Lo que está en juego en la elección presidencial chilena del 17 de diciembre. ¿A votar con la nariz tapada?


Guillier le gana a Piñera en segunda vuelta, segun encuesta  Cerc-Mori.

 

Para la abrumadora mayoría lo que está en juego es si la centroderecha retorna al poder (Sebastián Piñera) y la centroizquierda (Bachelet-Guillier) termina por cederlo. Si algo así ocurriera, cuando menos, se congelaría el avance de las reformas sociales que promovieron los segundos y el énfasis lo tendría el mejoramiento de los indicadores de rendimiento macroeconómico, es decir, un Chile  económicamente más pujante pero que vuelve a aplazar el combate frontal contra la desigualdad. Crecimiento o mejoramiento del índice  Gini, esa es la cuestión.

Claro, en los medios y redes sociales, los términos del debate son más exagerados. Si ganara Piñera significa el retorno del neoliberalismo más salvaje, en cambio, sí venciera Guillier, estamos hablando de la eventual venezualización de Chile.

Afortunadamente, el Sebastián Piñera de hoy dista mucho de ser el Carlos Saúl Menem de 1990 y, Alejandro Guillier, se encuentra muy lejos de ser Hugo Chávez o Nicolás Maduro. Por cierto, las circunstancias de la segunda década del siglo XXI tampoco son semejantes a la década de los 80 de la pasada centuria, cuando los países de la región realizaron traumáticamente el cambio del modelo de desarrollo basado en el estatismo, al modelo basado en la aspiración de vivir prácticamente sin estado.

Pero mi intención en este escrito es ir al trasfondo de lo que yo considero que realmente está en juego con la elección del próximo domingo 17 de diciembre de 2017 en Chile.

Según mis observaciones, las posibilidades de que la centroizquierda gane la elección son bajas, pese a lo que están publicando actualmente las encuestas referentes a un empate técnico y, a contrapelo, de la aritmética mediática, que insiste básicamente en el cálculo de que si el conjunto de los votantes de izquierda logran movilizarse el oficialismo logrará retener el poder.  

La centroderecha de Piñera es la fuerza favorita para imponerse. Ello se explica porque toda elección versa sobre el desempeño del gobierno (Downs, 1957) y el gobierno de la centroizquierda chilena (Bachelte) llegó al proceso electoral lastrada por una evaluación ciudadana del 23%, es decir, sumamente baja.

Para que se tenga una idea, de un total de aproximadamente 60 elecciones presidenciales en América Latina que he alcanzado a revisar de los años 90 a la fecha, sólo en un total de seis, el partido de gobierno pudo retener el poder partiendo de una aprobación presidencial baja. Esto significa que Guillier, el candidato de la centroizquierda, tiene un 10% de posibilidades de imponerse.

Hasta donde he indagado, la condición o condiciones que permitiría que Guillier remontara esa desventaja, en  Chile, en la actualidad, no se encuentran presente.

El problema que genera una baja calificación del desempeño gubernamental, es que no actúa como un incentivo para que otras fuerzas políticas, aun ideológicamente cercanas, apoyen de manera fluida una eventual continuidad. Aquellos actores y electores que no obstante logran superar esa desconexión, acudirían a las urnas con la “nariz tapada”.

dudas de la segunda vuelta en chile

Pero para que ese gesto casi antinatural sea masivo, como  necesitan Guillier y Bachelet, tiene que existir una compulsión muy fuerte que ayude a superar el bache. La amenaza de un posible retorno de Piñera, no parece cumplir esa condición. Otra gallo cantaría si el adversario de Guillier fuera José Antonio Kast, el rescatador de la memoria pinochetista sí sería el catalizador idóneo para lograr que la izquierda deje atrás todo escrúpulo y acuda a segunda vuelta más unida que los dedos dentro de un puño apretado.

La dinámica descrita retrata la situación actual de los apoyos a Guillier, el crucial Frente Amplio, en el período entre las dos vueltas, no pudo manifestarse unánimemente a favor de su candidatura, debido sencillamente a que el 20% de votantes que registró en la primera elección se movilizaron principalmente por su descontento con el gobierno de Bachelet y no es tarea fácil que en menos de un mes se les convoque a votar en contra de sus propias emociones y convicciones. Algunos ya avisaron que lo harán a regañadientes, pero la movilización, en ningún caso, podría ser la misma. ¡Justo lo que necesita el oficialismo!

Por otra parte, aunque en una escala aritmética menor, lo mismo ocurre con otro partido que históricamente formó parte de la coalición de centroizquierda, la democracia cristiana. Cierto núcleo de esa fuerza se resiste a apoyar a Guiller en segunda vuelta, pese a que sus líderes oficialmente le endosaron el voto.

Sin embargo, tengo que admitir que hay dos hechos “nuevos” que complican el razonamiento que he seguido hasta aquí.

El primero es que hace ocho años, en la elección presidencial de 2009, ocurrió una situación bastante similar que impidió la unidad de la izquierda facilitando el triunfo del adversario.

La conclusión que se hizo de aquellas circunstancias es correcta, pública y está suficientemente concientizada por sus protagonistas de entonces,  en buena parte, casi los mismos de hoy. Por tanto, existe la posibilidad real de que la izquierda manifieste un aprendizaje de esa negativa experiencia y se movilice para respaldar a Guillier. La eventual victoria del candidato oficialista estaría entonces atada a que se confirme o no en las urnas ese aprendizaje.

El inconveniente es que la fuerza política que tiene que manifestar que la dolorosa lección de 2009 resultó aprendida, Frente Amplio, no es la misma que se equivocó hace ocho años atrás, Partido Progresista, por lo que estamos hablando de un escarmiento por cabeza ajena y eso, aunque posible, siempre resulta más complicado.

El segundo hecho “nuevo” es que esta semana la encuestadora chilena Cadem anunció que la aprobación de la mandataria Michelle Bachelet registró un ascenso hasta el 40% de aprobación ciudadana (https://reportechile.net/2017/12/cadem-aprobacion-a-bachelet-llego-a-40-su-mejor-cifra-desde-2015/).

Se trata, a mi juicio, de un dato relevante, pues significaría que se ha producido en las  semanas que siguieron a la  conclusión de la primera vuelta, una reevaluación ciudadana del legado del gobierno de Bachelet, que lo lleva, prácticamente, a dígitos que le permitirían a Guillier, contender con posibilidades reales  por las continuidad, aunque no garantizarían el éxito.

Según mis observaciones, cuando la aprobación del mandatario saliente alcanza la calificación que anunció Cadem, cualquier desenlace puede tener lugar en la elección. La moneda estaría en el aire.  La balanza puede inclinarse a favor o en contra.

Lo que ocurre es que la encuestadora Cadem, es la misma, que al día siguiente de la elección en primera vuelta, tuvo que salir a pedir disculpas públicas, porque según aceptó su líder Roberto Izikson, la organización no supo interpretar correctamente la inclinación de los indecisos y sus cálculos de intención de voto quedaron muy desdibujados por los resultados de las urnas (http://www.latercera.com/noticia/mea-culpa-izikson-encuesta-cadem-no-supimos-interpretar-los-indecisos/). Entonces, ¿tenemos que creer que en tres semanas Cadem ya subsanó sus errores metodológicos?

He buscado el reporte de la encuestadora pública CES, la de mayor confiabilidad en Chile, para confirmar el crecimiento de la evaluación ciudadana de Bachelet, pero no existe aún  o al menos no lo encontré. Por lo tanto, mantengo mi postura de que el favorito de la elección de mañana es Sebastián Piñera, pues su eventual triunfo no depende ni de un aprendizaje por cabeza o experiencia  ajena, ni tampoco de los registro de una encuestadora que se mostró poco fiable hace tan solo tres semanas.

Por tanto, lo que según mi parecer está en juego en el trasfondo de la elección presidencial chilena es, si es posible en un lapsus de apenas cuatro semanas, que el partido de gobierno logre  aunar diferentes voluntades y sensibilidades en torno a un proyecto mal evaluado por los ciudadanos, sin que exista una amenaza o fuerza mayor que fuerce a los electores a acudir a votar con la nariz tapada.

PD: Por si esto importara a alguien, me encantaría que ganara Alejandro Guillier.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, 16 de diciembre de 2017

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de orestesenrique

Master en Filosofía por la Universidad Estatal de Moscú, Abogado (Universidad de La Habana), Profesor de Sistemas políticos comparados por la Universidad de Guadalajara, de Soluciones a conflictos internacionales por la Universidad del Valle de México y Derecho Constitucional para curso de Maestría de la Universidad América Latina. Columnista del diario de Guadalajara, "El Informador"
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