Integración: ¿Por qué Europa sí y América Latina no?


La integración fallida

 

Ayer se presentó el libro “Dimensiones, estrategias y alternativas de la integración autónoma para América Latina y el Caribe”, un gigantesco esfuerzo editorial de cuatro tomos, más de 1200 páginas y casi 40 autores, coordinado por el Dr. Jaime Preciado.

Durante la velada, una certeza y una incertidumbre se apropiaron de las intervenciones de los presentadores y del público en general. La certeza tiene que ver con el pésimo momento que atraviesa la integración latinoamericana, luego del ascenso al poder de gobiernos de derecha en la mayoría de sus países. Estructuras de integración como CELAC, UNASUR, GRUPO ANDINO, ALBA, están paralizadas o sencillamente están siendo desmontadas, a favor de la proximidad con Estados Unidos y el abrazo de la doctrina Monroe y el Panamericanismo, viejos fantasmas que se creían extinguidos.

La incertidumbre, en cambio, tiene que ver con la pregunta planteada por un expositor de por qué Europa, pese a las dificultades, ha avanzado en el proceso de integración, mientras el mismo se debilita en América Latina y el Caribe.

No recuerdo que en  el evento se respondiera esa cuestión. Más bien, la incógnita, el enigma, quedó allí, indescifrable y retador.

Me parece que en el propio paralelismo que estableció el ponente entre Europa y América Latina pueden encontrarse las respuestas. No es una causa, sino varias.

La integración europea tuvo por pilar un acuerdo entre sus países con respecto a la producción del carbón y el acero. Ese fue el punto de partida que luego se extendió gradualmente hacia otras áreas. En América Latina y el Caribe no ha existido y no ha sido identificado el pilar económico de partida de una eventual integración.

La integración europea es resultado del propósito consciente de sus líderes de evitar una nueva confrontación bélica que involucre a la mayoría de los estados de la región. En América Latina jamás tuvimos una experiencia “fundadora” de ese tipo. El continente no ha sido epicentro de dos guerras mundiales, ni de enfrentamiento bélico generalizado entre sus países, por lo que carecemos de ese incentivo “especial” que tienen los europeos.

La integración europea no le ha jugado en contra la presencia de una superpotencia con capacidad de sabotear los propósitos integracionistas. En América Latina sí, aquí hay que lidiar con la activa oposición de Estados Unidos a la consumación de ese proyecto.

Los líderes latinoamericanos que entre 2000 y 2015 lideraron los esfuerzos de integración latinoamericana pecaron de ingenuidad. Jamás consideraron que las circunstancias en que se desenvolvían eran coyunturales y que ellos mismos podían ser barridos o removidos por otras fuerzas y procesos. Como consecuencia, los tiempos de la integración fueron lentos y no se preocuparon por crear mecanismos que contribuyeran a blindar la integración una vez llegadas las condiciones adversas.

La integración europea tiene como motores a dos países económicamente potentes y estables como son Alemania y Francia. Ambos países resultan clave para impulsar el proceso y enfrentar las adversidades. En América Latina y el Caribe, no existen países que podrían jugar ese importante rol. Brasil, el mayor candidato, cíclicamente se hunde en fortísimas crisis internas. México está absorbido por su relación con Estados Unidos y Canadá. Argentina es tan inestable como Brasil. Venezuela y Cuba, con regímenes políticos dictatoriales, de ninguna manera pueden ser epicentros de un movimiento integrador, pues un movimiento hacia la independencia no tiene futuro si es encabezado por quienes hacia el interior de sus países imponen reglas de juego basadas en el ordeno y mando y la represión de otras preferencias políticas.

Por último, la integración europea ha sido impulsada también por el temor a la supuesta amenaza rusa. Una Europa unida es capaz de poder enfrentar cualquier reto bélico que venga desde el Este. El miedo ha actuado allí como un catalizador adicional de la unión. En cambio, en América Latina, ese factor no tiene la claridad debida. Estados Unidos que por su historial de intervenciones en la región y de dominio en las decisiones políticas de los países latinoamericanos pudiera muy bien “desempeñar” ese rol, la realidad es que no es visto como una amenaza por una parte importante del liderazgo continental. Si bien, la izquierda no alberga dudas acerca de la amenaza que representa Estados Unidos con respecto al propósito de tener una América Latina integrada e independiente, la derecha no comparte, en absoluto, esa visión. Al contrario, Estados Unidos, es un benefactor, un aliado, incluso u padre protector con el que conviene tener las mejores relaciones, aunque las mismas sean relaciones de dominación.

La integración ha demostrado ser un proceso complejo y zigzagueante que atraviesa por innumerables etapas. Para América Latina, la actual, es una etapa de aprendizaje.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, 9 de mayo de 2019

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“Certezas de la Incertidumbre”: El futuro de Futuro


Jordi Colaboración especial de Jordi Alexandro Torres Veras*

      Futuro

 

El pasado 3 de marzo de 2019 el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana (IEPC), avaló diez de las 17 solicitudes que presentaron diversas organizaciones ciudadanas para convertirse en partidos políticos locales. Entre los trámites autorizados se encuentra el de la asociación civil conocida como Somos un Bosque, que busca transformar a Wikipolítica Jalisco en un partido político denominado como Futuro.

Así pues, podemos deducir que el proyecto aún es viable. Sin embargo, aún quedan dos cuestiones fundamentales por resolver: ¿Qué otros requisitos deben de cumplirse para formalizar la creación del partido? y ¿Qué nos traerá el porvenir de Futuro?

Comencemos con las condiciones que por ley aún deben de cumplir:

  1. Celebrar asambleas en 84 de los 125 municipios del Estado, o bien, en por lo menos 14 de los 20 distritos electorales.
  2. Presentar su declaración de principios, su programa de acción y sus estatutos.
  3. Tener como mínimo un 0.26% de afiliados que estén registrados en el padrón electoral de Jalisco.

Todo lo anterior demuestra que todavía queda un largo camino por recorrer, pero si somos optimistas debemos de reconocer que ninguna de las cláusulas es irrealizable. Claro que la consolidación será ardua y exigente, aunque en anteriores ocasiones los integrantes de esta organización han demostrado que son capaces de conseguir empresas laboriosas –un ejemplo de ello es cuando recolectaron 135 mil firmas para hacer posible la candidatura al Senado de la República de Pedro Kumamoto–. Cabe mencionar que con base en la capacidad de convencimiento que tienen los miembros de esta asociación –argumento que se fundamenta en la cantidad de firmas y de votos que han sido capaces de reunir en los dos procesos electorales pasados–, es muy probable que consigan afiliar al partido, al menos, a 15,559 ciudadanos. Cumpliendo así con el requisito anteriormente mencionado.

Por otra parte, para el porvenir del partido diviso cuatro escenarios posibles:

  1. El deseable o utópico: Futuro se consolida como un partido político con una estructura firme y con la facultad de tener presencia política en todo el territorio de Jalisco. Asimismo, se establece una declaración de principios reales que se cumplen cotidianamente por todos o la mayoría de sus integrantes.
  2. El mutilado: Futuro proclama un extenso catálogo de principios y valores, pero su estructura partidista es débil o inexistente. Este hecho produce que el partido tenga una presencia efectiva sólo a nivel metropolitano y que su capacidad política sea mínima.
  3. El tradicional: Futuro cuenta con una estructura extremadamente sólida y que le asegura un poder político a lo largo y ancho de toda nuestra entidad federativa. No obstante, los intereses que persiguen sus miembros son más privados que públicos, por lo que su declaración de principios es meramente nominal.
  4. El naufragado: Futuro se va a pique por no contar con alguna estructura y por no establecer fundamentos normativos.

 

Referencias:

El IEPC “palomea” 10 organizaciones que aspiran a ser partidos políticos (3 de marzo de 2019). El Informador. Recuperado de: https://www.informador.mx/jalisco/El-IEPC-palomea-10-organizaciones-que-aspiran-a-ser-partidos-politicos-20190303-0007.html

Como Kumamoto, otros 16 buscan formar partido (2 de febrero de 2019). El Informador. Recuperado de https://www.informador.mx/jalisco/Como-Kumamoto-otros-16-buscan-formar-partido-20190202-0009.html

 

Partida, Juan Carlos (4 de febrero de 2019). En Jalisco, 17 organizaciones quieren ser partido político. La Jornada. Recuperado de https://www.jornada.com.mx/ultimas/2019/02/04/en-jalisco-17-organizaciones-quieren-ser-partido-politico-3462.html

Pérez Vega, Ignacio (21 de enero de 2018). Kumamoto agradeció a 2 mil 600 voluntarios por reunir 135 mil firmas para ser candidato al Senado. Canal 44. Recuperado de http://udgtv.com/noticias/jalisco/kumamoto-agradecio-2-mil-600-voluntarios-reunir-135-mil-firmas-candidato-al-senado/

  • Actualmente es estudiante del Iteso.

 

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“Certezas de la Incertidumbre”: Bosque o Arena


 

Colaboración especial de Valeria F. Espinoza Hernández* 

Valeria     La barranca

Las zonas próximas al área natural protegida de la Barranca de Huentitán, han sido acechadas por los megaproyectos desde hace mucho tiempo. La Barranca es un lugar simbólico para la comunidad tapatía, además de un corredor biogeográfico que alberga diversos tipos de vegetación (algunos endémicos) y de fauna. Recientemente se licitó para que el área de Huentitán el Bajo sea sede de la Arena Guadalajara, justo en el último anillo de protección del área natural. ¿De qué manera el gobierno actual está buscando realmente proteger esta área?

La Arena Guadalajara constará de un centro de espectáculos que se construirá en el terreno del antiguo Planetario “Severo Díaz”, con capacidad de hasta 20 mil personas, más de 700 autos, y se dice que eventualmente albergará las Fiestas de Octubre. Claro que el terreno se debe explotar, equipar y preparar para semejante proyecto. El asunto fue visibilizado y retomado por la sociedad tapatía a raíz de la tala (autorizada por el Ayuntamiento de Guadalajara) de más de 250 árboles, y la consecuente destrucción del hábitat de la fauna local. Vecinos de la zona denunciaron el hecho, nombrándolo como un ecocidio.

Y es que a pesar de que una de las promesas de campaña del actual gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, fue “parar la tala clandestina en los bosques de Jalisco”, no se contempló ni la zona de Huentitán, ni la tala “legal” que favorece los megaproyectos de injerencia privada. La Arena Guadalajara cuenta con acciones de Guillermo Salinas Pliego, y se establece que el gobierno del estado no invertirá en la construcción.

En cuanto a la tala autorizada por el Ayuntamiento, la justificación fue que se trataban de árboles muertos o en mal estado. En realidad sólo 29 estaban muertos, y el resto estaban en condiciones aptas, según el registro de asociaciones vecinales. Aunado a la tala, se realizó un incendió en la zona de manera autorizada, pero incumpliendo con distintos reglamentos y dictámenes estatales.

Por otra parte, tanto el gobierno estatal como la empresa privada en cuestión, aseguran que se realizará una posterior reforestación, contemplada en el proyecto. Sin embargo, recordemos el caso del municipio de Zapopan. El trienio pasado se llevó a cabo una reforestación con un millón de ejemplares plantados, y que hoy en día no se tienen registros de dónde fueron plantados, mucho menos se les dio un seguimiento ni mantenimiento, reduciendo la esperanza de vida a la mitad. ¿La reforestación, en la forma que la concibe y ejecuta tradicionalmente el gobierno, puede revertir el daño que se le han hecho a los territorios arbolados naturalmente?

En el 2018, la colonia de Arboledas del Sur fue testigo de un caso similar. Un conflicto en donde una comunidad indígena y vecinos de la zona se movilizaron con amparos y diversos eventos. El motivo fue que 2.5 hectáreas de bosque urbano serían destinadas a un proyecto inmobiliario, con autorización del Ayuntamiento de Guadalajara, la cual se había gestionado desde el 2001. Las resoluciones finales fueron detener la tala y destrucción del bosque, e invertir en infraestructura dentro de este (iluminación, baños públicos, pista de trote, entre otras cosas), así como supuesta reforestación.

Vecinos de Huentitán el Bajo han presentado varios amparos, realizado plantones y recolectado firmas en contra de la construcción de la Arena Guadalajara y todo lo que conlleva. Empero, las licitaciones y planes de inversión privada en la Barranca existen desde administraciones pasadas, por lo que puede que el proyecto siga en pie: tal cual como se está llevando a cabo, pese al rechazo social, daño ambiental, e incumplimiento de las normas; o puede que se llegue a un acuerdo entre sociedad civil, empresa privada, y gobierno; o una tercera opción, en donde se llega a un acuerdo, pero a la hora de la hora, desvergonzadamente, no se actúa conforme lo acordado, y no sería ni la primera ni la última vez que se vive un caso similar. Aunque también está la posibilidad de que se encuentre otro terreno (que, como se dice en México, esté bueno, bonito y barato) para la construcción e inversión en un megaproyecto de esta magnitud.

  • Actualmente, estudiante del Iteso.
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¿Puede México derivar hacia una polarización como la venezolana?


chile poblano

 

Los países que tienen instituciones débiles, una ciudadanía poco activa y bajo rendimiento de la democracia liberal siempre corren importantes riesgos con sus gobiernos, con independencia de la afinidad ideológica de sus mandatarios.

¿Cuáles amenazas acechaban, por ejemplo, a México, cuando sus gobiernos fueron liderados por los partidos tradicionales PRI, PAN o incluso PRD?

Que la deficiente gestión de sus líderes vaciaran de contenido a la democracia hasta el punto que pueda hablarse de democracia estancada o fallida. Los vicios de esos gobiernos, corrupción, impunidad, desatención de la pobreza y la desigualdad social, incompetencia y desidia para combatir el crimen, fraudes o manipulaciones electorales, enriquecimiento inexplicable de los gobernantes, debilitamiento persistente del estado de derecho y opacidad, pusieron en tela de juicio la viabilidad de la democracia en el país y crearon las condiciones propicias para el ascenso al poder de fuerzas políticas emergentes que, al menos en su origen, sus líderes no tenían un claro compromiso con las reglas de juego de la democracia liberal ni tampoco un distanciamiento diáfano con regímenes autoritarios foráneos.

Las amenazas que acechaban a México a partir del liderazgo de los partidos tradicionales no pudieron ser evitadas, al contrario se consumaron.

¿Cuál es el riesgo que corre México con el actual gobierno?

La posibilidad de una deriva autoritaria en el mediano plazo y de una acentuación de la crispación y la polarización política no se puede de ninguna manera descartar. Ese riesgo va a estar presente y debe asumirse si queremos realmente contrarrestarlo. Seguimos teniendo instituciones débiles, ciudadanía poco activa y bajas prestaciones por parte del régimen.

Si no fue posible evitar los riesgos asociados a la gestión de los partidos tradicionales, por qué deberían descartarse de plano los riesgos asociados con la gestión de fuerzas políticas emergentes.

La pregunta es, cuáles serían los indicios que alertarían de que podríamos estarnos moviendo en la dirección de una eventual deriva autoritaria.

  • Una actitud complaciente en política exterior con los regímenes autoritarios.
  • Un interés en controlar de forma hegemónica las dos cámaras legislativas en lugar de buscar consensos y fomentar el diálogo y la negociación.
  • Un interés en ubicar en el poder judicial y especialmente en la Suprema Corte de Justicia a personas allegadas al poder ejecutivo.
  • Un crecimiento exacerbado de la base clientelar como resultado de la aplicación de políticas sociales que creen una dependencia permanente de una parte de los ciudadanos con respecto a recursos asignados por el gobierno.
  • Una participación excesiva de los militares en asuntos de gestión pública que generalmente son de competencia civil
  • Creación de un brazo armado de inteligencia policial, de una policía política.
  • Fomento de lazos de colaboración y asesoría militar con regímenes autoritarios.
  • Recurrente inhabilitación judicial o encarcelamiento de líderes de la oposición.
  • Introducción de reformas constitucionales que faciliten la reelección indefinida en los cargos de elección popular.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, 25 de marzo de 2019

 

 

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“Implicaciones de la crisis venezolana para México”


Maduro y Cabello

La primera y más importante implicación que tuvo para México  la crisis actual de Venezuela fue  que contribuyó a crear un foco de tensión en la relación con su referente comercial más importante, Estados Unidos.

El nuevo gobierno mexicano se propuso mejorar las relaciones con la administración Trump, después de que durante el gobierno de Peña Nieto, el mandatario norteño mantuvo un discurso descalificador sobre los mexicanos. En apariencia, el propósito del gobierno entrante en México se fue cumpliendo, debido a la legitimidad que dio a López Obrador su triunfo arrollador en las elecciones presidenciales, a los altos niveles de popularidad que exhibe su gestión, pero, sobre todo, a la conversión de México en centro de acogida de los migrantes centroamericanos que en caravanas tienen por destino Estados Unidos. Ni que decir que el gobierno norteamericano está complacido con la función que México ha asumido en la crisis con la migración centroamericana.

Pero cuando estalló la crisis venezolana en enero de 2019, ambos países tomaron posturas diametralmente opuestas. Estados Unidos, reconoció de inmediato a Juan Guaidó como presidente encargado y puso todas las opciones para el cambio de régimen sobre la mesa. México, en cambio, mantuvo el reconocimiento de Maduro y abogó por una solución negociada entre las partes en pugna, oponiéndose incluso a que la comunidad internacional pudiera exigir a Nicolás Maduro una convocatoria de elecciones como forma de solución del conflicto.

 La diferencia de posturas crispó las relaciones entre ambos países. La mayoría de los países latinoamericanos, integrados al Grupo de Lima, asumieron una posición cercana a la de Estados Unidos abogando por la convocatoria de elecciones presidenciales y la salida inmediata del poder de Maduro.

Las autoridades de Estados Unidos y los líderes de la oposición venezolana, mostraron su desaprobación por los esfuerzos de México y Uruguay por generar una mediación entre las partes en conflicto. Llegaron a plantear que sugerir una mediación era ponerse del lado del régimen. Por consiguiente, mientras Estados Unido, apostaba todo su capital diplomático a un colapso del régimen y una rápida salida de Maduro del poder, México, de conjunto con Uruguay, bloqueaba esos esfuerzos con su apuesta por la mediación.

Sin embargo, después que la ayuda humanitaria no pudo atravesar la frontera venezolana, el Grupo de Lima abandonó la postura radical en el conflicto y abogó por una solución negociada de la crisis. El cambio fue favorable para México, debido a que ya no quedó enfrentado frontalmente con  Estados Unidos.

La opción militar en estos momentos parece más lejana que en febrero del año en curso. Sin embargo, si  Estados Unidos decidiera asumirla, ello podría provocar una tensión y un enfriamiento de la relación entre Estados Unidos y México. Ambos países asumirían posturas diametralmente opuestas ante el conflicto. México condenando o no respaldando la intervención y Estados Unidos acometiéndola y justificándola. Seguramente, la administración Trump tomaría represalias. Por tanto, mientras más cerca se encuentra la opción militar en Venezuela, más próximo también nos encontramos de un posible enfriamiento y retroceso en la relación entre Estados Unidos y México.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, 25 de marzo de 2019

 

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¿Por qué estalló la crisis venezolana y cuáles escenarios podrían sobrevenir?


Los líderes chino y estadounidense

 

Todo texto que tenga la intención más o menos deliberada de ofrecer como producto un análisis debe, cuando menos, contestar dos preguntas sobre el acontecimiento objeto de atención: por qué está teniendo lugar este evento precisamente ahora y cuál podría ser su dinámica o consecuencias en el corto y mediano plazo.

Siendo así las cosas, la pregunta primaria y obligada es, ¿por qué estalló justamente en enero de 2019 la actual crisis venezolana?

Mi respuesta es porque Washington decidió apostar todas las cartas para un cambio de régimen en Venezuela. Las crisis internas han sido cíclicas desde que asumió Maduro. Prácticamente, todos los años, en Venezuela, se registraron período de grandes confrontaciones que dejaron centenares de muertos y heridos. Pero en ninguna de ellas, Washington decidió apostar tan fuerte como para desconocer al gobierno de Maduro, reconocer a un presidente autoproclamado, congelar los activos e ingresos de la joya de PDVSA y el régimen en Estados Unidos (Citgo), encabezar una coalición internacional de sesenta países y poner la intervención militar como una opción que está sobre la mesa.

La pregunta correcta es por tanto, ¿por qué Washington decidió apostar por un cambio de régimen en Venezuela, justo, a inicios de 2019?

Dos hipótesis para mí son las de mayor poder explicativo:

Washington decidió poner un freno al crecimiento de China y para ello una de las vías que emplea es bloquearle el control sobre las cuantiosas reservas de hidrocarburo venezolano. El objetivo más importante sería China, cuyo crecimiento y expansión comienza a ser visto como una amenaza tanto por el liderazgo de Estados Unidos como por el de la Unión Europea.  La tesis la manejó el expresidente José Mujica en una entrevista con BBC.

El cambio de régimen en Venezuela formaría parte también del propósito de liberar a América Latina de la influencia comunista que pasa además por derrocar a los regímenes de La Habana y Nicaragua. Estados Unidos lo ve como una meta factible y el resultado, de obtenerse, favorecería las aspiraciones de Trump de reelegirse en noviembre de 2020.

¿Cuáles escenarios se derivan a partir del propósito de Estados Unidos de cambiar el régimen político en Venezuela?

Escenario 1 “Intervención”

La intervención militar de Estados Unidos para provocar el cambio de régimen político. De hecho, las invasiones extranjeras, a menudo constituyen la vía más ágil para ese propósito, teniendo en cuenta que la adaptabilidad es la característica más importante de los sistemas políticos. La intervención podría involucrar a Colombia de forma activa, podría ser breve o prolongarse y en el segundo caso, podría dar lugar a una partición del territorio en una parte controlada por el chavismo y otra por la oposición y a una guerra civil. Mientras mayor apoyo tenga el régimen de sus aliados principales (Rusia, China y Cuba) mayor es la posibilidad de que la operación no sea breve y tenga un costo elevado de vidas.

Escenario 2 “Agonía”

Dada la fortaleza de la presión internacional, de las medidas de embargo  financiero decretadas por Estados Unidos y la propia fragilidad económica del país, el régimen tiene una relativamente larga agonía que lo lleva a sobrevivir a través de una economía de guerra apostando a que en 2020 Trump no sea reelecto. A fin de cuentas su socio del Caribe hizo de esa estrategia un modo de vida y ahí sigue. Agonía sin colapso definitivo.

Escenario 3 “Implosión”

La agravación de todas las penurias como resultado de la presión y el embargo internacional incentiva finalmente a que se produzca una división dentro del Ejército o dentro del propio liderazgo político y el régimen colapsa.

Escenario 4 “Negociación”

Las partes involucradas, oposición y gobierno, se convencen de que ninguna de las dos se encuentra en condiciones de vencer sobre la otra y no queda otra salida que negociar una transición para evitar un mal mayor, en la que si bien el chavismo puede aceptar una competencia equitativa por el poder ejecutivo que lo lleve a entregarlo, sin embargo, Maduro, su entorno y la jerarquía militar conservan determinados privilegios políticos y financieros. Justamente, el jueves 21 de marzo el diario El Universal, de Venezuela, publicó un análisis en el que el autor destaca que una parte de la oposición considera que el propósito de sacar a Maduro de manera ágil ya fracasó y que se impone ahora pensar en la forma de negociar su salida.

 

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, marzo 25 de 2019

Publicado el 9 de abril en diario NTR

https://www.ntrguadalajara.com/post.php?id_nota=123361

 

 

 

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¿Se debilita la apuesta por la intervención militar en Venezuela?


Mesa redonda Universidad América Latina

 

El pasado viernes 22 de marzo, en la mesa redonda sobre la situación en Venezuela, celebrada en la Universidad América Latina, destaqué que la intervención militar directa en ese país, sin descartarse, va perdiendo fuerza.

Mis argumentos son las siguientes:

El Grupo de Lima, una coalición que integra a los principales países de la región, que al inicio del conflicto parecía dispuesto a todo, al comprobar que el gobierno de Maduro controla el territorio y que el ejército no lo abandonó, declaró que la solución de la crisis tiene que ser política y negociada. Por tanto, eso deja prácticamente a Estados Unidos solo en caso de que apueste por una aventura militar. Sólo sus tropas y quizás las colombianas más alguna otra isla caribeña que no puede descartarse, formarían parte del cuerpo interventor. Quedaría como una acción unilateral.

En caso de que Estados Unidos decida intervenir para cambiar un régimen que le resulta incómodo en América Latina, propiciaría que Rusia y China pudieran comportarse de forma similar en sus zonas de influencia. Estoy pensando que tanto Bielorrusia como Taiwán estarían bajo una mayor amenaza, por parte de rusos y chinos. Por tanto, la decisión también tendría consecuencias geopolíticas indeseadas para Estados Unidos.

Por último, la oposición venezolana no se encuentra armada. El peso o casi la totalidad de la confrontación la llevarían los propios marines.

Sin embargo, hoy lunes 25 de marzo, varias fuentes han destacado que dos aviones rusos desembarcaron a más de 100 militares rusos y que Caracas ha sido protegida con un anillo de misiles rusos. Significa, entonces que para Rusia, la intervención militar de Estados Unidos es inminente o se trata de un movimiento de disuasión, es decir, cumple el propósito de hacer ver al enemigo que los costos de una intervención podrían ser suficientemente altos y por tanto, es más recomendable ver otras opciones.

Es posible que la maniobra de Rusia tenga que ver con los dos escenarios. Primero, no dejarse sorprender ante una eventual intervención y segundo, enviar el mensaje a Estados Unidos de que está dispuesto a echar pie en tierra con su aliado y que la aventura militar no será precisamente un paseo.

En ambos casos la noticia no contradice el punto de que la opción militar se está debilitando, pues el arribo al terreno de militares, aviones de combate y cohetería rusa a lo que apunta es que los costos de una eventual intervención militar son ahora más elevados que cuando estalló la crisis.

Orestes Enrique Díaz Rodríguez

Tulum, marzo 25 de 2019

 

 

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