Elección presidencial en México. “Desafíos y secuelas del aprendizaje”


JOSE-ANTONIO-MEADE-ES-DESTAPADO-POR-LUIS-VIDEGARAY

Para calcular hacia donde se inclinan las preferencias en una elección es  tan importante despejar  la pauta que la suele condicionar, como las adiciones y restas derivadas del aprendizaje que manifiestan los actores políticos.

Nuestra pauta  es que, rara vez, cuando el mandatario en funciones avanza hacia la campaña presidencial con una pobre evaluación de su desempeño (menor al 40%), el partido de gobierno consigue retener el poder.

Sin embargo, a través del aprendizaje y la inventiva, los actores políticos bien pueden hacer abortar la pauta. El aprendizaje y la inventiva son los máximos responsables de la plasticidad, que a decir de S. Genco, “es el reconocimiento de que habrá excepciones a cualquier generalización que podamos hacer acerca de los fenómenos que nos interesen”.

¿Pero, cómo  identificamos si la variable aprendizaje tendrá o no un rol protagónico en una elección?  El aprendizaje, de una u otra forma, siempre está presente en la conducta de los agentes, pero donde mejor podemos percibirlo y hasta “tocarlo” es cuando se producen cambios radicales en estrategia de una organización o partido. El aprendizaje, por tanto, es la capacidad de los actores políticos (candidatos y partidos) de cambiar consciente y radicalmente de estrategia, ante una situación con características generales muy cercanas a experiencias anteriores, en las que  la gestión de las circunstancias no arrojó los dividendos esperados.

En ese sentido, el hecho de que el partido revolucionario institucional de México (PRI)  apueste porque su candidato presidencial sea, por primera vez, una persona que no es militante del partido, es un reflejo más o menos directo de un aprendizaje. Los tomadores de decisiones del partido (presidente y su entorno) llegaron a la conclusión que era extremadamente riesgoso enfrentar la elección presidencial de 2018 con un candidato propio.  Las razones son obvias, por una parte, el candidato propio tendría mermada su capacidad de atraer el voto blando y a la vez “útil” de otros partidos cuyos candidatos no tuvieran posibilidades reales de ganar e incluso de parte de los independientes, y por otra,  el candidato propio remaría cargando directamente el lastre  del muy pobre desempeño gubernamental durante el sexenio.

Sin aprendizaje seguramente resulta imposible hacer abortar una pauta que juega en contra de las aspiraciones, pero, ¿basta el aprendizaje y la inventiva para imponerse? Esa es la pregunta que México se hace desde que el partido de gobierno “destapó” a su candidato “apartidista”.

Desde luego que no. Para que eso ocurra la nueva estrategia debe ser capaz en la práctica de sumar muchos más votos de los que se obtendrían de no haberla variado, y ese es, precisamente, el punto que en el caso de la estrategia priista no está claro.

La candidatura de José Antonio Meade tuvo una excelente acogida entre los empresarios y buena parte de los medios, algo que la elección de un candidato propio no hubiera aportado jamás, sin embargo, aún tiene que despejar   espinosas interrogantes:

1) ¿Qué garantía tiene Meade de que las bases del partido, lastimadas también por los resultados del sexenio y acostumbrada durante casi 90 años a apoyar a quienes tienen una larga trayectoria en el interior de sus filas, se movilicen activa y entusiastamente para respaldar a un elemento ajeno, cuyo único mérito reside en haber sido promovido por el segmento coyunturalmente dominante de una cúpula que no puede presumir logros?

2) ¿Cómo puede garantizar Meade, en caso de llegar a ser presidente, que actuará con autonomía de la cúpula partidaria que, por estricto cálculo, lo  impone como candidato presidencial y qué consecuencias tendría para la gobernabilidad del país en el hipotético caso de que lo intentara?

3) ¿Con qué potestad perseguirá los excesos de los gobernadores  y del gobierno federal priista cuyo mandato concluye, cuando su candidatura es la más diáfana expresión de un pacto con esos intereses?

4) ¿Cuál es la verdadera hechura de un hombre que ha servido por igual  a tirios y troyanos?

No sé qué puedas pensar, pero parece que en esta ocasión las secuelas del aprendizaje, quizás no a corto, pero sí a mediano y largo plazo,  deben favorecer  más la resta que la suma de votos hacia el candidato del partido revolucionario institucional abonando, paradójicamente, a la confirmación de la pauta.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, 30 de noviembre de 2017

Anuncios

Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s