¿El parlamentarismo es superior al presidencialismo? “Sombras del paradigma”


merkel_3573996kRajoy

Me disculpo por desempolvar un debate que está por cumplir cuarenta años y que  seguramente hoy interesa a muy pocos. Será la primera y última vez que lo haga.  Además en los años 90 Giovanni Sartori y Scott Manwaring, cada uno trabajando por su lado, llegaron a las mismas conclusiones: 1) no es posible definir cuál de las dos formas de gobierno es mejor; 2) las diferencias de rendimiento observables  no tienen que ver con que un país decida tomar la vía parlamentaria o la presidencial sino con las condiciones contextuales existentes en cada nación.

No tengo problemas con eso, salvo que, en América Latina, jamás se ha hecho un análisis crítico  del parlamentarismo y, algo así, hace  mucha falta. Quizás porque ante los numerosos problemas de nuestras sociedades, que continúan siendo achacados en parte al presidencialismo, todavía muchos políticos y académicos de la región le brilla la mirada cuando se refieren a las supuestas bondades del sistema parlamentario y a lo aconsejable que resultaría un viraje en esa dirección. Mi opinión es que se trata de una patología, un vicio o enfermedad intelectual extensamente difundida a la que denomino síndrome del paradigma incorrecto, consistente en discursar sobre las virtudes de algo o alguien a quien no se han tomado la molestia de conocer a fondo. Sí, ya sé que usted lo conoce perfectamente… es que hablamos de una epidemia…

La crisis política actual que vive Alemania ha sido el detonante para dejar por escrito el esbozo de una crítica  del parlamentarismo que pueda servir de antídoto al vicio de colocar como máximo referente algo que en realidad no lo es. Seré breve, relacionaré varios puntos que considero controvertidos del parlamentarismo que sospechosamente han sido tratados con excesiva benevolencia tanto por la literatura sobre los sistemas políticos comparados como por la de la autodenominada “teoría de la democracia”. 

Todo el mundo conoce que en los países parlamentarios que constituyen monarquías constitucionales (Reino Unido, España, Japón, etc) el Jefe de Estado no es electo. Este importante déficit siempre es “compensado” en la literatura con el argumento de que el papel del monarca en esos regímenes es simbólico y jamás se involucra en las funciones ejecutivas. Sin embargo, tal aseveración es solo una leyenda o un mito, tanto en Reino Unido, como en España y Japón, la influencia política que ejerce el monarca tras bambalinas no se puede de ninguna manera subestimar y algunos autores lo han señalado. Se ha llegado a documentar que la familia real inglesa incluso interpela a los ministros y ninguna decisión importante en ciertas materias escapa a su escrutinio. Por otra parte, el hecho de que cualquier decisión importante aprobada por el Legislativo o el Ejecutivo tenga que ser avalada con la firma  del monarca, debe verse no como prueba del simbolismo de su poder sino  como exactamente lo contrario, un derecho real que por el  momento no se ejerce, pero que no siempre y en cualquier circunstancia tendría que ser así. Uno de los grandes aciertos de la teoría  es vendernos como superiores regímenes donde, nada menos, que el Jefe de Estado es un poderoso y activo remanente autoritario que “vela por las buenas  prácticas democráticas”.  El presidencialismo tiene otros problemas, pero no ese vicio de origen.

Por otra parte, en los países parlamentarios que constituyen repúblicas el Jefe de Estado es electo de manera indirecta por las cámaras legislativas. ¿Hay que preguntarse qué significa una elección indirecta en términos democráticos?  Un instrumento que, en el mejor de los casos, suplanta o elude la voluntad popular. Aquí también se dan variantes, en Alemania, por ejemplo, la figura del presidente es de muy bajo perfil, pero en Italia no es así y toma muchas decisiones importantes. La pregunta es, ¿con qué legitimidad puede tener tanto poder? Pero esa pregunta jamás se la formulan a los presidentes parlamentarios de corte italiano, al contrario, se dirige a los presidentes de países presidenciales que por alguna razón y constitucionalmente han sustituido al mandatario de turno ante una renuncia o remoción. ¿Quién no recuerda cómo se la formulaban a Eduardo Duhalde en medio de la crisis argentina de 2001? ¿Por qué la teoría democrática tiene un doble rasero? Uno para Latinoamérica y otro para Europa. ¿La teoría de la democracia sufre también de eurocentrismo? Me temo que sí.

Pasemos a otro punto. La división de poderes es uno de los principios fundamentales de la democracia, desde Montesquieu y los revolucionarios norteños se acepta que ninguna corporación o persona debe concentrar los poderes, no en balde se ha luchado tanto en los balances y contrapesos. Sin embargo, en los sistemas parlamentarios el poder ejecutivo-legislativo se comparte, se fusiona, es decir, la misma fuerza política que controla el ejecutivo como regla  controla a su vez el legislativo, claro está, salvo en los gobiernos en minoría. El problema es que cuando la misma fuerza controla el ejecutivo y el legislativo es muy difícil que no controle a su vez el poder judicial, pues la independencia de los magistrados depende mucho de que el poder político se encuentre fragmentado. Como demuestra la más moderna teoría sobre el poder judicial, los jueces son jugadores que actúan estratégicamente, eso quiere decir, que  rara vez están dispuestos a suicidarse, sino que para pronunciar sus sentencias generalmente miden el estado de la correlación de fuerzas con respecto al gobierno, por tanto si éste controla a su vez el ejecutivo y el legislativo, la actuación independiente de los magistrados tiende a anularse. Es muy raro que la literatura sobre la democracia rara vez se detenga a revisar de qué tipo de equilibrios hablamos en el parlamentarismo cuando se asemeja tanto a una concentración extraordinaria y enmascarada del poder.

Por último, en los sistemas parlamentarios, cuando el partido ganador de la elección no puede conformar una coalición mayoritaria, como es el caso de la democracia cristiana alemana en la actualidad o del partido popular en España, lo más común es que se necesita convocar nuevas elecciones legislativas en la que no existe ninguna garantía de que la situación problemática se resuelva. Entre tanto la función ejecutiva queda en un impasse porque el gobierno en funciones al no resultar investido no puede constitucionalmente tomar decisiones importantes, originándose un vacío de poder, que incluso llega a afectar el status del país en los organismos y foros internacionales en que participa, como ocurrió recientemente con España. ¿Qué pasaría en un país latinoamericano si el poder ejecutivo se diera el lujo de verse afectado por un impasse de esa magnitud que a veces suele extenderse a más de un año?

Bueno, aquí concluyo. Estoy más tranquilo. Pocas cosas me entusiasman más que proponer una terapia contra el síndrome del paradigma erróneo. Por favor, no elija a la ligera su paradigma, y si no lo puede hacer de manera responsable, es mejor no tener ninguno.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, noviembre 23 de 2017

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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