Vargas Llosa y el foro de Guadalajara. Segunda parte


ponentes sesión de la mañana

 

Cuando el jueves 23 de mayo recibí la llamada con la invitación a participar en el Foro, “Desafíos de la libertad en el siglo XXI”,  como casi todo el mundo, pensé de inmediato que el domingo no es para eso, ni aunque participe en el evento Mario Vargas Llosa.

Para colmo, los sábados del mes de mayo suelo impartir el curso de Derecho Constitucional en la maestría de la Universidad América Latina, por lo que el efecto de la invitación era que mi semana laboral se extendiera más allá de la línea del horizonte, ¡siete días! No, definitivamente no era sano.

Sin embargo, cuando verifiqué el nombre de los ponentes, ciertas sensaciones cambiaron. La reunión juntaría, entre otros, a Aguilar Camín, Krauze, Magaloni, Woldenberg, Castañeda, De Mauleón, Domínguez, Bartra, Cossío y Reyes Heroles. Pendía un enigma. ¿Qué motivaba a buena parte de la flor y nata de la intelectualidad mexicana a ponerse a “chambear” un domingo?

Según recordaba vagamente, durante la semana se había filtrado a la prensa los nombres de intelectuales que durante el mandato de Enrique Peña Nieto (2012-2018), habían recibido un jugoso financiamiento para respaldar su producción de contenidos (textos analíticos, libros, revistas, vídeos, cortometrajes, etc.). Algunos de los apellidos filtrados, como el del “Historiador”  y sus empresas editoriales que recibieron 124 millones en el sexenio, aparecían entre la relación de ponentes. ¿Guardarían relación ambos eventos?

Por otra parte, el foro significaba una oportunidad excepcional de ver de primera mano cómo funcionan las mentes identificadas como lúcidas, cuál proceso siguen en la selección de sus argumentos y de qué forma construyen sus conclusiones más filosas.

Ni idea tenía sobre el curso que tomarían las cosas, así que muy lejos me encontraba por saber entonces que, lo que escucharía allí durante las siete horas que se extendió, confirmaría ciertas intuiciones que me acompañan desde hace algunos años y daría un nuevo rumbo a mis inclinaciones investigativas.

Luego de la presentación de Vargas Llosa, llegó el turno al primer panel, enmarcado en el tema  “La desilusión liberal: comprendiendo el descontento con la democracia”. La voz cantante la llevaron Aguilar Camín y José Woldenberg. Básicamente,  con el apoyo de fuentes teóricas, Camín se esforzó en corroborar que el gobierno de AMLO cumplía, prácticamente, con los seis rasgos que caracterizan al populismo. Mientras su segunda intervención la dedicó a alertar que, sin que persiguiera la reelección, el plan de AMLO consistía en conformar una hegemonía política que llevara a Morena a tomar el control transexenal del estado mexicano. Sí, definitivamente, aunque no sigo  sus columnas, con respecto a la última referencia que tenía de Camín de hace un par de meses atrás, mostraba una radicalización en su interpretación de lo que él considera que representa el gobierno de la llamada cuarta transformación.

Por su parte, José Woldenberg, se hizo la pregunta de si en México, realmente había tenido lugar una transición a la democracia. Él, que en su momento más importante encabezó el órgano electoral en el país, se respondió afirmativamente. Sus argumentos fueron: antes del año 97, existía un partido hegemónico, un presidente con poderes metaconstitucionales, las elecciones no eran competitivas ni transparentes y los poderes del estado carecían de independencia. En el siglo XXI, pasamos al multipartidismo y el pluralismo, la presidencia perdió sus poderes imperiales, las elecciones se hicieron competitivas y los poderes legislativo y  judicial pasaron a ser contrapesos y comenzaron a jugar también ese rol otros órganos autónomos. “¿Por qué no se ve o no se siente esa transición?”-se preguntó también, “debido a la corrupción, la impunidad, la inseguridad, la desigualdad y los bajos niveles de crecimiento económico”.

Krauze, cuyo papel fue de moderador, destacó que una sentencia de la Suprema Corte había sentado el precedente de que mientras mayor poder tiene el funcionario público, mayor también debe ser su tolerancia ante la crítica. Y en un tono que francamente pareció cercano al patetismo, le preguntó a Aguilar Camín sobre qué le faltó a su generación, a la que identificó como la del 68, con respecto a la construcción democrática de México.

La perspectiva del primer panel, con independencia de la exposición puntual de Aguilar Camín, fue de preocupación ante determinados indicios en el comportamiento del presidente que consideraron como preocupantes. La voz disidente al respecto, llegó a través de Ana Laura Magaloni, quién reclamó que por qué en lugar de criticar y de centrase en la superestructura, se refería a las relaciones entre los poderes y entre el ejecutivo y los medios, mejor no nos poníamos todos a ras de tierra. Eso significaba construir propuestas para solucionar el gran problema que estaba atorado en México desde antes del ascenso al poder de AMLO y aun después de producirse el mismo.

A entender de Magaloni, el grave problema del sistema mexicano reside en que la  ruta para el ascenso o movilidad social de los jóvenes se encuentra atorada, dando fuertes indicios de que la situación estaría por explotar. Lo único que había variado con el triunfo de AMLO es que las personas cuya ruta hacia la movilidad social estaba permanentemente bloqueada, ahora tenían esperanzas. Si esa esperanza se perdía, las consecuencias serían inimaginables.

En la etapa que va de mi 1824 a 1856 en México, la figura del “hombre fuerte” que pasaba a primer plano ante las crisis recurrentes de las instituciones o directamente las suplantaba, la representó Santa Ana. En la segunda parte del siglo XIX, el papel correspondió a Porfirio Díaz. Durante el siglo XX, aunque varios personajes pueden corresponder con la descripción, en definitiva terminó predominando sobre el “hombre fuerte”,  “la institución u organización fuerte”, el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Me pregunto, si lo que defendió Aguilar Camín, ¿podría llegar a interpretarse como la confirmación del retorno del “hombre fuerte” a la historia mexicana? ¿Existe una dinámica más o menos oculta en la historia moderna de nuestros países que vincula casi armónicamente etapas de agudas crisis institucionales con la emergencia del “hombre fuerte”? ¿El arribo del “hombre fuerte” es mucho más inevitable de lo que estarían dispuestos a reconocer personas formadas bajo el paraguas del paradigma democrático?

Por otra parte, Woldenberg fue capaz de identificar eventuales hitos del proceso de democratización en México. Sin embargo, por qué a su vez  es incapaz de reconocer que los graves males que ahogan a los mismos, que no lograron ser evitados por los gobiernos liberales (corrupción,  impunidad,  inseguridad, desigualdad y  bajos niveles de crecimiento económico), adquieren a su vez la categoría de explicaciones acerca de por qué razón si hubo alguna vez una transición democrática en México, la misma resultó fallida. Como se sinceró un ponente de la sesión de la tarde, “cómo vamos a hablar seriamente de democracia cuando las cosas han llegado al punto de que puedes perder la vida al salir a la calle. El presidente Calderón, fracasó en convencer a la opinión pública de que la lucha contra el narcotráfico era una lucha por la democracia”.

Y finalmente una observación: durante siglos la función del escritor consistió en trasmitir la mesura, el razonamiento profundo, la sabiduría. Era capaz de mostrar los entresijos de la reproducción social de la naturaleza humana en cada etapa por complejos e inescrutables que resultaran. Su palabra, justo por eso, podía proporcionar incluso un disfrute comparable al oro u otras delicadezas materiales. Esa capacidad innata puso siempre su figura en el centro de todas las épocas. ¿Por qué razón entonces en la sesión de la mañana, no pude observar que la intervención del escritor jugara ese papel? ¿Por qué queda la impresión que esos atributos parecen llegar al foro de la mano de Ana Laura Magaloni?

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Mayo 29 de 2019

Tulum

 

 

 

Acerca de orestesenrique

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Guadalajara. El tema que luego devino en mi tesis doctoral, predicción de elecciones presidenciales, fue concebido, nació, se experimentó y arrojó sus primeros resultados, justo, en este blog...
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