“El efecto Trump”


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Por Pedro Miguel Enciso, politólogo                                                      enciso

Análisis enviado el 14 de noviembre de 2016 a la convocatoria del concurso auspiciado por el blog  “Certezas de la Incertidumbre”

El reciente triunfo del candidato republicano Donald Trump ha generado, una incertidumbre mundial sobre la dirección política de Estados Unidos y el impacto que está tendrá sobre la economía del globo. Si bien una gran parte de la población apoyaba a la candidata Hillary Clinton, esto no fue suficiente para garantizar el triunfo de la demócrata, para sorpresa de su equipo de trabajo un porcentaje mayor de latinos a los que apoyaron a Romney en 2012, voto por Trump. Pese a su discurso anti-migratorio y misógino, sectores claves para asegurar el triunfo como lo fue Florida con su alta población de cubanos y puertorriqueños, el estado de California o Nevada, dieron la sorpresa apoyando al candidato Trump, todo esto sin contar al voto blanco al que estaba dirigida su campaña.

Pero ¿porque ocurrió esto? algunos analistas comentaron la poca homogeneidad de la población latina, si bien existe un porcentaje muy amplio de latinos viviendo en estados unidos, no todos están bajo las mismas condiciones, una parte considerable son nacidos allí a los que una campaña basada en políticas migratorias no es del mismo interés, como lo son la cuestión económica. Hay que recordar que la población americana ejerce el voto de castigo, el cual que le fue impuesto al Partido Republicano tras el mandato del presidente Bush, mismo voto que se restó del Partido Demócrata tras la crisis económica que afecto el mandato de Obama. También se presentó una abstinencia electoral por parte de las comunidades latinas, afroamericanas y en la población joven, fue el electorado mayor y blanco quien más participación tuvo en los comicios electorales, a pesar de eso Clinton presento una mayoría de voto popular, pero fue el sistema del colegio electoral lo que le genero el triunfo a Trump.

La campaña de Hillary baso su marketing en la integración del sector migrante al mercado laboral, proponiendo la regularización documentaria. Esto represento un conflicto de interés con la población legal del país, la cual apoya en una parte considerable la deportación. La reciente crisis humanitaria de Haití y la búsqueda de los haitianos por cruzar las fronteras de México y E.U., genero una preocupación por parte de la población americana, por que existiera la posibilidad de que un gran número de migrantes cruzaran y generaran desempleo.

El triunfo de Trump además de dejar en descubierto la falla sistemática que tiene el sistema electoral de E.U. donde un candidato puede ganar sin la necesidad de representar una mayoría, fue un ejemplo de una corriente nacionalista que se ha ido gestando en Europa. Desde 2012 comenzaron brotes en distintas partes del mundo: como lo fue el caso de Grecia y la aparición del partido de ultraderecha Golden Dawn, quien en la actualidad representa la tercera fuerza política del país, tras las crisis económicas de Grecia y su papel participativo en la unión europea, la sociedad griega se inclinó a favor de la política nacionalista que buscaba la salida de Grecia de los Países del bloque europeo; La intensificación del conflicto en Siria y la llegada de miles de Refugiados a generado descontento por parte de la población europea. Lo que ha generado un incremento en el discurso racial y una oleada de discriminación a la comunidad musulmana culpándola de la serie de atentados provocados por el grupo terrorista DASH o ISIS; La salida de Reino Unido (Brexit) de la unión europea.

La victoria de Trump género que la postura de muchos políticos en el mundo se definiera implementando un discurso que sería mal visto en los países democráticos. Políticos como Marine Le Pen por parte de Francia, Geert Wilders por parte de Holanda, Viktor Orban por parte de Hungría, son solo algunos de los nombres de políticos que han dado iniciativas en contra de la postura migratoria de la unión europea. Por su parte Nigel Farage quien es el principal impulsor del Brexit expreso su interés de participar políticamente con Trump.

Pudiéramos suponer que el panorama económico que se avecina es el de una cooperación entre E.U. y Reino Unido como frente para frenar el crecimiento económico de China. En el cual tendrían lugar los países que tuvieran una propuesta política similar como lo son Francia, Holanda, España. Por su parte la relación política entre México y E.U. se redefiniría a partir de las modificaciones al TLC y los tratados internacionales que E.U. tiene con otros países, para mantener relaciones comerciales América Latina tendría que aceptar las condicionantes impuestas por el nuevo bloque económico euro-americano sobre políticas migratorias y comerciales. Esto podría llevar a pensar en la posibilidad de incrementar relaciones entre México, Canadá, Colombia y Brasil, pensando en la posibilidad de tener una relación comercial más estrecha con las economías orientales que están en ascenso como lo son China e India.

Por el tema de la deportación de indocumentados se espera que surja un incremento en la demanda laboral, el presidente Trump declaro que planea sacar a 3 millones de indocumentados si esto ocurre podría traer consigue un incremento en los índices de desempleo no solo para México, sino también para algunos países de América Latina. Por otro lado, tenemos la aceptación y cooperación entre Rusia y E.U. lo que podría generar una integración comercial en Cuba y el proceso de democratización de Venezuela, lo que cambiaría la Geopolítica impuesta tras la Guerra Fría.

 

Fuentes de consulta:

http://www.eldiario.es/agendapublica/proyecto-europeo/Amanecer-Dorado-lado-oscuro-Grecia_0_360115034.html

http://www.radioformula.com.mx/notas.asp?Idn=604455&idFC=2016

http://www.elconfidencial.com/mundo/2016-11-13/le-pen-trump-victoria-nuevo-mundo_1288843/

http://expansion.mx/mundo/2016/11/09/por-que-donald-trump-gano-la-presidencia-de-estados-unidos

http://expansion.mx/mundo/2016/11/09/las-razones-por-las-hillary-clinton-perdio-las-elecciones-presidenciales

http://www.univision.com/noticias/elecciones-2016/el-voto-latino-que-favorece-a-trump-y-apoya-las-deportaciones-segun-estudio-de-csula

http://www.independent.co.uk/news/uk/politics/isis-brexit-news-eu-referendum-result-praises-response-islamic-state-daesh-political-crisis-crusader-a7109781.html

http://www.lasexta.com/programas/mas-vale-tarde/noticias/las-fuerzas-ultraderechistas-europeas-celebran-la-victoria-de-donald-trump_2016110958236edb0cf24962cc1e3454.html

http://www.elmundo.es/internacional/2016/04/20/5717a52e268e3e24718b45dc.html

http://es.reuters.com/article/topNews/idESKCN0QZ0DC20150830

https://actualidad.rt.com/actualidad/214481-migracion-refugiados-viktor-orban-union-europea-hungria

http://www.elmundo.es/internacional/2016/10/02/57efa243ca474100518b462c.html

http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/12/151221_llamativos_piropos_trump_putin_parecidos_bm

http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/04/160428_eeuu_trump_atraccion_rusia_putin_men

 

 

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Cuba: La muerte de Fidel y la sucesión


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Ahora que con la llegada de la segunda quincena de diciembre temporalmente he terminado con mis obligaciones  y también se han calmado un poco las agrias disputas en torno al legado de Fidel Castro (¿no será esa también la herencia?), es un momento oportuno para considerar con tranquilidad y sin sesgos las  pistas que sobre la Cuba que viene  arrojaron su muerte y el funeral.

La primera certidumbre es que  la muerte del líder histórico origina que, por encima de todos los asuntos, gane el mayor relieve el tema sucesorio, por más que los altos representantes del régimen lo encubran, cosa en la que además tienen probada experticia.

Ahora ha quedado en La Habana sólo un Castro “histórico”.  Sea cual sea el sucesor, un relevo sin sobresaltos y controlado, sólo tiene posibilidades de concretarse con relativo éxito, con Raúl  monitoreando personalmente el proceso, sobre todo intermediando en la compleja relación del sucesor designado con los jerarcas militares, los históricos que han sobrevivido,  la estructura del partido y la propia familia Castro.

Raúl Castro anunció desde tiempo antes que se retiraría en 2018. Ese anuncio hay que examinarlo detenidamente. Tiene varias aristas.

Primero, no parece incluir, al menos  en su etapa de arranque, la jefatura del partido comunista.  Alcanzaría, por el momento, sólo el cargo de presidente del consejo de estado, subordinado jerárquicamente al del primer secretario del partido, el verdadero nicho decisorio de la isla.

Segundo, 2018 es temporalmente muy lejano para alguien que tiene 85 años. Será toda una verdadera ruta crítica biológica la que tendrá que atravesar Raúl para poder llegar a traspasar personalmente la parte menos decisiva del mando que hoy controla.

Erróneamente consideramos que si Fidel y Ramón Castro murieron a los 90 y 91 años, a Raúl le quedan aproximadamente cinco años activos. Tal apreciación es falsa. Aunque Fidel murió a los 90, prácticamente la biología lo desactivó a la edad de 80 años, y  a falta por el momento de más datos, tenemos en cambio el valioso testimonio  de 2004, de  Ricardo Pascoe Pierce, ex embajador de México en La Habana, de que  Ramón Castro, el hermano mayor, para esa fecha se le notaba abiertamente la predisposición alcohólica, por lo que es factible suponer que su “desactivación” también tuvo lugar muchos años antes de que finalmente feneciera.

Lo que quiero decir es que nadie puede asegurar que a Raúl le queden cinco años en activo, sino que lo único verdaderamente cierto es que  él ha permanecido más tiempo en activo que sus hermanos, por lo que su eventual desactivación está mucho más cerca de lo que se piensa y el tramo que tendrá que recorrer hasta mediados de 2018 no se puede dar por hecho. Puede que lo recorra, pero seguramente existe una probabilidad muy similar de que no alcance a completarlo, al menos en plenitud de condiciones.

El problema reside en que el régimen necesita un Raúl Casto activo o con un nivel satisfactorio de condiciones físicas y psíquicas para que monitoree la sucesión y garantice que pueda llegar a feliz término.

Desde que percibí que Donald Trump podría ser el sucesor de Barack Obama en la Casa Blanca, con todo lo que ese acto significa para La Habana, pensé que la postura de Raúl sería reconsiderar su decisión. Llegué a pensar que la llegada de una administración norteamericana con un discurso beligerante contra la reciente aproximación con la isla,  le daba el pretexto perfecto para adjurar de su anuncio y  conservar el doble cargo de presidente y primer secretario.

Si pudiera creo que Raúl los conservaría, pero el problema es que carece de tiempo, sabe muy bien que el plan de sucesión previsto tiene mayores posibilidades de concretarse, si  él personalmente puede controlar el proceso en vida.

Quiere decir, que abandonará, sólo en parte, el primer plano y controlará la ejecución del libreto. Primero, directamente, luego, si la biología y la situación operativa lo permiten, tras bambalinas. La idea es que los auditorios externos y sobre todo interno, comiencen gradualmente a acostumbrase a que las cosas pueden seguir el mismo rumbo o parecido sin necesidad de que él se encuentre al frente. Es más probable que la mayoría, tanto en la cúspide como  en la base, respete y se acostumbre a la nueva rutina, si saben que él está de alguna forma presente, al pendiente de la ruta, los posibles forcejeos y de los detalles espinosos. Así que no hay opción, comenzará a ejecutarlo por parte en 2018 o incluso no sorprendería que fuera antes.

Tercero, el nivel de planificación milimétrico y sigiloso mostrado en la organización de las honras fúnebres  nos dice que ese mismo será el estilo de la sucesión. El manejo de los tiempos y de los símbolos que alcanzó el régimen no dejó escapar ningún detalle, ni siquiera el día del deceso, así Fidel muere “fortuitamente” el día en que debía morir, justo cuando se conmemoran sesenta años de la partida de México del yate Granma.  

Nadie lo dude, no habrá lugar a la improvisación. Existe, como es habitual en la jefatura del estado mayor del  ejército,  un plan  con acceso absolutamente restringido que ya arrancó, y un procedimiento que establece  tiempos, fechas, responsabilidades, posibles distracciones a ejecutar para desorientar al  adversario, y además, una discreción y una discrecionalidad total. Todo deberá acontecer  sin que parezca que nada importante haya acontecido. ¿Acaso esa no fue siempre, por encima de cualquier otra consideración, la divisa máxima? (continuará).

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, diciembre 14, 2016

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“Las aguas que alimentaron los “molinos” de Donald Trump”


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Aceptando que las variables explicativas voto económico y aprobación presidencial tendencialmente jugaron en favor de la candidatura de Hillary Clinton en la elección presidencial de 2016 en Estados Unidos, soportado por la evidencia de que finalmente consiguió ganar la votación popular por un margen de más de dos millones de votos con respecto a su adversario Donald Trump (1), es aún más importante esclarecer qué variables explicativas jugaron a favor del empresario neoyorquino, permitiéndole no sólo sumar la importante cantidad de 62 millones de votos, la  más alta obtenida por un candidato republicano, sino también ganar la  decisiva votación del colegio electoral. La respuesta a esa interrogante es aún más necesaria entendiendo que el  magnate consiguió esos resultados distanciando de la elite partidaria republicana que en buena parte lo votó con la nariz tapada, sin el apoyo de los grandes medios y lidiando contra la formidable estructura de captación de voto demócrata, que históricamente ha probado ser más eficiente que la republicana y que en esta ocasión aventajó considerablemente a la campaña de Trump en cuanto al monto final de recaudación durante el proceso electoral (2).

A nuestro juicio, son fundamentalmente la combinación de al menos un grupo de cuatro variables las que condicionan en última instancia la victoria republicana. En el texto identificamos y examinamos el aporte de cada una de esas variables explicativas que terminaron definiendo la victoria de la candidatura de Trump.

Una de las variables explicativas más fuerte del desenlace electoral, pero escasa o nulamente trabajada en la literatura sobre el tema, es la conexión del discurso de  los candidatos en disputa con ciertos segmentos electorales importantes que aspiran de manera entusiasta a modificar el statu quo. Se trata de procesos que han venido madurando en las entrañas de la sociedad y para los que uno de los candidatos logra constituirse en portavoz. Donald Trump es un caso paradigmático de esa variable, él logra darle voz a una importante dinámica que se está produciendo dentro de la sociedad norteamericana, específicamente en buena parte de la mayoría blanca rural de baja o mediana instrucción,  contrariada con el  rumbo y los resultados de la globalización, con el  avance político y social de las minorías e inclinada a idealizar los beneficios de los añejas, pero tradicionales posturas aislacionistas. Esa conexión asociada a las dotes mediáticas del magnate condicionó en la práctica que Trump fuera el candidato del cambio y que su propuesta despertara entusiasmo entre sus seguidores. Algo que sin dudas se reflejó en su consigna de campaña, “Make America Great Againts”. Esa conexión fue reconocida por la mayoría de los analistas nativos y extranjeros (3) que intentaron esclarecer las claves de la campaña, pero hay tres datos duros que lo confirman: 1) Trump ganó las primarias antes que concluyera el proceso y obtuvo nada menos que cuatro millones de votos más que lo conseguido por los ganadores de la nominación republicana en 2012, Mitt Rommey, y 2008, John McCaín (4); 2) a nivel general Trump alcanzó la mayor votación histórica de un candidato republicano (5); 3) Trump ganó en los estados decisivos cuyo cinturón industrial es el más afectado como consecuencia de la migración de las inversiones y los capitales hacia países donde la mano de obra es más barata o debido al cierre de cierto tipo de cadenas productivas no limpias  prohibidas por la política de Obama favorable a disminuir el impacto humano en el calentamiento global.

Una de las variables explicativas que históricamente tiene un gran impacto en la decisión del voto en Estados Unidos, es la percepción de seguridad del ciudadano promedio ante las amenazas y riesgos provenientes del contexto internacional en que Estados Unidos en su calidad de potencia manifiesta un perfil muy alto. En la reelección de 2012, en este aspecto a Obama le favoreció que pudo presentarse como el mandatario que había liquidado finalmente a Bill Laden. Pero entre 2012 y 2016 algunos acontecimientos trajeron nuevas amenazas que desdibujaron la gestión de Obama en esa área, el surgimiento casi sorpresivo de ISIS y su activa participación en la promoción de atentados terroristas en Occidente mediante células o “lobos solitarios”; el pacto nuclear con Irán que no logró trasmitir una sensación de confianza en la opinión pública interna; la gestión de la crisis Siria, especialmente la política de fronteras abierta para la recepción de refugiados procedentes del conflicto. Todos esos puntos dieron considerable munición a la campaña del miedo y el aislacionismo orquestada por Donald Trump.

Tradicionalmente el partido demócrata cuenta con una estructura de captación del voto más grande y más eficiente que la demócrata que le permite movilizar más electores en una unidad de tiempo menor. Pero la elección de 2016 estuvo signada por el hecho del voto anticipado (6), es decir, la unidad de tiempo disponible para movilizar a los votantes más escurridizos se amplió de manera sustancial en semanas y hasta meses. Se considera que un 40% de electorado votó de manera anticipada (7). Pues bien, esa ampliación considerable de la unidad de tiempo disponible para acudir a votar a quien termina favoreciendo no es a la estructura partidaria más eficiente sino a la menos eficiente, en este caso la republicana, que contó con mucho más tiempo para persuadir a sus partidarios a que acudieran a las urnas.

Por último, en una campaña electoral, específicamente en la era de la globalización y la auto comunicación instantánea de masas,  suelen impactar eventos no previstos de carácter internacional o nacional que impulsan el discurso de alguno de los candidatos en disputa. Este hecho gana de campaña en campaña un espacio mayor en la elección presidencial de Estados Unidos, justamente por el papel protagónico que ese país desempeña en el orden mundial. Pues bien, esta oportunidad no fue la excepción, varios eventos de este tipo llevaron una importante cantidad de agua a los molinos del millonario. En el orden externo, 1) el “Brexit” y 2) los atentados terroristas en Europa y Manhattan. En el orden interno,  1) la publicación en plena campaña que en el 2017 las primas del obamacare, ya de por sí onerosas, crecerían en promedio 25% (8), 2) la decisión del director de FBI James Comey, a once días de la elección, de reabrir el caso de los emails de Hillary Clinton (9).

Conclusión

Si bien variables explicativas como voto económico y aprobación presidencial tendencialmente jugaron a favor de la candidatura de Hillary Clinton, posibilitando que resultara ganadora de la votación popular, simultáneamente  otras variables impulsaron las aspiraciones de Donald Trump permitiéndole constituirse en el candidato republicano más votado de la historia electoral de Estados Unidos, y principalmente, ganar la mayoría de los votos electorales. En concreto las variables que estuvieron detrás del triunfo alcanzado por el magnate fueron: 1) el discurso del candidato republicano logró convertirse en portavoz del imaginario político de un segmento importante de votantes que aspiran a detener o ralentizar los efectos de la globalización y los avances sociales y políticos de las minorías; 2) en el segundo mandato de Barack Obama surgieron en el contexto internacional o no fueron convenientemente gestionados por el mandatario procesos que son percibidos como graves  amenazas para la seguridad del ciudadano norteamericano; 3)el protagonismo que en la campaña tuvo el voto anticipado favorece a la estructura partidaria de captación de votos menos eficiente y con menor recaudación, en este caso, la republicana; 4)diversos eventos no previstos de carácter externo e interno surtieron también el efecto de llevar más caudal a los molinos de Donald Trump.

Referencias:

(1).-Diario El Universal, “Clinton supera a Trump por dos millones en el voto popular”, En http://www.eluniversal.com.mx/articulo/mundo/2016/11/23/clinton-supera-trump-por-2-millones-en-el-voto-popular

(2).- Diario Economíahoy.mx, “Clinton, una máquina de hacer dinero durante la campaña: recauda el doble que Trump”. En http://www.economiahoy.mx/internacional-eAm-mexico/noticias/7911252/10/16/Clinton-una-maquina-de-hacer-dinero-durante-la-campana-recauda-el-doble-que-Trump.html

(3) Artal, Rosa María “Los votantes de Trump” En: http://www.economiahoy.mx/internacional-eAm-mexico/noticias/7911252/10/16/Clinton-una-maquina-de-hacer-dinero-durante-la-campana-recauda-el-doble-que-Trump.html

(4) The New York Times, http://www.nytimes.com/2016/05/07/upshot/the-secretive-duo-guiding-the-delegate-count.html?_r=0

 

(5) Reforma. “Rompe Donald Trump record de voto”. En: http://www.reforma.com/aplicacioneslibre/preacceso/articulo/default.aspx?id=991166&fuente=md&urlredirect=http://www.reforma.com/aplicaciones/articulo/default.aspx?Id=991166&Fuente=MD

(6) El Universal. ”Votación anticipada genera disputa en la elección presidencial en Estados Unidos”. En http://www.eluniversal.com/internacional/estados-unidos-2012/120920/votacion-anticipada-genera-disputa-en-eleccion-presidencial-de-eeuu

(7) Telesur. “40 millones de electores ya votaron en anticipadas en EE.UU”. En http://www.telesurtv.net/news/40-millones-de-electores-ya-votaron-en-anticipadas-de-EE.UU.-20161105-0031.html

(8) Telemundo. “Tarifas del obamacare subirán 25% en promedio”. En: http://www.telemundo.com/noticias/2016/10/24/tarifas-de-obamacare-subiran-en-promedio-25-en-2017

(9) BBC. “Hillary Clinton culpa a FBI  de su derrota”. En: http://www.bbc.com/mundo/37964890

Orestes E. Díaz Rodríguez

Tulum, 25 de noviembre, 2016

 

 

 

 

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“La insoportable levedad de las variables voto económico y aprobación presidencial en la elección norteamericana de 2016”


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El peso que puede llegar a tener  variables como voto económico y aprobación presidencial en la decisión electoral ha sido estudiado y defendido por diversos autores. ¿Pero resultaron decisivas esas variables en el resultado del 8 de noviembre en los comicios presidenciales norteamericanos? Todo indica que el papel que desempeñaron esas variables  fue cuando menos ambiguo, es decir, no resultaron determinantes, pero tampoco se  puede afirmar rotundamente que no desempeñaron un rol importante. Para probar esa afirmación expondré brevemente: 1) el contenido conceptual de ambas variables; 2) cómo o a través de qué indicadores concretos se manifestaron dentro del proceso electoral norteño; 3)  por qué considero que los resultados electorales no ofrecen, en esta oportunidad, una respuesta unívoca sobre la verdadera naturaleza del impacto de las dos variables  que específicamente son objeto de nuestra atención.

El basamento de las teorías del voto económico descansa en la obra de Anthony Downs (1973). La idea fundamental de Downs es que el votante calcula el beneficio o perjuicio económico que recibió del período presidencial que concluye, es decir, la diferencia entre la renta de utilidad que recibió en el mandato que termina y la que habría percibido de haber estado la oposición en el poder. “Si es positiva, vota por el gobierno; si es negativa, vota por la oposición; si es nula, se abstiene” (Downs, 1973, 42). Dicho con otras palabras “básicamente, si el elector percibe una situación económica favorable votará por el partido en el gobierno, premiándolo; si su apreciación es desfavorable lo castigará, votando por la oposición” (Pérez Aguirre, 2015, 105).

Por su parte, “la literatura sobre las determinantes del voto coincide con que la aprobación presidencial importa para explicar el voto” (Vidal Romero, 2009, 10). En este caso “desempeño” se toma en sentido amplio, es decir, no se encuentra restringido al ámbito económico, aunque para el caso estadounidense “Stimson (2004) encuentra que la aprobación del ejecutivo responde más a desempeño económico a largo plazo que a cuestiones coyunturales” (Vidal Romero, 8). La evidencia empírica corrobora que el desempeño del presidente es buen predictor de su votación cuando busca la reelección electoral, y aunque el traslado de desempeño a voto se complica cuando el candidato del partido gobernante no es el propio presidente en turno, existe sin embargo también evidencia suficiente para afirmar que sí lo hace. De cualquier modo, conforme avanza el proceso electoral, la magnitud del impacto de la aprobación presidencial en el voto tiende a disminuir debido a que las campañas funcionan como medios para incrementar la información disponible para los votantes sobre candidatos, partidos y temas.

Con respecto a la evaluación económica del gobierno de Barack Obama algunos datos macroeconómicos clave apuntan a que el legado es relativamente favorable.  Recibió el país en recesión en 2008  (-0.3%) de parte de su predecesor George Busch (h),  logrando un crecimiento sostenido que llegó a alcanzar en el importante año previo a la elección (2015) un satisfactorio 2,6%, el nivel más alto durante su mandato de ocho años (http://www.datosmacro.com/pib/usa). Otro indicador macroeconómico de especial impacto es la tasa de desempleo, que como consecuencia de la recesión llegó a estar en 10% en 2009, siendo la actual de 4.9%. Hay que recordar que para una economía de la magnitud de la norteamericana una tasa por debajo de 7% es considerada satisfactoria. (http://es.tradingeconomics.com/united-states/unemployment-rate). Entretanto, la aprobación del mandatario en el año electoral según una encuesta de CNN/ORG fue del 55%, “cifra que marca el nivel más alto de su segundo mandato, coincidiendo con su mejor marca desde su primer año en la Casa Blanca”                          (http://cnnespanol.cnn.com/2016/10/07/obama-alcanza-un-nuevo-record-de-aprobacion/). El índice de aprobación de Obama durante la campaña electoral 2016 se encontraba casi a la par con los de Ronald Reagan en 1988, un año después (1989) ese hecho jugó a favor de que los republicanos pudieran traspasar exitosamente las riendas del poder desde el presidente en turno al candidato del partido gobernante, George Busch (p), algo que en 2016 sería intentado por los  demócratas sin que lograran el propósito.

De modo que los datos aportados corroboran que las variables analizadas debieron impactar favorablemente las opciones de la candidata del partido demócrata Hillary Clinton. Por cierto, no está de más señalar que el impacto de ciertas variables es mayor mientras su estado es más crítico (Pérez Aguirre, 107). Sin embargo, es conocido que finalmente el triunfo electoral correspondió al candidato republicano. ¿Significa ese resultado que las variables analizadas  no tuvieron un impacto relevante en el resultado de los comicios norteamericanos? Sería completamente erróneo afirmar algo así pues, sin dudas, hay que tener en cuenta para un análisis equilibrado la influencia de las reglas específicas que determinan el ganador de la contienda electoral en Estados Unidos. Sobre lo que queremos llamar la atención es que el resultado de la votación popular, donde Hillary Clinton se impuso por más de dos millones de votos sobre el candidato republicano Donald Trump (http://aristeguinoticias.com/2311/mundo/hillary-clinton-obtiene-mas-de-dos-millones-de-votos-que-donald-trump/),  revela que el estado de  las variables analizadas sí  jugó a favor de la candidatura demócrata. En cualquier otro país, Clinton hubiera sido proclamada ganadora indiscutida. En ese sentido existe una coherencia entre estado de las variables y el resultado electoral.  Sin embargo, sabemos que la votación del colegio electoral no la favoreció, lo que estaría indicando que los votos del magnate pese a ser menos se distribuyeron de una manera mucho más eficiente en la  geografía electoral norteña. Clinton pierde no porque no lograra superar a su rival en cuanto a número total de votos, sino porque  no se distribuyeron territorialmente en una forma más proporcional o eficaz que la de su adversario. Por tanto, las variables analizadas si jugaron un rol importante, incidiendo de manera favorable en  que Clinton resultara la candidata más votada, pero simultáneamente no fueron determinantes en cuanto a la regla fundamental de decisión que rige el sistema electoral norteño, que reconoce como ganador al candidato que logre la mayoría de los votos de los colegios electorales. En las elecciones estadounidenses el problema no es tanto de cantidad como de ubicación proporcional de los votos.

Conclusión

Las variables voto económico y aprobación presidencial  jugaron un papel importante en las elecciones presidenciales norteamericanas de 2016 al favorecer que la candidata demócrata alcanzara una votación popular mayor que su adversario republicano, pero al mismo tiempo no fueron capaces de garantizar que obtuviera a su vez la mayoría de  los votos electorales, debido a que la distribución territorial de los votos  fue menos proporcional y eficaz que la lograda por el candidato republicano Donald Trump.

Orestes E. Díaz Rodríguez

Tulum, noviembre 25, 2016

 

 

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“El impeachment de Donald Trump”


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El cineasta Michael Moore y el profesor  Allan Lichtman  han coincidido en que Donald Trump no culminará su mandato. Moore no necesita presentación, en cambio la figura de Lichtman emergió  aplicando un procedimiento generado por el mismo con el que ha  acertado durante 32 años en el pronóstico de quién ganará la contienda presidencial en Estados Unidos. Por cierto, Moore también predijo que Trump ganaría.  ¿Pero, hay fundamentos que sostenga esta vez la coincidencia entre el hombre del celuloide y el maestro?

Aunque el impeachment o juicio político es un procedimiento muy raro en el sistema norteamericano, sólo dos presidentes han sido juzgados, Andrew Jakson (1868) y Bill Clinton (1998-1999), Donald  Trump tiene varios “puntos de estímulos” que en un momento dado podrían jugar en su contra, teniendo presente que el impeachment  necesita de una polarización extrema entre el Congreso y el presidente, favorable al primero.

En primer lugar está la personalidad del magnate, conflictiva, temperamental, autoritaria y sobre todo impredecible, que lo empujará seguramente en más de una ocasión  a colisionar con los congresistas y el resto de las instituciones.

En segundo lugar, Trump no es un republicano de carrera, él es en realidad un outsider que aprovechó la estructura partidaria republicana para contender por la presidencia y esa empresa ha estado poblada de contradicciones y episodios de enfrentamiento entre el magnate y la elite de la organización que más de una vez le retiró su respaldo y que finalmente votó por su candidatura con la nariz tapada.

En tercer lugar, Trump designo como su Vicepresidente no a un outsider como él, sino a alguien que pertenece a la nomenklatura del partido republicano. En los buenos tiempos, ese vínculo de Mike Pence  favorece los contactos del presidente electo con los congresistas, pero en un clima de   confrontación el eventual reemplazo de Trump por Pence, mucho más respetuoso de los símbolos, la liturgia y la ortodoxia partidista puede ser visto por los republicanos como una oportunidad de tener un mandatario afín o manejable.

Por último, Trump no ganó la votación popular, ese hecho no lo inhabilita para ocupar la presidencia, pero se volverá en su contra en las horas de bajo vuelo que en algún momento podrían sobrevenir.

Por su parte el millonario  tiene a su favor el capital que significa que más de  60 millones de norteamericanos le dieron su voto. Sólo en un escenario de baja aprobación de la imagen del presidente y de alta confrontación con el ala republicana del Congreso sería el proclive para que sus propios  “correligionarios” activaran el juicio político.

Por otra parte, no veo a Trump abandonando el poder ejecutivo sin  pelear. Intentaría dañar a sus rivales y de forma importante a la credibilidad de la  propia institución. Él es en definitiva un “matón”, al menos su historia personal está escrita hasta hoy en esa dirección. Ese es un aspecto que seguramente también será sopesado si en algún momento en el estado mayor republicano   consideraran que implicaría un costo menor intentar deshacerse de él a como dé lugar.

Orestes E. Díaz Rodríguez

Tulum, 17 de noviembre de 2016

 

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CONVOCATORIA CONCURSO DE ANÁLISIS: “Lo que Donald Trump se llevó…”


analisis

Faltaba confirmar por esta vía la convocatoria que ya hice en las redes sociales. Con motivo de que “Certezas de la incertidumbre” cumple siete años en febrero de 2017  y para motivar la inclinación hacia el análisis político invito:

A todos mis alumnos y ex alumnos que deseen exponer algún ángulo de las consecuencias de los resultados de las elecciones norteamericanas para México, Estados Unidos y el mundo. Debe ser un análisis no mayor a 900 palabras. El plazo es hasta el 1 de febrero 2017. Los mejores análisis serán publicados en mi blog. Y el que considere el mejor recibirá un modesto premio en metálico de 1000 pesos mnx. Los trabajos deberán enviarlo a diazrguez@hotmail.com

Bienvenidos,

Mucha suerte,

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

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¿Nos merecemos a Donald Trump? La banalidad del ensueño


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Hace más de un año un amigo extranjero que vive en México desestimó  rotundamente las posibilidades de trascender en la política al entonces aspirante a  candidato presidencial republicano Donald Trump. Le comenté que el tipo de discurso políticamente incorrecto del magnate puede favorecer la conexión con muchas personas que en lo más íntimo piensan lo mismo, pero que no han tenido el valor de decirlo. Unos meses después Trump arrasaba en las primarias.

Días antes de comenzar la campaña entre Trump e Hillary otros amigos  consideraron imposible que Trump ganara. Todavía el día de la elección alguien subió a su red social que Clinton ganaría por 10 puntos.

En junio de 2016 preocupado por el peligro que representaba Trump fui a platicar con amigos mexicanos que tienen la doble nacionalidad, explicándoles la importancia de que esta vez se registraran y votaran en la elección norteamericana. Se rieron de mí. Dijeron que yo estaba “apanicado”.

En fin, siempre y en todas partes me encontré con la reticencia de la gente a considerar que Trump era un opción, que Trump podía ganar.   No sé si por instinto de conservación o porque simplemente pensar que podía ganar el “disparate”, perdón el magnate,  significaba que algo debía hacerse,  que cada cual debía realizar un esfuerzo y aportar un granito de arena. Cuando el 27 de Julio escribí intencionadamente en este blog “¿Por qué vamos perdiendo con Donald Trump?”, mucha gente se sorprendió y alguna hasta se enojó.

Todas esas personas eligieron protegerse en el ensueño. El ensueño es realmente cómodo, tranquiliza, uno no se preocupa y sobre todo no tiene que actuar, simplemente apuesta a que las cosas que no desea no pasarán.

El ensueño prosigue, aun ahora.  Se renueva, se reproduce a través de frases como: “¡No va a pasar nada! La división de poderes detendrá a Trump”. El ensueño siempre se las arregla para que otros hagan el trabajo en el que uno debe involucrarse a tiempo completo. Esa es la cuestión. Ese es su peligro.

Hannah Arendt describió  la banalidad del mal. Un destacado ex alumno y hoy master alertó en este blog sobre la banalidad del odio. Tan banal como el mal y el odio es el ensueño, desactiva nuestro mejor esfuerzo, liquida la capacidad de prepararnos para golpes que podemos prever, nos deja a merced de las circunstancias, nos desprotege.

Nos merecemos a Donald Trump. No lo duden ni por un segundo. Deberíamos reconocerlo todos los que hoy nos lamentamos. Es nuestra única oportunidad.  Trump es el triunfo de nuestra insoportable y además muy conveniente incredulidad. ¿Cómo va a ganar alguien así? ¿Verdad?

Orestes E. Díaz Rodríguez

Tulum, 11 de noviembre de 2016

 

 

 

 

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