Cataluña, el derecho a la separación y el referéndum “confirmativo”.


cataluña la crisis

 

Desde hace  años sostengo que el estado federal es una estafa, entre otras razones, porque  los estados signatarios del pacto de unión federal no tienen derecho a la separación. Ninguna constitución federal escrita lo contempla, salvo la de la extinguida URSS debido, precisamente, a que la maquinaria política, policial e ideológica del PCUS de facto garantizaba la permanencia “voluntaria” de cada república dentro de la Unión.

En el ámbito de la retórica académica sobre el federalismo, hasta se ha acuñado una terminología para enmascarar esa flagrante contradicción, así  los estados o federaciones disfrutan de autonomía pero no de soberanía. Como resultado, el federalismo es un contrato que las partes firmantes no pueden rescindir, lo que seguramente niega toda la teoría contractual jurídica contemporánea.

Si los estados federales, que tienen por origen un pacto o manifestación de voluntad, no admiten la separación de una de sus partes, ¿qué queda para los países unitarios donde ni siquiera se reconoce la existencia de unidades subnacionales?

Los teóricos han debatido durante los últimos treinta y cinco años qué tipo de estado es España, ¿unitario o federal? Una de las conclusiones comúnmente aceptadas es que se trataría de un estado autonómico o de un sistema federal con hechos diferenciales (Aja, 2003). De acuerdo con esa concepción España contiene los elementos esenciales de los federalismos actuales. Sin embargo, la calificación, fue puesta en duda en este mismo blog una vez que sometimos el estado español a la “prueba ácida” del índice de articulación federal que arrojó que el grado real de autonomía de sus comunidades es decididamente endeble  (“¿Quién es quién en cuanto al federalismo?”, octubre 2015, archivos). Pero aún si resultara cierta la perspectiva de Aja, no afecta para nada la visión y la práctica de sus autoridades con respecto al derecho a la separación.

La separación de Reino Unido de la Unión Europea ha sido posible debido a que esta última es sólo algo aun difuso en vías de integración, todavía con rasgos confederales muy fuertes. La confederación es la única forma de unión en que los estados que la integran conservan su soberanía plena y, por tanto, ha resultado una unión provisional y endeble, incapaz de soportar la dura práctica socio histórica. Como forma de estado, hoy es prácticamente inexistente.

En cambio, la separación de las repúblicas ex soviéticas de la antigua URSS, fue posible gracias a una crisis general del régimen. Ahí se vislumbra una de las hipotéticas salidas para los partidarios de la causa de la separación de Cataluña, una crisis de la monarquía constitucional española puede representar una oportunidad.

De no existir una crisis del régimen,  el derecho a la separación sin derramamiento de sangre, es factible sólo cuando existe voluntad política de las autoridades centrales de consultar y respetar la decisión que emane del electorado de la comunidad con aspiraciones independentistas.

La corona,  sin embargo, ha dejado suficientemente claro que ese punto no es negociable por una sencilla razón, evita exponerse a una fragmentación que termine por atomizar a España, reduciendo drásticamente su peso dentro de la Unión Europea y el mundo, al equivalente al del principado de Mónaco.  La “democracia” española, por tanto, manifiesta, cuando  menos  dos límites muy visibles o enclaves autoritarios, por una parte, no es posible que sus ciudadanos elijan al Jefe de Estado, por otra, tampoco es posible decidir en las urnas si una región con características históricas y sociológicas que podrían justificar la denominación de nación, debe proseguir siendo parte de España o tener derecho a formarse como estado independiente.

Una vez que las condiciones históricas favorecen un cambio de la voluntad general de las autoridades centrales, el instrumento clave que la concreta se denomina referéndum, una consulta donde la población mediante el voto decide su permanencia o independencia del marco jurídico en que se ha desenvuelto. Es lo que Reino Unido concedió específicamente en el caso de Escocia, pero habitualmente se olvida que no ha sido a su vez así para otros territorios donde existe también una expectativa creciente por la independencia.

Es llegado ese punto donde considero clave la introducción de una ligera pero decisiva reforma. Una vez que madura el cambio de la voluntad del poder central, algo que no sucede aún en España,  ¿por qué razón hay que hacer depender una decisión trascendental que afecta profundamente la vida de los que “se van” y de los que “se quedan” de una sola y exclusiva votación que puede estar fuertemente permeada por influencias pasajeras o temporales? El actual mecanismo es democrático, no lo dudo,  pero también es  decididamente ingenuo y temerario y por consiguiente dañino. La democracia necesita más que ningún régimen que sus pilares descansen sobre la sabiduría.

Lo  idóneo es que exista, desde luego, la figura del referéndum, pero para que la separación se concrete debe ser necesario que el “sí” se imponga, cuando menos, en dos consultas, mediando entre la realización de la primera y la segunda un  lapso de seis meses a un año, que obligatoriamente se constituiría en una etapa de reflexión colectiva sobre la decisión tomada.  Reino Unido, por ejemplo, se hubiera ahorrado los lamentos y las dudas del día después del “Brexit” si hubiera contado con una herramienta de esa categoría. A ese segundo referéndum  es el que denomino “confirmativo”.

Los que conocen la historia de la figura de la moción de censura podrán entender mucho mejor el punto. La moción de censura es una fórmula decididamente democrática de remover a los gobiernos, pero que más que estabilidad, estimula la inestabilidad de los sistemas parlamentarios. Hasta que en Alemania descubrieron la fórmula para que la figura dejara de ser un factor desestabilizador. Para ello, sencillamente, adicionaron a la moción de censura una segunda votación, no bastaría para remover al gobierno que una mayoría parlamentaria lo censure, sino también que esa misma mayoría sea capaz de designar a un líder sucesor. Surgió así la “moción de censura constructiva” y desde entonces los gobiernos parlamentarios fueron más estables, porque los opositores si bien rápidamente se ponen de acuerdo para remover un gobierno, no muestran casi nunca la misma eficiencia para lograr un consenso mayoritario sobre quién debe ser el sucesor. El instrumento democrático que hasta ese entonces era tosco e imperfecto, fue pulido y perfeccionado contribuyendo con ello a la gobernabilidad. Algo así necesita implementarse  también en materia de referéndum vinculado a temas trascendentales como el derecho a la separación. No tengo dudas.

Orestes E. Díaz Rodríguez

Tulum, 11 de Octubre de 2017

Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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