“Enrique Alfaro, Pistas de la Refundación”


Alfaro

 

Ayer llegué al auditorio Silvano Barba del Centro Universitario de Ciencias Sociales con la expectativa de que difícilmente podría entrar. Se anunció  un debate entre los aspirantes a Gobernadores por el estado de Jalisco y  con ese tipo de evento desde muy temprano el recinto queda abarrotado.

Pero los organizadores implementaron un sistema de invitaciones y registros y, sorpresivamente, cuando  los candidatos entraron,  justo tomaron asiento frente a mí.

Ni la cámara más sofisticada podrá jamás captar lo mismo que el ojo humano. Ciertos detalles y áureas generalmente escapan. Definitivamente, ni Enrique Alfaro, ni Miguel Castro, son los que nos miran desde los espectaculares y spots.

Noto que Enrique Alfaro suda abundantemente en el preámbulo, mientras se anuncia el objeto del foro y él no tiene aún la palabra, pero cuando le corresponde  suelta tanta “lava” como un volcán en activo. Su discurso no lo estructura desde   premisas y conclusiones, sino que va lanzando sus verdades en forma de ráfagas o llamas y en tono muy serio, dando la impresión de que está molesto o que en cada frase le fuera la vida.

Así supe que la refundación en el terreno de la procuración de justicia pasa ante todo por cambiar a los magistrados principales del Estado, supuestos responsables últimos de que los delincuentes sean liberados casi inmediatamente después de resultar atrapados. No menciona la forma en que prevé serán electos, pero sí subraya algo básico que fue la tónica de la “vida republicana” en el sexenio que concluye: “no puede mandar en el Poder Judicial el padre del Gobernador”.

En ese capítulo hace referencia a los datos que evidencian la impunidad en que vivimos. Las cosas están armadas de un modo que la inmensa mayoría de los que cometen delitos de alto impacto, jamás serán encarcelados. Y entonces da algunas pistas sobre la idea central de su campaña, la refundación. Así me entero que  tiene que ver con convocar una asamblea constituyente y elaborar una nueva constitución. Según su punto de vista la realidad ha rebasado la constitución actual, y hay que hacer un nuevo pacto social. Pone por ejemplo, que la Constitución garantiza la salud y la educación, y en las poblaciones rurales no hay médicos, mientras una enorme cantidad de jóvenes abandona las aulas antes de concluir el secundario. No oculta que su idea se inspira en lo que hizo Mancera en el distrito federal, convocar una constituyente y elaborar un nuevo pacto social.

Lo que Alfaro señala es una constante en el sistema presidencial, los adversarios, en este caso los Sandovalistas, se atrincheran  en el poder judicial y, especialmente, en su instancia suprema y desde allí impiden que cuando el ejecutivo y el legislativo actúan de conjunto la pinza alcance a cerrar. ¿Cómo hacer para sacarlos democráticamente del nicho? La constituyente es una de las armas. Pero ojo, la credibilidad de la constituyente pasa por sus horas más bajas. Casi sin salirnos del mismo uso horario de Jalisco, tenemos a Venezuela, allí el chavismo la empleó nada menos que para desactivar a un órgano democráticamente electo como era la Asamblea Legislativa. Habrá que tomar precauciones adicionales, primero, convencer que la cancha está inclinada, segundo, dar garantías que el cambio no consiste en que concluya nuevamente inclinada pero esta vez a  favor del nuevo gobernador.

Las críticas de sus contrincantes no se hicieron esperar. La candidata de Nueva Alianza, se sorprende de que el ex alcalde capitalino  subido en el banquito desde el que hace campaña no haya podido divisar el crecimiento de la criminalidad en Guadalajara. El candidato del PAN cree exagerado llamar a una constituyente y elaborar una nueva constitución y etiqueta las formas del favorito en intención de voto como autoritarias y sin disposición al dialogo. Por su parte, Miguel Castro, lo acusa de acosar a quienes no tienen otra forma de ganarse la vida que vendiendo mercancías y alimentos en las calles.

Enrique Alfaro siente casi en todo momento la necesidad de que su rostro refleje lo que está pensando, mucho más si no está de acuerdo con el discurso de sus contrincantes. En esos casos abandona el perfil de seriedad y  pasa al de modo mueca. Es la foto preferida por sus adversarios.

Aunque constituye el candidato que va ganando avasalladoramente la campaña a la gubernatura y, sin dudas, el propio debate,  aun así  sigue una táctica distinta a la de “ya sabes quién”. A la larga no deja pasar ninguna alusión o ataque. En algún lugar de su estructura craneana toma nota del agravio y cuando llega la oportunidad  devuelve la estocada. Para esos efectos en lugar de lava, lanza rocas humeantes. Entre tanto, su entorno más próximo, conformado allí  por dos jóvenes y un hombre más maduro con los que intercambia guiños y señas desde su posición en el escenario y, el ejército de sus  seguidores, entre los que veo  diputados, directores y partidarios, aclaman su estilo de devolver golpe por golpe. Rinden tributo al arte de  no basarse en la esquiva, sino en responder  y noquear. Enrique no juega con el reloj, no baila con sus piernas, no le interesa convertir su defensa en escudo, tampoco se impulsa con las cuerdas para eludir al rival. No vive de esas destrezas, al contrario, se siente mejor en el cuerpo a cuerpo, es un fajador.

Tomo nota de que ninguno de los ataques al futuro gobernador tiene que ver con supuestos actos de corrupción o con vínculos con el crimen organizado, que han constituido el material por excelencia que deja señalados a otros.

Tomo nota también  que la democracia algo adicional debería hacer también con los candidatos perdedores de las elecciones. Algunos han estudiado tan a profundidad la realidad del estado que es un despilfarro que luego sus visiones se pierdan sólo porque no ganaron.

Me quedan dudas sobre si los cambios que quiere realizar Enrique Alfaro se pueden hacer por vía de la reforma constitucional, con un costo mucho menor en tiempo y gastos, qué necesidad hay de convocar una constituyente. Por otra parte, lo único que se puede hacer en materia constitucional en salud, educación y derecho a la vida, es obligar al Estado a dar garantías constitucionales al respecto. El trabajo duro está en la calle, es allí donde hay que cambiar las condiciones que reproducen que los derechos fundamentales sean meros enunciados retóricos. La constituyente podría resultar en una distracción cara y peligrosa.

Precisamente, Mancera y el proceso constitucional en el entonces distrito federal  son ejemplo de lo que puede suceder si se parte de creer que lo más importante es crear un nuevo pacto jurídico constitucional. Justo, Mancera, dejó el puesto de jefe de Gobierno con la peor evaluación de la historia y eso apunta a que el  partido de gobierno (PRD), pese a ir en coalición tiene todas para perder las riendas del poder en el hoy estado del valle de México. En resumen, Miguel Ángel, hizo una Constitución, pero ello no lo salvó de salir por la puerta de atrás.

Por otra parte, percibo que la mayoría de los jaliscienses no tienen idea de donde provienen las reglas de juego formales que en teoría controlan sus vidas. De las materiales, sin embargo, no tengo ninguna duda. Pues bien, una convocatoria de Asamblea Constituyente puede ayudarlos a comprender que justamente ellos constituyen el soberano, los que deciden  en primer instancia las reglas del juego constitucional. Pero para que algo así suceda el proceso de selección de candidatos a la Constituyente no puede ser manipulado por el poder ejecutivo federal y estatal y los partidos políticos, como sucedió en el distrito federal, sino que el grueso de los constituyentes tienen que ser representantes más o menos directos del ciudadano de a pie.  Enrique Alfaro, ¿está dispuesto realmente a conceder eso, o su plan lo que contempla es realizar una pantomima de ejercicio democrático como hizo Miguel Ángel Mancera en la capital?

No puedo concluir la reseña sin mencionar que la mayoría de la gente no entiende por qué Alfaro, prácticamente con la elección ganada desde la salida, tuvo que hacer los pactos que hizo. Quiero pensar, por ahora, que se trata, por una parte, de no añadir más frentes de batalla a los que tendrá como Gobernador del Estado, y por otra, de dibujar una especie de trazo, aunque complicado y torcido, que en seis años lo ayude a contender por la presidencia.

Para bien o para mal, esas decisiones ya están gravitando sobre su futura gestión aunque esta aún no se inicia. La maquinaria de desgaste, tan tradicionalmente efectiva para destripar  reputaciones y aspiraciones de los gobernadores jaliscienses, recibió materia prima adicional en abundancia. ¿Logrará, Alfaro, ser la excepción? Francamente, ojala y sí, a Jalisco le urge un buen gobierno, pero, vamos viendo…

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, 10 de Mayo de 2018

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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