino principal de los partidarios de ese partido que rechazan a  Clinton, especialmente el núcleo duro que acompañó a Sanders (caso Susan Sarandon,)durante la misma etapa “crítica” no sólo no creció, sino que su intención de voto decayó de 2.6 a 1.8. De modo que si nuestras apreciaciones son correctas, Gary Johnson y los Libertarios le están haciendo más daño a la candidatura de Trump que lo que Stein y los Verdes hacen a la candidatura de Hillary, en una proporción de 2.6 contra 1. El voto de los terceros partidos, especialmente el 4.7 de intención de voto de los Libertarios, tendería a jugar esta vez en contra de los republicanos. Aunque la relación no es matemáticamente exacta, no podría serlo, y  el programa social de los Libertarios es un imán también para demócratas descontentos, lo cierto es que  tiende a manifestarse un comportamiento casi reflejo entre las altas de Trump y las bajas de Johnson y viceversa. Al mismo tiempo, no se observa esa dinámica entre la tendencia de la intención de voto promedio de Clinton con la de los Libertarios. Más bien, tienden a comportarse como dinámicas independientes. Este hecho puede inclinar  la balanza a favor de Clinton.

Orestes E. Díaz Rodríguez

Tulum, noviembre 7 de 2016

 

 

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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Una respuesta a “Centinela”: Clinton vs. Trump. Informe final.

  1. Gerardo dijo:

    Impresionante! Espero que se cumpla!

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