¿De qué depende la caída de Maduro y el estallido de la guerra en Corea?


maduro y kim jon un

La percepción general es que tanto la eventual caída de Maduro como el desencadenamiento de una nueva guerra en Corea, se encuentran esta vez mucho más cerca que en cualquier situación de tensión anterior.

¿Pero de qué depende que ambos acontecimientos se produzcan y cuál de los dos tiene mayores probabilidades de suceder?

Comenzando por Caracas, la probable caída de Maduro siempre dependió  de cuan monolítico pueda mantenerse el chavismo ante la exacerbación de los reclamos y protestas. En ese sentido, no se ha aclarado aún si la postura de la fiscal general en contra de la anulación de la Asamblea Nacional decretada por el poder judicial,  respondió a una estrategia cupular o fue la primera expresión manifiesta de una fractura dentro del oficialismo. Si fuera lo segundo, crecerían las probabilidades de que esa grieta se ahondara ante la agudización actual de los   enfrentamientos.

Tampoco se ha confirmado que la oposición tomara la iniciativa de proponer un pacto a las fuerzas armadas o viceversa. En la mayoría de las ocasiones, la salida desde un régimen autoritario o semi autoritario en Sudamérica  no se produce si al menos, coyunturalmente, no quedan protegidos ciertos intereses creados en el seno de la institución castrense. 

Por otra parte, es posible que si se oficializa la convocatoria de elecciones regionales, por parte del gobierno, la inminencia de salida extemporánea de Maduro quede en suspenso y se supedite entonces a los tiempos electorales.

Resumiendo, no se ha podido corroborar una escisión dentro del oficialismo, no existen tampoco indicios de la existencia de una política de negociación con las fuerzas armadas desde la oposición para un eventual escenario post maduro, mientras la posible convocatoria de elecciones regionales podría contribuir a desactivar gradualmente la vía exprés de reemplazo. Las variables de las que podría depender una caída inminente (en días o semanas), por el momento, no se manifiestan de manera diáfana.

¿Ocurre lo mismo con el caso coreano? ¿De qué depende el estallido?

La inminencia de una guerra en Corea la favorece tanto la debilidad política interna de Donald Trump, como su personalidad, más inclinada a imponerse que a dialogar. Luego de la demostración de fuerza en Siria, los beneficios de “disciplinar” a Corea resultan muy tentadores para el objetivo de consolidar al magnate.

Pero el problema reside en que es prácticamente imposible realizarlo a través de una acción de tipo preventiva, al estilo de lo implementado con Asad. No hay garantía alguna de que los norcoreanos no respondan destruyendo a Seúl o incluso alcancen también a afectar a Japón. ¿Cuál es el saldo político favorable para la presidencia de Trump si como consecuencia de sus decisiones uno de sus dos aliados en la región es prácticamente destruido? De aquí que una acción de guerra contra Pyongyang tendría que ser de aniquilamiento total impidiendo que devuelvan parcialmente el golpe.

Pero ahora mismo, existe otro asunto más espinoso,  ¿la comunidad de inteligencia de Estados Unidos tiene la total certeza de que Corea no tiene posibilidad alguna de alcanzar con un misil intercontinental el territorio de Estados Unidos? Si se equivocaran en esa apreciación, aun destruyendo a Pyongyang, Estados Unidos podría salir también “tocado” de semejante aventura.

Entonces, si bien existe  la inclinación  de “aleccionar” a Corea del Norte, aprovechando al máximo el relativo éxito del ataque preventivo a Siria,  al parecer no hay manera de hacerlo parcialmente, al menos por la vía militar.  El daño colateral parece inevitable y habría que asumirlo. Mientras la opción del aniquilamiento sorpresivo y total del adversario, puede que disminuya drásticamente las posibilidades de un contragolpe, pero conllevaría un genocidio probablemente insostenible ante la opinión pública global. Como consecuencia, pareciera desvanecerse la posibilidad de un estallido inminente de ese conflicto.

Sin embargo, observando cómo  manejan la crisis las partes involucradas, en este conflicto es alarmante que las formas que emplean los protagonistas pueden pesar más que los acuciantes problemas de fondo. Así todo el mundo fue puesto al tanto de las bravuconadas de Trump, como también del hecho de que Corea recogió el guante. ¿Puede una personalidad como la del magnate moderarse ante semejante desafío sin dejar de pensar que hará el ridículo?

En la península de Corea el inminente estallido del conflicto parece depender más de los egos y la escalada retórica que de las posibilidades reales de que alguna de las partes, y especialmente Estados Unidos y sus aliados, logren salir ilesos material y moralmente. Por consiguiente, en apariencia, hoy 16 de abril de 2017 luce más inminente la perspectiva de una guerra en Corea que el reemplazo intempestivo en Venezuela de Nicolás Maduro.

 Orestes E. Díaz Rodríguez

Tulum, 16 de abril de 2017

 

 

 

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Acerca de orestesenrique

Master en Filosofía por la Universidad Estatal de Moscú, Abogado (Universidad de La Habana), Profesor de Sistemas políticos comparados por la Universidad de Guadalajara, de Soluciones a conflictos internacionales por la Universidad del Valle de México y Derecho Constitucional para curso de Maestría de la Universidad América Latina. Columnista del diario de Guadalajara, "El Informador"
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