“El impeachment de Donald Trump”


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El cineasta Michael Moore y el profesor  Allan Lichtman  han coincidido en que Donald Trump no culminará su mandato. Moore no necesita presentación, en cambio la figura de Lichtman emergió  aplicando un procedimiento generado por el mismo con el que ha  acertado durante 32 años en el pronóstico de quién ganará la contienda presidencial en Estados Unidos. Por cierto, Moore también predijo que Trump ganaría.  ¿Pero, hay fundamentos que sostenga esta vez la coincidencia entre el hombre del celuloide y el maestro?

Aunque el impeachment o juicio político es un procedimiento muy raro en el sistema norteamericano, sólo dos presidentes han sido juzgados, Andrew Jakson (1868) y Bill Clinton (1998-1999), Donald  Trump tiene varios “puntos de estímulos” que en un momento dado podrían jugar en su contra, teniendo presente que el impeachment  necesita de una polarización extrema entre el Congreso y el presidente, favorable al primero.

En primer lugar está la personalidad del magnate, conflictiva, temperamental, autoritaria y sobre todo impredecible, que lo empujará seguramente en más de una ocasión  a colisionar con los congresistas y el resto de las instituciones.

En segundo lugar, Trump no es un republicano de carrera, él es en realidad un outsider que aprovechó la estructura partidaria republicana para contender por la presidencia y esa empresa ha estado poblada de contradicciones y episodios de enfrentamiento entre el magnate y la elite de la organización que más de una vez le retiró su respaldo y que finalmente votó por su candidatura con la nariz tapada.

En tercer lugar, Trump designo como su Vicepresidente no a un outsider como él, sino a alguien que pertenece a la nomenklatura del partido republicano. En los buenos tiempos, ese vínculo de Mike Pence  favorece los contactos del presidente electo con los congresistas, pero en un clima de   confrontación el eventual reemplazo de Trump por Pence, mucho más respetuoso de los símbolos, la liturgia y la ortodoxia partidista puede ser visto por los republicanos como una oportunidad de tener un mandatario afín o manejable.

Por último, Trump no ganó la votación popular, ese hecho no lo inhabilita para ocupar la presidencia, pero se volverá en su contra en las horas de bajo vuelo que en algún momento podrían sobrevenir.

Por su parte el millonario  tiene a su favor el capital que significa que más de  60 millones de norteamericanos le dieron su voto. Sólo en un escenario de baja aprobación de la imagen del presidente y de alta confrontación con el ala republicana del Congreso sería el proclive para que sus propios  “correligionarios” activaran el juicio político.

Por otra parte, no veo a Trump abandonando el poder ejecutivo sin  pelear. Intentaría dañar a sus rivales y de forma importante a la credibilidad de la  propia institución. Él es en definitiva un “matón”, al menos su historia personal está escrita hasta hoy en esa dirección. Ese es un aspecto que seguramente también será sopesado si en algún momento en el estado mayor republicano   consideraran que implicaría un costo menor intentar deshacerse de él a como dé lugar.

Orestes E. Díaz Rodríguez

Tulum, 17 de noviembre de 2016

 

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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